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Un exministro estrella que se presenta como líder antisistema en Francia

Emmanuel Macron se cuela a sus 38 años entre los tres políticos más populares pese a no haber desvelado aún si será candidato

El exministro Macron posa con varios seguidores tras un mitin este martes.
El exministro Macron posa con varios seguidores tras un mitin este martes. AFP

El hombre que estos días revoluciona la precampaña francesa es un producto perfecto del sistema con un discurso antisistema. Aún no es candidato ni milita en ningún partido, pero se ha colado en el trío de los políticos más populares por detrás de Alain Juppé y Marine Le Pen ante las presidenciales del año que viene. Se trata del exministro de Economía Emmanuel Macron, un electrón libre, “el insider con la camiseta de outsider”, como le define el politólogo Pascal Perrineau. Los franceses lo prefieren como el mejor candidato de esa nueva izquierda reformista que él quiere encabezar, pero es en la izquierda donde más rechazo despierta.

“Tenemos un capitalismo que quizás está viviendo sus últimas convulsiones. A la vez, los ciudadanos tienen la sensación de tener un sistema político que se repliega sobre sí mismo, que se congela. Muchos de nuestros ciudadanos tienen la sensación de no estar representados. Nuestra democracia está secuestrada por los partidos políticos. El funcionamiento del sistema alimenta la desconfianza política”.

Es el discurso de Macron en los mítines y encuentros que monta por toda Francia para animar a la gente a sumarse a En Marche!, el movimiento -aún no partido-, que creó siendo aún ministro ante el estupor de su valedor, el presidente François Hollande. Y con las mismas siglas que su fundador: E.M.

Siempre sonriente, con traje azul de corte moderno y sin corbata, recibe a los periodistas en la planta 14 de la torre de Montparnasse, el único rascacielos céntrico en París. Con vistas espectaculares, ahí está la oficina de En Marche! Le acompañan al menos tres de sus más directos colaboradores en el ministerio, que se han embarcado con él en la aventura. En el timbre de la entrada aún figura el logotipo de Adecco, el gigante suizo del trabajo temporal en Europa.

Es la connivencia con los grandes empresarios una de las críticas habituales contra Macron. Le apoyan “los grandes intereses financieros y otros, que ya no se contentan con tener el poder económico, sino que también quieren el poder político”, afirma el líder de los centristas, François Bayrou. Varios de los más destacados empresarios han mostrado su simpatía por este electrón libre. Bernard Mourad, también exbanquero de Morgan Stanley y alto cargo del gigante de las telecomunicaciones SFR, acaba de sumarse a su equipo.

Pese a todo, su novedoso discurso, el más crítico con el statu quo, es el suyo. Incluso no le molesta que le tilden de “candidato antisistema”. “Nuestro modelo económico está agotado, ya no funciona”, dijo el día 11 en Le Mans. “En el fondo, sirve a los más privilegiados, a los protegidos, pero excluye a muchos, cada vez a más. Nuestro mercado de trabajo se ha convertido en algo más injusto; opone a quienes tienen un empleo estable con quienes sufren la precariedad”.

Junto a sus tesis iconoclastas, Macron propone una profunda reforma electoral más representativa, un cambio de las relaciones del Estado con los ciudadanos –“tratando a todo el mundo de manera uniforme no se asegura igual acceso a los servicios públicos ni igualdad de oportunidades”-o más apoyo a la innovación.

“Nuestro modelo económico está agotado, ya no funciona”, ha dicho el día 11 en Mans

Sus invectivas alcanzan también al funcionamiento de la Unión Europea y de sus líderes. “Se reúnen a puerta cerrada, se repiten los mismos principios y se cambia una palabra en la declaración final para no repetir la de la cumbre precedente”, dijo en Lyon el pasado día 24. “Se da pie a todas las demagogias, ampliando el foso entre un microcosmos con prácticas esotéricas y un pueblo que sufre que observa ese ballet descarnado. Son esas cumbres de última hora que remiten a la cumbre siguiente”.

Lo sabe muy bien él, que fue sherpa (técnico negociador) del Ejecutivo francés en muchas cumbres. Como conoce bien las carencias del mundo financiero y del político por haberlos vivido desde dentro. “Mi voluntad de transgresión es más fuerte en la medida que he visto el sistema desde dentro”, ha dicho al semanario Challenges. Formado en la Escuela Nacional de Administración (ENA), vivero de las élites francesas, inspector de finanzas, trabajó y ganó una pequeña fortuna como banquero de negocios de Rothschild entre 2008 y 2012.

Ese año, el presidente François Hollande lo nombró consejero económico en el Elíseo y, dos años después, ministro estrella del Gobierno hasta que dimitió en agosto porque las reformas no eran tan profundas como él quería.

Con solo 38 años y semejante trayectoria, Macron rechaza ser un elitista o un producto de la élite. “Soy fruto de un proceso meritocrático”. Como niega pertenecer a “la casta política” a la que repudió cuando aún era ministro.

“No soy militante del Partido Socialista, pero soy de izquierdas, por cultura, por origen, por principios”

Con todos esos ingredientes, resulta complicado encasillarlo en un apartado ideológico. Se le ha llamado “tecnócrata”, “socialliberal”, “liberal” o “el hombre que quiere introducir el liberalismo en el socialismo”. No le gustan nada esos conceptos. Presentó En Marche!, que ha logrado 89.000 seguidores en cinco meses, como un movimiento “reformista”, “ni de izquierdas ni de derechas”, para luego decir que quiere sumar votos y adhesiones “de la izquierda y de la derecha”-

Él se define así: “No soy militante del Partido Socialista, pero soy de izquierdas, por cultura, por origen, por principios”. Es del dividido PS de donde le vienen los ataques peores. Hollande le llama “traidor” o “tarta blanda” y los amigos del presidente le han bautizado “Bruto”, como el hijo de Julio César que participó en su asesinato a cuchilladas en el Senado romano. La cúpula del PS cree, como todo el mundo, que será candidato –lo decidirá en diciembre o enero- y que hará “un gran daño al partido”.

Manuel Valls, primer ministro, sostiene que este ovni de la política francesa practica “un populismo light”. Eso le duele a Macron más que los calificativos de “desleal” o “cínico” que le dedican los conservadores Alain Juppé y Nicolas Sarkozy, celosos también de los votos que les pueda limar. Un populista, para el exministro, es alguien que miente a los ciudadanos, que echa mano de los más bajos instintos y promete soluciones tan fáciles como imposibles.

Falta poco para saber si el fenómeno Macron se ha asentado en la convulsa sociedad francesa o si se trata solo de “una burbuja prefabricada” al que solo le apoyará una población acomodada con un techo de entre el 6% y el 12%, como opina Jérôme Sainte-Marie, experto en demoscopia. Los sondeos le sitúan en tercer lugar, justo por debajo de Le Pen. En algo coinciden seguidores y detractores: si no es ahora, será años después, pero Macron alcanzará su meta: el Elíseo.