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25 yihadistas salidos de España han muerto en Siria e Irak

Cataluña, Ceuta y Melilla son los escenarios considerados más peligrosos

Mossos d'Esquadra patrullaban ayer, con material antiterrorista, la plaza de Catalunya, en Barcelona.
Mossos d'Esquadra patrullaban ayer, con material antiterrorista, la plaza de Catalunya, en Barcelona. AFP

Veinticinco jóvenes residentes en España han muerto en atentados suicidas o combatiendo en las filas del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak tras matar a centenares de personas, según los últimos informes confidenciales de las fuerzas de seguridad del Estado a los que ha tenido acceso EL PAÍS. Desde que el EI comenzó a combatir a las tropas de Bachar el Asad, 114 muyahidines, la mayoría marroquíes, han viajado desde España a Siria. De los 25 que han regresado, 15 están en prisión y el resto, la mayoría mujeres y niños, vigilados.

Por primera vez desde los atentados del 11-M, en 2004, las fuerzas de seguridad del Estado han remitido informes al Gobierno en los que pronostican un nuevo ataque terrorista en España. El Gobierno ha elevado la alerta antiterrorista hasta el nivel 4 (riesgo alto) después de la oleada de ataques el viernes en Francia, Túnez y Kuwait, pero los análisis en los que se reconoce la posibilidad de atentados son anteriores, según admiten fuentes oficiales.

Cataluña, Ceuta y Melilla son los escenarios considerados más peligrosos por la extraordinaria efervescencia del salafismo en esas tres comunidades. Más de 200 sospechosos están siendo monitorizados por diferentes cuerpos policiales. “De Siria e Irak han regresado 25, pero si regresaran 2.500, ¿cómo los vamos a vigilar? Para controlar a un hombre las 24 horas se necesitan al menos 40”, afirma un alto responsable de la seguridad nacional.

Marroquíes residentes

De los 25 suicidas y combatientes procedentes de España muertos en las filas del Estado Islámico, únicamente seis son españoles; el resto, marroquíes residentes en España. Rachid Wahbi, un taxista ceutí de 33 años, casado y padre de dos niños, fue el primer español que viajó a Siria en abril de 2012. Grabó un vídeo de despedida vestido con uniforme militar y un Kaláshnikov antes de subir a un camión cargado de bombas y empotrarse contra un cuartel en Idlib, al norte de Siria, y matar a 30 personas. Solo cinco meses después, Sanaa, su joven viuda, se interesaba por la vida en el Califato y la lucha de los muyahidines, según acreditan conversaciones telefónicas grabadas por la policía.

Siguieron la estela Mustafá Mohamed Layachi, Piti, de 30 años, y Mustafá Mohamed Abdesalam, Tafo, de 24. Luego Mohamed Abdesalam Mohamed, Pizza; Hamza Ahmed Abdesalam y Yunes Ahmed Mohamed. Todos ellos ceutíes.

Este último, apodado Esponja, y Pizza murieron al perpetrar una cadena de atentados con cinturones de explosivos en Bagdad y varias provincias del sur de Irak, una carnicería del Estado Islámico para Irak y Levante (ISIL), la rama iraquí de Al Qaeda, contra la comunidad chií que causó en el verano de 2013 más de mil víctimas durante la festividad del Eid al Fitr, el final del Ramadán.

El número de muyahidines que procedentes de España se han unido al Estado Islámico es mucho menor que el de otros países europeos. Se estima que desde Francia han viajado 1.400 (han regresado 300) y desde Reino Unido, 500, pero las fuerzas de seguridad españolas concluyen en sus informes que la amenaza es la misma. “Hemos multiplicado por 15 el nivel de amenaza en Cataluña. Barcelona se ha convertido en una obsesión y objetivo prioritario por su importancia en el panorama internacional e interés turístico”, afirman fuentes de las fuerzas de seguridad del Estado.

