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Hablan las urnas

Una victoria de Syriza enviaría una muy poderosa señal a los pueblos del Sur de Europa y a Berlín y la troika

Alexis Tsipras y Pablo Iglesias saluden al público tras el mitin de campaña de la formación Syriza, este jueves en Atenas. Ampliar foto
Alexis Tsipras y Pablo Iglesias saluden al público tras el mitin de campaña de la formación Syriza, este jueves en Atenas. AFP

Cada papeleta depositada en una urna refleja una decisión estrictamente individual. Esa decisión puede reflejar consideraciones muy distintas sobre la situación política, la económica o las expectativas personales. Pero en democracia, que al fin y al cabo es el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, nos gusta pensar que la suma de todas esas decisiones individuales tiene que significar algo coherente. Así que, el lunes diremos “los griegos han dicho”, y completaremos los puntos suspensivos con un “quieren poner fin a la austeridad y al bipartidismo”, si gana Syriza, o con un “no quieren saltar al vacío justo ahora que comienza la recuperación”, si Syriza no logra imponerse. Pero ni las cosas son tan simples ni la democracia es un sistema donde el ganador se lo lleva todo. Gane quien gane, el día después de las elecciones la vida seguirá siendo un conjunto de decisiones imperfectas tomadas con información insuficiente, poco poder y muy poca capacidad de anticipar las consecuencias. Suena algo deprimente (hay quien lo llama realidad), pero es lo que hay.

Pero ahí no acaba la cosa. Como los significados de las cosas no son claros ni están establecidos de antemano, la política, máxime en época de campaña, consiste en la creación de significados con los que rellenar los hechos. Las palabras, gusta decir el jefe de campaña de Podemos, Íñigo Errejón, son colinas desde las que se domina el terreno y se ganan las batallas políticas, de ahí que Rajoy haya hecho campaña en Grecia a favor del reformismo mientras que Pablo Iglesias haya instado a los griegos a entender la elección como el primer paso en la liberación de los pueblos del Sur de Europa del yugo colonial impuesto por Berlín y por la troika.

Rajoy hizo campaña en pro del reformismo, e Iglesias contra Berlín y la troika

A la competición por el Gobierno en Grecia, que en teoría sólo atañe a los griegos, se añaden pues toda una serie de disputas, que son las que nos atañen a nosotros, como españoles y como europeos. Una victoria de Syriza enviaría una muy poderosa señal pues hasta ahora ninguno de los partidos antisistema surgidos en Europa al calor de la crisis ha logrado una victoria que les permita llegar al Gobierno. Que lo lograran en el eslabón más débil de la cadena, Grecia, podría ser una excepción, pero también una señal de que estos partidos, como ellos mismos gustan decir, habrían logrado ocupar la centralidad del tablero político. Esa centralidad implica que si gana Syriza, Tsipras tendrá que negociar y pactar con los acreedores de Grecia, muchos de los cuales, recordemos, también son Gobiernos democráticos que se deben a sus electores y que también tomarán sus decisiones pensando en su futuro político. La otra opción de Tsipras y Syriza es recuperar la soberanía pero aquí es donde el juego retórico se agota: lo peor de reclamar la soberanía es que, si te pones muy pesado, te la pueden acabar dando, así que mejor no insistir mucho.

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