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La derecha reconquista el Senado francés

La nueva Cámara alta entorpecerá la aprobación de las polémicas reformas de Hollande y Valls El Frente Nacional logra por vez primera contar con senadores

El primer ministro francés, Manuel Valls (centro), este domingo en París, en la estación de tren de Montparnasse. Ampliar foto
El primer ministro francés, Manuel Valls (centro), este domingo en París, en la estación de tren de Montparnasse.

Los centristas y conservadores de Unión para un Movimiento Popular (UMP) recuperaron este domingo el control del Senado francés en su imparable reconquista de parcelas de poder desde que perdieron las elecciones presidenciales y generales de 2012. Los previsibles resultados de los comicios parciales a la Cámara alta —se renovaba la mitad de los 348 escaños— han supuesto otra derrota para el Partido Socialista (PS) en su también imparable pérdida de apoyos. Por vez primera, el ultraderechista Frente Nacional entra en el Senado. Tendrá dos escaños.

El presidente, François Hollande, y su primer ministro, Manuel Valls, afrontarán ahora aún más escollos con sus polémicas reformas. La ajustada mayoría absoluta con la que contaba desde hace tres años la izquierda (178 escaños —de los que 128 eran del PS y el resto, de grupos afines— frente a 166 de la derecha, de los que 130 eran de la UMP) se ha dado la vuelta a favor de los conservadores, que ahora dispondrán de entre 187 y 190 senadores, mientras la izquierda tendrá entre 152 y 155, a la espera del escrutinio final y de la asignación de los escaños a los distinos grupos. La derecha, por tanto, supera ampliamente la mayoría absoluta.

La UMP suma una quincena de escaños a los 130 que tenía. Sus socios de la Unión de Demócratas e Independientes también ganan media docena. En la izquierda, los socialistas pierden al menos 14, y 10 sus socios radicales y comunistas.

El ex primer ministro Raffarin aspira a presidir el hemiciclo

Las alegrías para la UMP y los disgustos para el Partido Socialista comenzaron desde que arrancó el recuento. Era solo el inicio del calvario para los socialistas. En Corrèze se dejó su escaño Bernard Combes, muy próximo a Hollande. “Nos sentimos decepcionados”, reconocía anoche el primer secretario de los socialistas, Jean-Christophe Cambadélis. “La UMP muestra que es un partido sólido”, señalaba el secretario general de la formación, Luc Chatel.

Han sido muy excepcionales los lugares donde la izquierda ha arrebatado escaños a la derecha. Y en una mayoría de casos, la izquierda se ha contentado con mantener sus puestos. Uno de los que ha revalidado su escaño, en este caso en Vienne, es el ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin (UMP), aspirante a sustituir en la presidencia de la Cámara al socialista Jean-Pierre Bel, que decidió no presentarse a revalidar su escaño.

El interés de la jornada estaba también en dilucidar si el ultraderechista Frente Nacional lograría entrar por vez primera en el Senado. Cumplieron su objetivo los dos candidatos con más opciones en el sureste del país, donde los ultraderechistas tienen un creciente granero.

Stéphane Ravier, de 45 años, alcalde desde marzo del séptimo sector de Marsella, el más importante de la ciudad, lo consiguió con el 12,4% de los votos en el departamento de Bouches-du-Rhóne, donde ocho listas pugnaban por repartirse otros tantos escaños. El segundo, David Rachline, de 27 años, alcalde de Fréjus, en el departamento de Var, también lo logró con el 19%.

Para Marine Le Pen, líder del partido, que había presentado candidatos en los 59 departamentos en los que se votaba este domingo, lo ocurrido en la jornada de este domingo es “histórico”.

La división interna socialista les hizo perder tres escaños en el departamento de Marsella. De los ocho en disputa, tres se los llevó Jean-Noël Guérini, apartado del PS, tres fueron para la UMP, uno solo para los socialistas y el octavo para el FN.

Marine Le Pen califica de “histórica” la jornada electoral

Con este triunfo de la UMP, en plena renovación tras el regreso de Nicolas Sarkozy, el centro derecha reconquista una Cámara que lleva controlando medio siglo, con la única excepción de los tres años pasados. El triunfo del centroderecha supone una nueva inyección de moral para el primer partido de la oposición, pese a estar arruinado y aún sin líder, a la espera de elegirlo en noviembre.

La clave ha estado en el particular sistema de estas elecciones al Senado francés, cuyos miembros son elegidos para seis años aunque la Cámara renueva la mitad de parlamentarios cada tres años. Los senadores son elegidos por votación indirecta por los llamados grandes electores, que son los parlamentarios de la zona, los consejeros de las asambleas provinciales y regionales, y los concejales de comunas o ayuntamientos. Este último grupo representa el 95% de todos los 87.734 grandes electores que votaron este domingo.

Puesto que en las pasadas elecciones municipales, celebradas en marzo, la derecha vapuleó a la izquierda —que perdió 155 ciudades con más de 9.000 habitantes y obtuvo el 40,5% de los votos frente al 45,9% de la UMP—, el voto de este domingo ya estaba decantado ineludiblemente a la derecha.

Más allá del nuevo deterioro para la izquierda y la pérdida de apoyos, las consecuencias prácticas del vuelco en la Cámara alta no son muy graves para el Ejecutivo. El Senado tiene unas competencias más reducidas que la Asamblea Nacional. En caso de discrepancia, el Gobierno puede disponer que la Cámara baja tenga siempre la última palabra.

Sin embargo, una mayoría de senadores del centroderecha podrá entorpecer y retrasar mucho los debates y tramitaciones de proyectos de ley, y especialmente las reformas que Hollande y Valls quieren sacar adelante contra viento y marea. Una mayoría de la oposición en la Cámara alta les dará bastantes dolores de cabeza. De eso se encargará Sarkozy, lanzado en esa “larga marcha”, como él la denomina, hacia el Elíseo.

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