Las informaciones que facilitan los confidentes sobre las intenciones de algunos salafistas en esa comunidad son cada vez más preocupantes. “Se habla claramente de atentar contra objetivos turísticos, algunos realmente graves. Dicen que España lleva años sin ser atacada”, afirma un responsable de seguridad. El EI empuja a los muyahidines que sobreviven a los primeros seis meses de combate a regresar a sus países de residencia y constituir células durmientes. Los que regresan lo hacen como líderes, ya que han sido entrenados en armas y explosivos. “Son gente que ya ha matado muchas veces y están dispuestos a todo. Los retornados son mucho más peligrosos que los frustrados”. Los servicios denominan frustrados a los que intentan viajar a Siria y no lo consiguen.

La fijación del EI y Al Qaeda por Cataluña no es una novedad. Una célula de paquistaníes planeó volar el metro de Barcelona —fueron detenidos y condenados— y en 2007 EE UU decidió abrir un centro de espionaje en el Consulado de Barcelona porque consideraba Cataluña “el mayor centro mediterráneo del yihadismo”, según documentos secretos que reveló este periódico. “La alta inmigración, ilegal como legal, desde el norte de África (Marruecos, Túnez y Argelia), así como de Pakistán y Bangladesh, hace de esta región un imán para reclutar terroristas”. Se calcula que hay más de 75.000 paquistaníes en Cataluña, muchos indocumentados.

En julio 2001, el egipcio Mohamed Atta, el jefe de los suicidas del 11-S, viajó a Cataluña para entrevistarse con el yemení Ramzi Binalshibh, su compañero de piso en Hamburgo (Alemania), e informarle de la fecha y los objetivos del atentado que causó 3.000 muertos en EE UU. Ya entonces Al Qaeda tenía una buena infraestructura en la zona. “Reus, Girona y Torredembarra son algunos centros más activos de Europa”, asegura contundente un agente operativo de la Guardia Civil.

España ostenta el récord europeo de detenciones en la lucha contra el yihadismo. Desde 2004 has sido detenidas 527 personas. Y solo en 2014 se desarticularon cinco células, todas en Ceuta y Melilla, y fueron detenidos varios retornados de Siria, Irak y Malí.

El año pasado fiscales y jueces de la Audiencia Nacional multiplicaron por 15 sus diligencias por terrorismo internacional, según fuentes judiciales. El perfil de los yihadistas detenidos en España no ha variado: más del 80% son extranjeros, la mayoría marroquíes, argelinos y paquistaníes. La captación ha pasado de las mezquitas a las redes sociales, y el perfil es cada vez más joven.

 

La policía española busca al confidente de Al Qaeda

La Comisaría General de Información de la Policía busca a Hani Muhammad Mujahid, de 38 años, el exmiembro de Al Qaeda y confidente de los servicios secretos yemeníes que alertó a las autoridades de ese país de que un comando terrorista iba a atentar contra un grupo de turistas que en 2007 visitaban el templo de Mahram Bilquis. Nadie atendió a sus avisos y murieron diez personas, entre ellas ocho ciudadanos españoles.
La búsqueda del yihadista se ha iniciado a petición de los fiscales Javier Zaragoza, responsable de la fiscalía de la Audiencia Nacional, y de Ana Noé, la fiscal encargada del caso, que fue archivado en 2011 ante la falta de colaboración de Yemen. La Policía ha reclamado información sobre Mujahid a servicios policiales en varios países.
Tras la reciente publicación en EL PAÍS y Al Yazira de una investigación en la que se recogía el testimonio de Mujahid, los fiscales han remitido un escrito a la Policía en el que solicitan la inmediata localización del confidente, aseguran fuentes policiales. El escrito intenta acreditar la verosimilitud del testimonio de Mujahid, sus vínculos con Al Qaeda en Yemen y sus tratos con los servicios secretos de ese país durante el Gobierno del expresidente Alí Abdallah Saleh, a quien el confidente acusa de permitir atentados de al Qaeda para lograr ayudas de EE UU.
La localización de Hani y la comprobación de su pasado en Al Qaeda -se unió a la yihad en Afganistán en 1998 y entrenó a muyahidines en el campo de Al Faruq- son el primer paso para decidir la posible reapertura de una investigación judicial archivada por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu ante el silencio de Yemen a las comisiones rogatorias en las que se le solicitó información.
Mujahid asegura que estuvo junto a los terroristas en el desierto cuando preparaban el coche bomba y que escuchó sus planes de atacar a la caravana española. Desde su móvil llamó a los servicios secretos para avisar del ataque. Nadie lo evitó.