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Líbano pasa a la ofensiva para frenar la entrada del Estado Islámico

El Ejército, apoyado por Hezbolá, milicianos cristianos y paramilitares laicos, pasa a la ofensiva para frenar el avance del Estado Islámico en las montañas

Estado Islámico
Miliciano laicos libaneses, en las montañas junto a Raas Baalbek.

Milicianos libaneses del Partido Social Nacionalista Sirio (SSNP por sus siglas en inglés) se saludan con la satisfacción de haber ganado una batalla. Su posición linda a la espalda con el pueblo cristiano de Raas Baalbek, a 13 kilómetros de la frontera noreste entre Líbano y Siria, junto a las montañas en las que se atrincheran docenas de yihadistas del Estado Islámico (EI) y del Frente al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria). Hace apenas 24 horas tronaba el intercambio de fuego de artillería, estremeciendo a los poblados vecinos, ahora vacíos. Tras defenderse y repeler tres ataques en localidades fronterizas (Ersal, Britel y al Qaa), el Ejército libanés ha pasado a la ofensiva por primera vez contra los yihadistas.

En esta inusual operación, las tropas libanesas lograron arrebatar al grupo integrista dos cumbres que superan los 2.000 metros de altitud, ganando dominio sobre otras posiciones enemigas. La actual batalla ya no se libra a tiros a escasos centenares de metros de distancia, sino con armamento pesado entre cerros. Los yihadistas lanzan morteros hacia las cimas opuestas provocando la contundente réplica de la artillería libanesa. Columnas de humo van señalando los lugares de impacto entre los riscos. “Humo negro, mala señal. Han dado a un vehículo del Ejército”, espeta un miliciano al tiempo que tiende los prismáticos a su compañero y activa su walki-talkie contactando con otras posiciones.

Milicianos de confesiones rivales colaboran frente al EI y Al Nusra

Milicias y paramilitares laicos, cristianos y chiíes junto con tropas regulares se coordinan entre sí creando un frente común para frenar el avance yihadista hacia Raas Baalbek. Un frente que lleva un mes activo y ha dejado a ocho militares muertos y 26 heridos. En primera línea, más de 1.200 soldados de las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF, por sus siglas en inglés) definen la estrategia para recuperar su territorio. A la retaguardia, coordinados pero no mezclados, se encuentran las posiciones del brazo armado chií de Hezbolá y de los laicos del SSNP (formación que defiende la Gran Siria que abarca los Territorios Palestinos e Israel, Irak, Jordania, Siria, Líbano y Chipre). Los primeros vigilan los movimientos de los yihadistas y apoyan con el lanzamiento de cohetes. Los hombres del SSNP monitorean también y abren el acceso para eventuales evacuaciones de heridos o necesidad de refuerzos. La máxima que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo ha acabado por reinar difuminando temporalmente las trifulcas confesionales y políticas entre la miríada de partidos libaneses. Vecinos cristianos aseguran que Hezbolá provee armas a aquellos que quieran participar en la defensa. De mayoría chií, en la Bekaa se yerguen varios poblados suníes, pero también cristianos.

“El Ejército libanés por fin se ha dado cuenta de que no puede ignorar a los yihadistas como si se tratara de una guerra ajena tal y como ha hecho hasta ahora. De dejarlos campar en las montañas se harán más fuertes y asentarán sus bases en busca de apoyo en los poblados suníes”, apunta el máximo responsable del brazo armado del SSNP, bajo el mote de El Capten. “El Ejército sirio ha propuesto que se coordinen los ataques contra yihadistas a ambos lados de la frontera, pero el Gobierno interino libanés se niega”, apostilla. Con una frontera sur con Israel, y Hezbolá a sus puertas, ningún país de la Unión Europea, que incluye al brazo armado chií en la lista de grupos terroristas, ha enviado a Líbano aviones militares. Eso les obliga a repeler a cañonazos a los yihadistas de las montañas que separan Líbano de la región siria de Calamún.

Los combatientes temen que los integristas crucen por pueblos suníes

Contra todo pronóstico, y con efectivos limitados para cubrir los 375 kilómetros de frontera común, Líbano soñaba con mantenerse al margen del conflicto sirio. Al menos hasta el pasado mes de agosto, cuando tuvo lugar la primera embestida yihadista en su territorio en la que centenares de combatientes radicales engulleron la localidad suní de Ersal (a ocho kilómetros al sur de Raas Baalbek). “Ahora los yihadistas intentan cruzar por los poblados cristianos y en cuanto se deshielen los pasos de las montañas lo intentaran por los 45 kilómetros de poblados suníes [los yihadistas son suníes] y drusos desprotegidos porque ni está Hezbolá, quien tiene experiencia real de combate, ni hay posiciones suficientes del Ejército”, comenta un veterano combatiente.

Los milicianos aseguran que las LAF han acabado con más de 50 yihadistas. “Con dinero, los de Daesh (acrónimo peyorativo en árabe para el EI) se hacen cada día más fuertes en Calamún frente a Al Nusra. En medio de esas luchas de poder apareció muerto recientemente Al Baniasi, líder de Daesh en esa región. A la caída del sol, apenas resuenan ya los morteros, y los milicianos se congratulan de haber empujado a los yihadistas un par de kilómetros hacia la frontera siria.

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