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Los ladrones de huesos humanos reaparecen en India

La policía arresta cerca de la frontera de Bangladés a ocho miembros de una red internacional de tráfico de restos de esqueletos y cadáveres

Varios restos humanos decomisados por las autoridades en el distrito de Bardhaman, en abril de 2007.
Varios restos humanos decomisados por las autoridades en el distrito de Bardhaman, en abril de 2007.

Las autoridades indias han destapado una supuesta red de contrabando que traficaba con cadáveres humanos en una población del distrito de Bardhaman, ubicada en el Estado de Bengala Occidental (al este del país), próximo a la frontera con Bangladés. Durante la investigación, en la que fueron arrestadas ocho personas, también se han recuperado 18 esqueletos en buen estado de conservación y otros restos óseos. La policía cree que todos ellos provienen de grandes robos llevados a cabo en varios cementerios de la misma zona. “Nos hemos encontrado los esqueletos cuidadosamente lavados y limpios. Sospechamos que forman parte de una red internacional de tráfico de cadáveres debido a que también se hallaron varios productos químicos”, explicó el responsable del caso, Anuj Sharma, la semana pasada.

India llegó a ser, antes del cambio legislativo, el primer país a escala mundial en nutrir de esqueletos humanos a los laboratorios, hospitales e instituciones médicas

Sharma aclaró que el material incautado formaba parte de una remesa mayor que “iba a ser enviada fuera del distrito donde se produjo el robo”. Los investigadores han identificado a qué destinatarios correspondían los restos sustraídos y dudan ahora si pertenecían a camposantos que se encuentran en barrios musulmanes de la localidad. Hace una década, la paz en el vecindario se vio alterada por culpa de la seguridad de las tumbas después de que la policía incautara más de una veintena de esqueletos humanos. Tras el incidente, los vecinos exigieron que se protegieran estos lugares mediante guardias armados.

El trasfondo del problema del tráfico de cadáveres viene de lejos en India. Sin ir más lejos, el año pasado se rescataron otros 50 esqueletos en el mismo distrito. La legislación del país asiático prohíbe desde 1985 cualquier intercambio comercial con huesos humanos. Antes de la restricción, muchas familias pobres se veían obligadas a vender los cadáveres de sus familiares a los traficantes para ahorrarse los gastos de la cremación o los costes del enterramiento, en una región fuertemente azotada por la pobreza. Después, las bandas organizadas locales sustraían los cuerpos —muchos de ellos no eran reclamadas por las morgues— y los vendían por poco más de 200 rupias, al cambio actual, apenas suponen 3 euros.

La prohibición se aprobó gracias a la presión ejercida por los grupos de derechos humanos al argumentar que se violaban “los principios elementales humanitarios”. India llegó a ser, antes del cambio legislativo, el primer país a escala mundial en nutrir de esqueletos a los laboratorios, hospitales e instituciones médicas. Después de la prohibición, surgieron grupos que operaban en la clandestinidad traficando con cadáveres.

En la actualidad, las zonas del este de India son las más afectadas por el tráfico ilegal de este tipo de restos convirtiéndose, con el paso de los años, en una próspera industria. Más de 200 esqueletos humanos han salido del país cada año a lugares como Nepal, Bangladés o China. Algunos de ellos son utilizados en la producción de drogas afrodisiacas o rituales hindúes de magia negra.

El negocio clandestino de cadáveres no cesa en un país con más de 1.200 millones de habitantes. Se calcula que se han recuperado miles de restos óseos en algunos estados de India, como Jharkhand o Bihar. En este último, la policía encontró cerca de 1.000 esqueletos en las riberas del río Falgu a su paso por una antigua aldea budista de la ciudad de Bodhgaya, en 2004. 

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