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Arabia Saudí y Turquía acuerdan un mayor apoyo a los rebeldes sirios

El pacto entre ambos países ha hecho fluir ayuda a los grupos opositores

Un combatiente del Ejército Libre Sirio, durante un entrenamiento en las afueras de Alepo.
Un combatiente del Ejército Libre Sirio, durante un entrenamiento en las afueras de Alepo. AFP

Los recientes avances de los rebeldes sirios frente al Ejército regular en el noroeste de Siria tienen una razón: el cada vez más decidido apoyo de Turquía y Arabia Saudí a los batallones más capaces de luchar contra el régimen de Bachar el Asad, sin importar que entre ellos haya grupos islamistas radicales.

Si bien oficialmente Turquía mantiene que su apoyo a la oposición siria se hace “de forma coordinada con todos los aliados, incluidos los de la OTAN” —según dijo a El País un portavoz del Ministerio de Exteriores turco—, lo cierto es que, desde el reciente ascenso al poder saudí del rey Salmán, Ankara y Riad han estrechado sus lazos en la cuestión siria. “Las diferencias sobre cómo luchar contra nuestro enemigo común, Asad, eran claras. Sin embargo, los resultados a los que ha llevado la poco decidida política de EE UU han provocado gran decepción, por lo que ambos países han decidido una nueva estrategia común”, reconoció una fuente gubernamental turca citada por la prensa local. Según esta fuente el pacto para redoblar el apoyo a los rebeldes sirios se forjó a inicios de marzo durante la visita a Arabia Saudí del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien, según un antiguo colaborador consultado por este diario, es quien dirige “personalmente” toda la política de Ankara respecto a Siria.

Y los resultados no se han hecho esperar. En las últimas semanas, una alianza de grupos rebeldes, en la que participan los moderados del Ejército Libre Sirio pero cuya mayor fuerza la aportan los batallones islamistas de Ahrar ash Shams, Yeish al Islam y el Frente al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria), ha logrado tomar la ciudad y gran parte de la provincia de Idlib, así como una base militar cercana a Yisr al Shughur, empujando a las fuerzas del régimen en retirada. En el sur y en la carretera entre Damasco y Alepo, los rebeldes han hecho igualmente importantes conquistas.

“La alianza de Turquía y Arabia Saudí, de la que también participa Qatar, demuestra que estos países quieren perseguir sus propias políticas en la zona, ahora que la estrategia de EE UU ha fallado”, sostiene en declaraciones a El País el director del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma, Joshua Landis: “Este hecho es muy importante, porque significa que hay más dinero y apoyo a disposición de milicias rebeldes, especialmente para Ahrar ash Shams”. Según este experto en Siria, el anterior monarca saudí, Abdalá, no apoyaba a este grupo debido a la presión de Washington —que desconfía de una organización en la que algunos de sus líderes han mantenido estrechos lazos con Al Qaeda—, pero el actual rey Salmán ha hecho del derrocamiento de Asad “una prioridad” —algo en lo que coincide con Turquía— como medio para debilitar a Irán: “Por eso también ha emprendido su campaña militar en Yemen contra los chiíes”.

“El rey Salmán y su equipo siempre han apoyado un acercamiento a Turquía. Cuando han llegado al poder se ha dado un nuevo ímpetu. Y la asistencia militar se ha incrementado”, afirma Jaled Joya, presidente de la Coalición Nacional Siria (CNS), que agrupa a la oposición, en una entrevista con el diario turco Hürriyet. Joya, además, asegura que ha sido este empuje turco-saudí el que ha llevado a que diversos grupos rebeldes se hayan unido bajo un mismo mando, incrementando su eficacia militar. Ahora, la CNS exige que EE UU se implique más y ayude a establecer una zona tapón —una antigua pretensión apoyada por Turquía— para que el régimen no pueda bombardear las zonas liberadas por los rebeldes: “Damasco tiene que ser rodeada y entonces caerá rápidamente”.

Pero el Gobierno de EE UU, que junto a Turquía y Jordania ha comenzado a entrenar a facciones rebeldes moderadas, sigue siendo muy suspicaz a implicarse en la ayuda a grupos de tendencia yihadista.

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