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La policía descubre un arsenal en casa del autor de la matanza en Los Ángeles

Obama no descarta el terrorismo en el tiroteo pero reconoce que la causa aún no está clara

Un agente, haciendo declaraciones a la prensa.

En medio de una insistente prudencia sobre los motivos que llevaron a Syed Farook y su esposa, Tashfeen Malik, a matar a 14 personas a tiros el miércoles por la mañana (poco después de las ocho de la tarde en España), la policía de San Bernardino reveló un día después que la pareja tenía un arsenal gigantesco en su casa. Aparte de dos rifles de asalto calibre 223 y dos pistolas de nueve milímetros, la pareja tenía en su vivienda gran cantidad de munición y material para fabricar bombas caseras. Además, dejaron tras de sí en la escena del crimen tres artefactos explosivos unidos a un coche teledirigido para ser activados a distancia con un mecanismo que falló. Todos estos detalles refuerzan la inquietante convicción de que hay “un grado de premeditación”, según la policía, que no es habitual en los tiroteos en Estados Unidos.

Durante el tiroteo posterior con la policía, Farook y Malik dispararon desde su coche al menos 76 tiros, según los análisis balísticos. Ella desde la parte de atrás del vehículo con un arma de asalto, y él desde el asiento del conductor con una pistola nueve milímetros. En el coche tenían 1.400 balas calibre 223 y 200 para las pistolas. El vehículo, un todoterreno oscuro marca Ford, era alquilado y debía ser devuelto el miércoles, lo que añade aún más sospechas sobre la planificación y los motivos de la matanza.

Balas, bombas y un viaje a Arabia Saudí

  • La pareja Syed Farook, de 28 años, y Tashfeen Malik, de 27, fueron identificados por como los autores del ataque.
  • Mataron a 14 personas e hirieron a 21.
  • Tres bombas caseras unidas entre sí y con mando a distancia fueron halladas por las autoridades en la casa de la pareja, así como cuatro cargadores de rifles de asalto en el lugar de la matanza.
  • Otros 12 artefactos explosivos caseros, más 2.000 balas de nueve milímetros y 2.500 de 223 milímetros fueron hallados en una casa que los sospechosos alquilaban en la región.
  • 23 funcionarios participaron en la persecución.
  • Farook viajó a Arabia Saudí este año, según la Embajada saudí en Washington.

Todas las hipótesis acerca del ataque siguen abiertas. Barack Obama ha comparecido este jueves. Desde que es presidente, ha comparecido ya en doce ocasiones tras una matanza con armas de fuego. La palabra frustración comienza a desdibujarse y Obama reconoce que el país está atrapado en un ciclo de violencia exclusivo de Estados Unidos. Hoy no ha sido diferente, aunque en esta ocasión el presidente, además, ha podido aportar muy poca luz sobre las causas de este tiroteo.

Obama ha reconocido que todas las posibilidades, todos los motivos, son viables, incluida la vertiente terrorista. “Podría tener que ver con terrorismo pero no sabemos”, ha dicho. “También puede tener que ver con el trabajo…”. El motivo por el que el presidente no descarta el terrorismo se debe a que hay demasiadas cosas que todavía no encajan en lo sucedido en California. El FBI habla de un ataque muy preparado, pero a la vez se dice que el sospechoso, el fallecido Syed Farook, salió enfadado del centro de discapacitados tras un altercado para regresar, acompañado por su esposa y armado hasta los dientes. En el creciente clima de islamofobia que ciertos sectores han instalado en el país, el nombre de los sospechosos desata alertas. Él era estadounidense. Se casó con Tashfeen Malik recientemente en Arabia Saudí.

Impotencia. Este jueves, el presidente ha podido poco más que ofrecer sus condolencias a las familias de las víctimas. “En este momento, no sabemos por qué sucedió este terrible acto”, ha declarado Obama desde el Despacho Oval, donde estaba reunido con representantes del mundo de la justicia para debatir la reforma del sistema penal. “No sabemos la extensión de sus planes. No sabemos sus motivos”, ha proseguido Obama, al que le faltó decir, sumido en un agotamiento por repetición, “en este caso, ni siquiera sabemos por qué”.

Obama pide reflexión

Sentado, casi hundido en el sofá, la instantánea ofrecía un presidente ya demasiado acostumbrado a estos tristes y brutales rituales. De nuevo, Obama pedía reflexión y reclamaba medidas para que deje de ser “tan fácil” matar, y que quede, como en el caso de San Bernardino, un rastro de 14 cadáveres y 17 heridos de bala.

“Tenemos que reflexionar sobre nosotros mismos como sociedad, para dar pasos básicos que hagan que sea más difícil, no más fácil, que aquellos que quieren hacer daño” consigan armas de fuego, ha repetido.

En la noche del miércoles, cuando todo era caos y confusión en California, el presidente recordó a aquellos preocupados por el terrorismo que, mientras que en el país existía una lista que no permitía a algunos sospechosos tomar un avión, sin embargo, también era posible que esas mismas personas accedieran a una armería y adquirieran armas de fuego “sin que se pueda hacer nada para pararlos”.

La Casa Blanca comienza a sopesar la posibilidad de que el presidente emita una orden ejecutiva que exija verificar ciertas informaciones antes de adquirir armas, ya que en el Congreso la legislación para un mayor control de las armas está totalmente paralizada.

"Deberíamos unirnos y actuar de forma bipartidista para hacer que esto sea algo raro, en lugar de algo normal. Nunca deberíamos pensar que esto es algo que está dentro de lo ordinario, porque no pasa tan a menudo en otros países", agregó el presidente el miércoles en referencia a su fallido plan de endurecer el control de armas de fuego, puesto en marcha tras la matanza de Newtown, que acabó con 20 cadáveres de niños.

“Esta es gente real, con dolor real. No entro en política”

La tarde y noche del miércoles fueron angustiosas para cientos de personas en San Bernardino, a unos 100 kilómetros al este de Los Ángeles, y trágicas para las familias de 14 personas que celebraban una fiesta de Navidad. Habían pasado 12 horas del tiroteo y entre 30 y 40 personas permanecían en las instalaciones del centro social Rudy Hernandez. Decenas de agentes del sheriff, equipos de psicólogos y expertos en situaciones de duelo atendían a los familiares angustiados. Hasta ahí habían llegado durante el día cientos de personas en busca de noticias de los suyos, pues muchos de los trabajadores del centro médico atacado fueron evacuados dejando atrás teléfonos móviles y luego fueron identificados e interrogados dentro de los protocolos de seguridad.

Por la noche, los que quedaban en el centro eran aquellos que no encontraban a sus familiares en ningún sitio y se preparaban para lo peor. Los cuerpos no podían ser identificados aún pues yacían entre sangre y agua del sistema antiincendios en la sala donde fueron asesinados. “Esta es gente real, con dolor real. No voy a entrar en política”, decía en la puerta del centro el obispo Emry James, de la ciudad de Fontana. James había consolado a entre 60 y 70 personas durante la jornada. “Es muy duro para estas familias no saber si sus seres queridos están bien”. Como él, pastores de todo tipo de congregaciones habían atendido a los allegados. “Acabo de hablar con un hombre cuya novia estaba en la fiesta y no la encuentra por ningún sitio”, explicaba el pastor baptista Wiley Drake. “Va a ser una noche muy dura”.

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