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“Algunos edificios que ya tenían daños se han terminado de caer”

Testigos cuentan desde Nepal el miedo que han sentido al notar el nuevo seísmo

Nepalíes buscan un lugar abierto tras el segundo seísmo.

El segundo terremoto de Nepal en menos de tres semanas ha castigado a un país ya destrozado por el anterior seísmo, el del 25 de abril. “Hay mucha gente en la calle. Nadie quiere volver al interior de las casas. Todo el mundo está muy nervioso. Algunos edificios que ya tenían daños se han terminado de caer en Katmandú. No queda nadie dentro de las casas, la gente teme por su vida”, explica el periodista nepalí Narendra Raule por vía telefónica, desde el Hospital Civil de Katmandú, donde han comenzado a llegar algunos heridos.

"En todo este tiempo ha habido riesgo de avalancha"

CECILIA HERTRAMPF, Madrid

El teniente de la Guardia Civil Fernando Rivero, que aterrizó anoche en España procedente de la zona de Langtang, en Nepal, ha explicado que este nuevo seísmo golpea en una zona ya devastada, en un país con "un terreno muy inestable, con unas vías de comunicación muy rudimentarias y hay muchos pueblos que están aislados" .

Hasta ayer, Rivero trabajaba en la búsqueda de los seis españoles que continúan desaparecidos tras el primer terremoto, el 25 de abril. Formaba parte de los dos últimos grupos de guardias civiles que permanecía en Nepal y que tuvieron que abandonar la zona "por la solicitud del Gobierno nepalí, que se ha visto sobrepasado de ayuda internacional". "En todo este tiempo ha seguido habiendo avalanchas de piedras y el número de víctimas es muy difícil de concretar", ha explicado. "Lo único que rescatábamos eran restos, trozos de cuerpos. Sacamos alrededor de 21 o 23 cadáveres prácticamente completos, pero se encontraban muchas manos, piernas, cueros cabelludos", dice. El teniente cree que esta vez será seguramente más complicado. "Seguirán apareciendo cadáveres a medida que se derrita el hielo".

En cuanto a los seis españoles que permanecían perdidos tras el primer terremoto en la zona de Lantang, Rivero confirma que las labores de búsqueda no seguirán. "A pesar de que no se da a nadie por muerto hasta que lo certifique un juez, todo apunta a que efectivamente se encontraban en esta zona, así que se les puede considerar fallecidos". El teniente apunta que el actual terremoto impide aún más que se pueda seguir buscando.

"Los equipos que permanecíamos allí siempre estuvimos en riesgo de que hubiera réplicas como la de hoy y nos pillaran allí. Y de que hubiera otras avalanchas", explica. "El pasado día 7, un piloto nos llevó a sobrevolar la zona y alcanzamos los 6.000 metros. Así pudimos ver la rotura del glaciar, que en ese momento estaba todavía inestable y podía caer más y provocar aludes. Había mucho hielo que estaba colgando y que podía soltarse en cualquier momento".

Según Raule, los móviles funcionan de manera errática y las líneas de telefonía terrestre han dejado de funcionar por el momento. La Policía nepalí ha recomendado que los ciudadanos se comuniquen por SMS para no saturar las líneas. Zonas previamente afectadas, como la plaza Durbar de Katmandú, han quedado completamente cerradas al público.

En localidades como Bhaktapur, en las afueras de Katmandú y muy dañada por el terremoto anterior, se han caído varias viviendas y se ha perdido el suministro de electricidad debido a la caída de postes. La maestra Salina Bajcharya se encontraba en su oficina cuando ocurrió el nuevo movimiento, al que han sucedido al menos otras seis réplicas. “Salí corriendo. Ese edificio ya tenía grietas de antes. Varios de los edificios que ya estaban dañados se han caído, en otros se han caído ladrillos, tejas… Estamos todos muy nerviosos”.

La familia de Salina ya vivía refugiada en un templo, junto con otras 150 familias, desde el primer terremoto. Algunas ya comenzaban a sentirse seguras, dos semanas después del gran terremoto, y se habían atrevido a regresar a sus casas o a intentar recuperar algunos de sus enseres. “Los que se habían ido han vuelto, estamos de nuevo todos a cielo abierto”, cuenta.

Devendra Pokharel, un estudiante de español que trabaja en un restaurante en Katmandú, ha explicado, minutos después del temblor, que se ha tratado de un “terremoto muy fuerte pero más corto que el anterior”. “La gente tiene mucho miedo, aún no sabemos el alcance”, ha dicho.

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