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La UE enfría las expectativas de asociación de los países del Este

Los Veintiocho evitan enfrentarse a Rusia en la cumbre de Riga

Johannes Hahn, el comisario europeo de Política Regional y Vecindad, junto a Markus Beyrer, el director general de Businesseurope, en Riga.
Johannes Hahn, el comisario europeo de Política Regional y Vecindad, junto a Markus Beyrer, el director general de Businesseurope, en Riga. AFP

La Unión Europea y seis países de Europa del Este (Ucrania, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Armenia y Bielorrusia) se reúnen entre hoy y mañana en Riga para negociar la aproximación de los dos bloques en el marco de la cuarta cumbre de la Asociación Oriental, un proyecto que Rusia vigila de cerca por entender que encierra un intento de distanciarla de sus países de influencia.

Esta asociación (partenariado, en la jerga de Bruselas) nació en 2009 como una evolución de la política de vecindad de la UE hacia los países que quedaban entre sus fronteras del Este y Rusia. Hasta el cénit alcanzado durante su tercera reunión, en Vilna en 2013, parecía un proyecto en expansión, pero las perspectivas han cambiado tras la crisis desencadenada a partir de esos días, cuando el entonces presidente ucranio, Víctor Yanukóvich, se negó a firmar por presiones de Moscú el acuerdo de libre asociación pactado con la UE, dando pie sucesivamente a las manifestaciones del Maidán y la caída de Yanukóvich, la toma rusa de Crimea, la guerra en el Donbás, miles de muertos y un enfrentamiento comercial entre Rusia y Europa.

La sombra de Rusia planea sobre la reunión de Riga. La UE desea evitar una reacción virulenta como la que desencadenó el encuentro de Vilna. “Queremos un acercamiento ambicioso pero realista a nuestros socios del Este”, explicaba este jueves el comisario de Política Regional y Vecindad, Johannes Hahn, a un grupo de medios invitados a Letonia por el European Journalism Centre entre los que se encuentra El País.

Los países del Este que acuden a la cita se pueden dividir en dos grupos: los euroentusiastas y los escépticos. En el primer grupo están Moldavia, Ucrania y Georgia, los tres Estados que finalmente firmaron acuerdos de asociación con la UE con ocasión del encuentro de Vilna. En el segundo, Armenia, Azerbaiyán y Bielorrusia, que demuestran tener un apetito limitado por estrechar lazos con Bruselas. Armenia y Bielorrusia quieren guardar un equilibrio en sus relaciones entre UE y Rusia, pero ya han aceptado integrarse en la Unión Euroasiática de Vladímir Putin, por lo que las posibilidades de confluencia europea son muy limitadas. Mientras, Azerbaiyán, un país señalado por su represión política, tiene aún menos interés en asumir compromisos, dado que la UE parece interesada en sus reservas de hidrocarburos por encima de cualquier otra consideración.

En los eventos paralelos a la cumbre, hombres de negocios de los países implicados celebran que esta reunión impulsará los pactos económicos firmados en encuentros anteriores. Los funcionarios europeos también insisten en que la cita servirá para consolidar los progresos más que para lanzar nuevas aventuras. Estas mismas fuentes citan los avances de Moldavia (el único país que ha accedido a la libertad de movimiento para sus ciudadanos por el espacio Schengen) como los mayores logros tras Vilna, junto a pequeños progresos en conexiones energéticas, comerciales y la expansión de programas como el Erasmus Plus.

Ésta va a ser una reunión útil pero menos tensa que la que se vivió en Vilna”, explica un alto funcionario europeo

Mientras, tras un año de turbulencias, el acercamiento entre Ucrania y Europa se encuentra gripado por la guerra, que impide a Kiev introducir las reformas requeridas, mantiene el país en una penosa situación económica y desaconseja abrir el espacio Schengen de libre circulación a sus ciudadanos. El comisario Hahn fijó hoy jueves las teóricas posibilidades de integración europeas de Ucrania en un futuro más bien lejano, una vez que el país haya culminado reformas estructurales que parecen muy difíciles de lograr en las actuales circunstancias y que presente su candidatura, algo imposible antes de 2020.

Ante las sospechas de que la apertura hacia el Este es un proyecto en retirada, los negociadores europeos aseguran que no existe un cambio en la dirección política y no se está intentando diluir silenciosamente el proyecto inicial. “Ésta va a ser una reunión útil pero menos tensa y espectacular que la que se vivió en Vilna”, explica un alto funcionario europeo para mantener bajas las expectativas. En un ejercicio de equilibrismo, los delegados de la UE intentan combinar en su discurso dos líneas argumentales opuestas. “No dejaremos que nuestra política bilateral la decida un tercero”, explica la misma fuente respecto a Rusia, “pero hay que tener en cuenta los intereses de los países con los que pactamos y no hacer nada que genere malas situaciones”.

Los avances que se verán en la cumbre son más que discretos. Georgia y Ucrania esperaban lograr la exención de visados, pero los propios representantes de los países asumían este jueves que no lo conseguirán. Como contrapeso,se han anunciado 1.800 millones de ayudas a Ucrania.

En un borrador de la declaración final de la cumbre al que tuvo acceso EL PAÍS, aparece como uno de los principales puntos de fricción la condena de la anexión rusa de Crimea, que algunos de los países del Este quieren dulcificar. Mientras, los textos que Ucrania, Moldavia y Georgia han propuesto piden a la UE que se les reconozca el derecho a la integración en los Veintiocho, lo cual parece que sólo será posible en una formulación muy vaga. Frente a estos tres países, que firmaron acuerdos de asociación tras Vilna, se sitúa un segundo bloque, formado por Armenia Bielorrusia y Azerbaiyán, partidario sólo de pequeños acuerdos que les favorezcan.

Fe de errores

En una primera versión de este artículo no se citaba a Armenia como uno de los seis países del Este que participan en la cumbre de Riga