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Suníes y chiíes reprueban las “ofensas” de ‘Charlie Hebdo’

Irán denuncia el "abuso de la libertad de expresión en Occidente"

Manifestación este jueves en la ciudad paquistaní de Lahore contra las caricaturas de Mahoma publicadas en el último número de 'Charlie Hebdo'. Ampliar foto
Manifestación este jueves en la ciudad paquistaní de Lahore contra las caricaturas de Mahoma publicadas en el último número de 'Charlie Hebdo'. afp

La condena oficial al atentado contra Charlie Hebdo quedó reflejada en la presencia en la marcha de París del ministro de Exteriores de Emiratos Árabes, el jeque Abdullah, ampliamente difundida en los medios locales. Fue la más alta representación de la península Arábiga. No hay noticias de que enviara a alguien Arabia Saudí, el líder regional y país al que los analistas acusan de fomentar un islam intransigente. La prensa ha transmitido el mensaje de que, tal como resumió el diario Al Bayan de Dubái, la manifestación se opuso “al terrorismo que no tiene religión”.

Mientras que artistas e intelectuales expresaron su solidaridad con el semanario, los periódicos (bajo tutela estatal) han dejado claro que el gesto no equivalía a un respaldo sin fisuras a la libertad de expresión. El pasado miércoles, a la vez que Charlie Hebdo regresaba a los quioscos, el emiratí The National tachaba de “provocación deliberada” que volviera a caricaturizar a Mahoma en su portada. “La defensa de la libertad de expresión en todo el mundo fue en apoyo del derecho de la revista a decidir lo que quisiera publicar, no un respaldo a sus rudas viñetas”, explicaba el editorialista en un galimatías.

Argumentaba que “los países europeos tienen sus propias leyes y límites a la libertad de expresión”. El ejemplo que se repite es la legislación contra la negación del Holocausto. El columnista saudí Abdullah Nasser al Otaibi proponía desde el periódico panárabe Al Hayat una ley “que criminalice en los países occidentales los asaltos de cualquier clase a las religiones divinas”.

También hay sectores muy conservadores, próximos al salafismo, que han visto en el ataque terrorista una venganza por unas caricaturas que ellos perciben como una ofensa al islam; pero en unas sociedades donde la libertad de expresión está limitada, sus voces se han mantenido en los márgenes y circunscrito a las redes sociales y foros.

En Yemen, el país más pobre de la península Arábiga y el más castigado por el terrorismo de los extremistas suníes, muchos se duelen de los dobles raseros internacionales. “Mientras el mundo se ha levantado por los muertos de París, las decenas de yemeníes que mueren a diario no importan a nadie”, confía Jaled. El día del ataque contra Charlie Hebdo, un atentado en Saná mató a 38 jóvenes.

Por otra parte, la República Islámica también se ha visto atrapada, como sus vecinos árabes del otro lado del golfo Pérsico, por la ambivalencia de condenar el atentado sin aceptar la libertad de expresión plena. La portavoz de Exteriores, Marzieh Afkham, calificó de “gesto insultante” la portada del último número de Charlie Hebdo. Para Afkham, que el mismo 7 de enero censuró el ataque contra la revista y aseguró que “todas las acciones terroristas están en contra de las instrucciones del islam”, la nueva caricatura de Mahoma “ofende los sentimientos de los musulmanes”.

Aunque Irán sigue la rama chií, que a diferencia del sunismo acepta la representación gráfica de la figura humana, considera tabú la reproducción del rostro de su profeta, mucho más que se lo tome a broma. “El abuso de la libertad de expresión en Occidente es inaceptable”, resumió Afkham. Aprovechó para atribuir lo ocurrido a “las políticas erróneas y de doble rasero para afrontar la violencia y el extremismo”, una poco velada alusión a la amistad de los países occidentales con su rival Arabia Saudí.