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Totti no se discute

'Making of' de la entrevista a Mario Draghi, jefe del BCE

Francesco Totti, en primer término, en una imagen de archivo.
Francesco Totti, en primer término, en una imagen de archivo. REUTERS

Miércoles, 23 de noviembre. Siete y media de la mañana. Xavier Vidal-Folch, tocado con un elegante Stetson, y el arriba firmante discuten en una cafetería de Fráncfort la mejor forma de abrir fuego en la entrevista a Mario Draghi, el principal responsable de que el edificio del euro no saltara en pedazos hace no mucho. A dos pasos se divisa la sede del BCE, un cruce entre el Hogwarts de Harry Potter, la Estrella de la Muerte y el despacho de Scrooge en el Cuento de Navidad de Dickens. La crisis financiera de 2008 mutó en crisis económica, en crisis de deuda y es ya una crisis eminentemente política: exige una entrevista eminentemente política. Se impone, por consenso, arrancar con un directo al mentón: “¿Está Europa en peligro?”. La idea es que la conversación tenga un aire muy político y se aleje lo más posible –al menos durante un buen rato– de las discusiones sobre política monetaria, que suelen sonar a teología de tercera con un ligero toque cómico. Draghi, exquisito técnicamente en asuntos económicos y financieros, encaja y pega desde la primera respuesta: demuestra un instinto político formidable.

No deja de ser curioso que un tecnócrata –con pasado en Goldman Sachs, para más inri– haya tenido que venir a sacarnos las castañas del fuego a los europeos cuando iban maldadas en los mercados; ahora que acechan viejos fantasmas en las procelosas aguas de la política, Draghi sabe ponerse también ese sombrero y demuestra verlo claro y distinto. A lo largo de la entrevista hablará de los riesgos políticos que todo lo envuelven, de los próximos pasos de sus medidas extraordinarias, de los sempiternos problemas del sistema financiero –especialmente en su país, sobre el que hace continuas referencias implícitas–, de España y su recuperación que no ha eliminado las vulnerabilidades. Draghi es afable, cortés, buen conversador. Y un apasionado del fútbol: ¿Totti o Giannini? Le preguntamos en un receso, antes de hacer un par de cuestiones finales ante la cámara para una pieza de vídeo que desgraciadamente nunca verá la luz. Romanista confeso, lector asiduo del Corriere dello Sport, el banquero central de Europa no esconde sus preferencias: “¿Il capitano o Il Principe? Ah, Giannini, qué jugador. Pero Totti es otro nivel. El mejor de su generación. Quizá el mejor de siempre en la Roma. Un talento único”. “¡Y un filósofo!”, exclama entre risas.

Mario Draghi.
Mario Draghi. REUTERS

A sus 40 años, Totti sigue en activo. Juega poco, pero cuando salta al campo sigue siendo uno de esos jugadores capaces de inventarse un instante sublime, una visión fugaz de lo imposible. Enric González explicaba en una crónica impagable por qué Draghi le considera, además, una especie de filósofo (“¿Carpe diem? Lo siento, no hablo inglés”, “¿Shakespeare? Sí, claro que lo he leído, pero ahora no recuerdo el nombre del autor”). Sus dos libros con chistes sobre sí mismo han sido un fenómeno en Italia: Totti completa un puzle en cuatro meses, ve que en la caja pone “de dos a tres años” y exclama: “¡Soy un genio!”. Draghi se despedirá con un apretón de manos y otra referencia futbolística: “¿Ustedes son catalanes? Ah, Messi, qué nivel”.

Camino de Londres, Roma y Madrid, el presidente del BCE reaparecerá el próximo jueves en Fráncfort para desvelar la decisión del Eurobanco sobre el QE, el programa multimillonario de compras de activos. El QE consiste en imprimir billetes como si al dinero le faltara poco para pasar de moda; es una política que un banco central con sede en Alemania solo utilizaría después de haber gastado hasta el fregadero de la cocina, según la feliz definición de John Lanchester. Por seguir con el símil futbolístico, es una jugada a la desesperada, pero no un patadón hacia arriba sino una filigrana para empatar una final que está a punto de acabar. Draghi, tottista confeso, lleva meses sorteando a los miguelis de la ortodoxia en Berlín con ese programa que ha metido al BCE, por fin, entre los grandes bancos centrales del mundo. La crisis sigue ahí, la banca tiene problemas, Europa tiene un empacho de deuda y desempleo, pero es más que posible que sin el QE –y alguna otra de las jugadas de Draghi– el partido estuviera mucho más cuesta arriba desde hace tiempo.

No está claro cuando se va a retirar Totti: tiene contrato hasta junio. No tiene sustituto, pero de momento este año la Roma pelea en lo más alto de la tabla con el mismo fútbol alegre de siempre, casi contracultural en Italia. En Fráncfort, Draghi tiene fecha de caducidad: se irá en noviembre de 2019. Para entonces habrá que ver si Europa quiere jugar al catenaccio o prefiere a otro trescuartista con talento, a un fantasista; a otro Mario Draghi. Paradójico que bajo su tutela un organismo no elegido ("ademocrático") haya sido capaz de cambiar su estrategia y tomado la delantera a los gobiernos nacionales y a la Comisión Europea en su reacción ante las amenazas económicas, y que ahora sea capaz de hablar tan claro ante las amenazas políticas. ¿Un talento único, como Totti?

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