La división en las filas socialistas oscurece el primer paso en las reformas de Valls

El Gobierno acude a un resorte constitucional para imponer su voluntad a los diputados rebeldes

Manuel Valls junto al ministro de Economía francés, Michel Sapin
Manuel Valls junto al ministro de Economía francés, Michel SapinJACQUES DEMARTHON / AFP

La división entre los socialistas franceses amenaza la puesta en marcha del ambicioso plan de reformas lanzado por su compañero de filas y primer ministro, Manuel Valls, y pone incluso en riesgo la estabilidad del Ejecutivo. La Asamblea Nacional francesa dio ayer su aprobación al primer paquete legislativo de las reformas –bajadas de impuestos y recortes ministeriales-, con el voto de la mayoría de los 41 diputados socialistas “rebeldes”, pero estos aseguraron que la semana próxima votarán en contra del segundo paquete –bajadas de cotizaciones sociales a las empresas y congelación de pensiones-, mucho más crucial para poner en marcha el Pacto de Responsabilidad expuesto el pasado enero por el presidente François Hollande. Los diputados rebeldes, que ya actúan totalmente al margen de su grupo parlamentario (290 escaños), han coordinado en los últimos días la presentación de enmiendas con ecologistas (18), o la izquierda radical (15), por lo que su voto para torcer la mano al Gobierno en algún punto concreto –si se sumaba la oposición de derechas (199)- hubiera puesto al Ejecutivo en serios aprietos al verse privado el suficiente apoyo parlamentario.

Para evitar ese peligroso escenario, Valls ha protagonizado dos iniciativas en las últimas horas. La primera se produjo pocas horas de la votación de ayer. El primer ministro reunió a su grupo parlamentario y les exigió poner fin a la división interna. “No deseo la disolución de la Asamblea”, advirtió con solemnidad, “pero no seré nunca el jefe de un Gobierno que no avanza”.

Unas horas después, los rebeldes anunciaban que votarían a favor del primer paquete reformista (307 votos a favor, con la suma de ecologistas, y 232 en contra). Pero no daban su brazo a torcer con el segundo, relativo a los ajustes en la Seguridad Social que benefician especialmente a los empresarios. “Hoy votamos a favor porque las medidas benefician a cuatro millones de familias con bajos salarios, pero no lo haremos de nuevo, declaró Christian Paul, uno de los rebeldes. “Esa ley no se puede votar”, había dicho Jean-Marc Germain, otro de los rebeldes, exjefe de Gabinete de Martine Aubrey, alcaldesa de Lille y exministra de Trabajo. Brulo Le Roux, el jefe del grupo socialista, afeó a los rebeldes su “falta de coraje” para votar solo a favor de las rebajas fiscales y no de las medidas que exigen esfuerzo. La actuación por libre de los 41 rebeldes arrancó cuando en abril se abstuvieron en la votación de ajuste presentado por el Gobierno.

Los diputados socialistas rebeldes rechazan apoyar nuevas reformas

Pero la segunda iniciativa de Valls para parar los pies a los rebeldes es mucho más significativa de la voluntad del Ejecutivo de sacar adelante las reformas. En la noche el lunes, el secretario de Estado de Presupuestos, Christian Eckrat, anunció que, para el debate de las enmiendas sobre ese segundo paquete legislativo, el Gobierno ha echado mano de una excepcional medida constitucional según la cual el Ejecutivo puede decidir que solo se vote el texto en su conjunto, y no enmienda tras enmienda, o que solo se debatan y se voten las enmiendas que desee el Gobierno.

Para los rebeldes, se trata de un freno “intolerable” a la actividad parlamentaria. Para la Unión para el Movimiento Popular (UMP), es la prueba de que “el primer ministro ha perdido la mayoría parlamentaria” y, por tanto, Francia se asoma al peligro de la parálisis institucional en plena crisis política y económica.

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Los dos paquetes legales que recogen en buena medida las reformas planteadas por Hollande se denominan “proyectos de ley rectificativos” de las cuentas públicas de este año. El aprobado ayer incluye recortes de partidas ministeriales (127 millones en Trabajo, 189 en investigación, 350 en Defensa o 113 en Medio Ambiente) hasta alcanzar los 4.000 millones, así como rebajas de impuestos a las rentas más bajas que supondrán unos 350 euros de ahorro por persona afectada y año.

No seré nunca el jefe de un Gobierno que no avanza Manuel Valls

El proyecto rectificativo sobre la Seguridad Social todavía pendiente es el paso más crucial dentro de ese plan de ajuste de Hollande estimado globalmente en 50.000 millones entre 2014 y 2017. Solo las rebajas de cotizaciones sociales e impuestos a las empresas en este segundo paquete ascenderán en total a unos 30.000 millones en el trienio. Además, se mantienen congelados los sueldos de los funcionarios y las pensiones, salvo las inferiores a los 1.200 euros.

Mientras el Gobierno y los socialistas emplean sus fuerzas en estos pulsos internos, los datos preocupantes se acumulan. La deuda pública ha vuelto a crecer y roza los dos billones de euros (93,6% del PIB), el desempleo acaba de superar el histórico hito de los cinco millones de parados y el crecimiento será este año (0,7%, según los expertos) inferior al 1% previsto por el Gobierno. En la calle, mientras, la tensión social aumenta con las protestas y huelgas de ferroviarios, eventuales del espectáculo, controladores… Sólo los empresarios exigen en alto al Gobierno que ponga en marcha cuanto antes las reformas que plantea.

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