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La OTAN incorpora a Montenegro en medio de la tensión con Rusia

Los 28 países aliados firman en Bruselas la adhesión del territorio exyugoslavo

El secretario de Estado de EEUU, John Kerry (izquierda) y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (al fondo), felicitan al primer ministro de Montenegro, Milo Djukanovic, por la firma de la adhesión.
El secretario de Estado de EEUU, John Kerry (izquierda) y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg (al fondo), felicitan al primer ministro de Montenegro, Milo Djukanovic, por la firma de la adhesión. EFE

La OTAN se expande. Los 28 países aliados han aprobado este jueves el ingreso de Montenegro como nuevo miembro, aunque este pequeño Estado de la antigua Yugoslavia no se incorporará formalmente hasta que lo aprueben todos los parlamentos nacionales. En ese periodo intermedio, que puede durar hasta dos años, el país contará con una silla —sin derecho a voto— en todas las reuniones aliadas. “Hoy damos un paso histórico”, ha enfatizado el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, antes de la reunión que celebran hoy en Bruselas los ministros de Exteriores de la organización.

La última vez que la OTAN se amplió fue en 2009, también con la adhesión de otros dos Estados balcánicos: Croacia y Albania. A diferencia de entonces, la entrada de un país de la antigua esfera de influencia soviética se produce en un momento de tensión entre la Alianza y Rusia. Moscú recela de una expansión que considera lesiva para sus intereses. “No hay absolutamente ninguna razón para negar a Montenegro su derecho como nación soberana [a integrarse en la OTAN]”, argumentó el miércoles Stoltenberg.

En esa estrategia de pertrecharse contra un vecino como Rusia, que consideran imprevisible, los ministros de Exteriores discuten de cómo reforzar su presencia en el Este de Europa, una cuestión delicada porque roza los límites de lo acordado entre la OTAN y Moscú en 1997. Para alejar temores rusos, los aliados se comprometieron entonces a no mantener “fuerzas de combate significativas” en el flanco oriental, pero desde la invasión rusa de Crimea la organización se ha ido reforzando en esa zona. La Alianza considera que, pese a todo, no ha llegado a ese nivel considerado significativo, un término muy difuso. “Hay margen entre mantener una presencia ocasional y una permanente”, añadió el embajador estadounidense en la OTAN, Douglas Lute.

Pero además de discutir sobre cómo hacer frente a una Rusia más hostil, la OTAN ha afinado hoy una estrategia ante a los desafíos más evidentes: los que proceden del vecindario sur de Europa. La Alianza se muestra dispuesta a tener un papel más activo en esa zona, aunque con muchas limitaciones. La organización va a enviar una misión de evaluación a Irak para decidir si atiende la petición del Gobierno iraquí de dar formación a sus tropas en su propio país (la formación de fuerzas iraquíes ya se hace, pero en Jordania). También está dispuesta a ayudar a Libia, siempre que el Gobierno de unidad nacional lo pida -y la ONU lo avale- y con actividades de corto alcance. Y quiere ampliar su colaboración con países más estables de la región como Jordania y Túnez. De la gran misión de combate que supuso Afganistán, la OTAN evoluciona ahora hacia operaciones más modestas de formación. Es decir, ayudar a los países a defenderse en lugar de asumir esa defensa.

EE UU enviará un barco al Egeo

Estados Unidos ha decidido participar directamente en la misión que la OTAN desarrolla en el mar Egeo para controlar los flujos migratorios entre Turquía y Grecia. El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, ha anunciado en Bruselas que enviará un barco a la misión en la que ahora participan ocho buques a cargo de la Alianza.

Ese paso adelante de Washington contrasta con el recelo inicial a que la OTAN desarrollara labores más ligadas al control de movimientos migratorios que a la seguridad de los países aliados. La Alianza quiere que esta misión sirva de ejemplo para futuras actuaciones similares en el Mediterráneo.

La mayor novedad en este giro hacia el sur consiste en reforzar las operaciones de vigilancia marítima, en buena medida para controlar el tráfico de migrantes hacia Europa. Tras la experiencia de la misión en el Egeo, donde la OTAN patrulla con ocho barcos y traslada la información que recoge a Turquía, a Grecia y a Frontex -la agencia europea de fronteras-, la Alianza se plantea ampliar estas prácticas. Fuentes diplomáticas destacan la “función disuasoria” que la presencia de estos barcos ha tenido en los flujos desde Turquía hacia las islas griegas, que han caído un 90% entre marzo y abril.

Lo más probable es que esta iniciativa se articule mediante una mayor cooperación con la Unión Europea, que ya desarrolla una misión militar en aguas próximas a Libia para desmantelar las redes de tráfico de migrantes. La decisión se adoptará en la cumbre bienal que la OTAN celebrará a principios de julio en Varsovia. También la presencia concreta que mantendrá la organización en el Este europeo se detallará en la cumbre.

Respecto al apoyo de la OTAN a la lucha contra el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), el secretario general ha anunciado que los AWACS, aviones de vigilancia de largo alcance de los que dispone la Alianza, sobrevolarán la zona de Turquía -y el espacio aéreo internacional cercano a Siria y a Irak- para transmitir la información a la coalición internacional que lidera Estados Unidos. Ya hay dos aviones de este tipo en espacio turco. La novedad es que los actuales -y probablemente alguno que se pueda incorporar- comenzarán a comunicar la información a la coalición.