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Londres 2005-2017: la doble sacudida de los atentados

La capital británica descubrió hace casi 12 años que británicos de nacimiento eran capaces de perpetrar grandes matanzas contra sus compatriotas

La calle que conduce al Parlamento británico seguía cerrada este jueves.
La calle que conduce al Parlamento británico seguía cerrada este jueves. AFP

Londres sufrió dos sacudidas terribles en julio de 2005: la primera cuando cuatro suicidas asesinaron a 56 personas en el sistema de transporte público de la capital británica. La segunda, cuando se descubrió que tres de los cuatro terroristas habían nacido y crecido en Beeston, un barrio obrero de Leeds, una de las principales ciudades industriales del norte del país. Los atentados contra Londres tuvieron lugar en la mañana del 7 de julio. Justo una semana después, tras pasar varios días analizando las imágenes de las cámaras urbanas de seguridad, la policía siguió el rastro de los yihadistas hasta aquel barrio, que parecía sacado de una película de Ken Loach.

"Es imposible describir lo que sentimos. Seguramente nuestra familia ya no tenga futuro aquí. ¿Cómo nos van a respetar en la comunidad? No sabemos lo que vamos a hacer", declaró entonces el tío de uno de los suicidas a un grupo de periodistas internacionales, que durante varios días invadieron aquel suburbio, en el que vivían entonces unas 16.000 personas y se hablaban 20 lenguas diferentes. "No me lo puedo creer, alguien tiene que haber teledirigido sus movimientos. Amaba su comunidad y amaba su país. Se sentía muy cercano a su madre y a su padre. Ahora estamos todos destrozados, nuestras vidas se han roto. No es fácil aceptar que algo tan terrible haya ocurrido en tu familia", prosiguió aquel hombre, extremadamente educado.

El shock de aquel familiar era, en cierta medida, el de todo un país, el mismo que sufre desde ayer Reino Unido después del asesinato de tres personas en el corazón político de Londres por Khalid Masood, nacido hace 52 años en el condado de Kent, sin antecedentes por terrorismo pero sí por delitos comunes. La matanza ha sido asumida por el Estado Islámico (ISIS). El mundo ya había sufrido los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington y los del 11 de marzo de 2004 contra Madrid —que sigue siendo hasta ahora los más sangrientos que ha padecido Europa—. El ataque contra Londres siguió un patrón parecido: varias explosiones simultáneas en la red de transporte público, tres en el metro y una en un autobús. El único objetivo era hacer daño, dejando la muerte al azar. Pero la diferencia es que los autores se habían fanatizado sobre el terreno, eran descendientes de inmigrantes que habían llegado buscando trabajo medio siglo antes.

El jefe del comando era Mohamed Sidique Khan, de 30 años. Había nacido en Leeds, era el mayor del grupo, acaba de tener un niño y trabajaba en una escuela. Shehzad Tanweer, de 22 años, vivía con sus padres y trabajaba el Fish and chips de su familia. Pertenecía a una de las familias más acomodadas del barrio. Hasib Mir Hussain, de 18 años, también vivía con sus padres. Asesinó a 13 personas en Tavistok Square, pese a que acababa de cumplir la mayoría de edad. El único que no provenía de aquel barrio de Leeds era Germaine Lindsay. También era el único que había nacido fuera del Reino Unido, en Jamaica. Tenía 19 años y su mujer estaba embarazada.

"Nunca conoceremos sus motivos porque sólo ellos tienen la respuesta. Por eso esta comunidad se encuentra conmocionada", afirmó entonces el ministro británico de Desarrollo Internacional, Hilary Benn, diputado laborista por este distrito de Leeds, que pasó varios días en las calles de Beeston hablando con las familias. "¿Qué lleva a alguien a llenar una mochila de explosivos, viajar hasta Londres con ella y matarse y matar a muchas personas haciéndola explotar en el metro? Para hacer algo así tienes que tener una mirada sobre el mundo que soy incapaz de entender".

Todo eso ocurrió antes del ISIS, pero cuando Europa ya había descubierto que tenía un creciente problema de radicalización, que se centraba sobre todo en la segunda y tercera generación. Una década después, tras los atentados de París y Bruselas, las preguntas que resonaban entonces en las calles de Beeston siguen sin respuesta. ¿Qué lleva a alguien a cometer esa atrocidad? ¿Cuáles son los mecanismos de la radicalización?