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Costa Rica cierra su larga campaña electoral con clara ventaja opositora

A tres días de la elección, el favorito Luis Guillermo Solís no para de pedir votos. Mientras, el oficialismo busca apoyo a pesar del retiro de su candidato Araya

Luis Guillermo Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana.
Luis Guillermo Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana. AFP

Los siete meses de campaña electoral en Costa Rica han acabado este miércoles para entrar en la veda publicitaria, tres días antes de la elección en segunda ronda que tiene al opositor Luis Guillermo Solís como probable ganador ante el candidato oficialista Johnny Araya, retirado de la competencia un mes antes.

La contienda que comenzó de manera oficial el 2 de octubre cerró como nadie habría sospechado: con una ventaja clara a favor del candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), desconocido hasta hace pocos meses, y con el del Partido Liberación Nacional (PLN) rendido ante la falta de apoyo popular y de dinero para mantenerse en campaña. A esta agrupación, sin embargo, se le reconoce aún como la mayor maquinaria electoral y sus dirigentes se mantienen pidiendo el voto por Araya.

Sin un solo anuncio publicitario del PLN y apenas alguna presencia del PAC, la campaña finaliza y quizás nadie lo lamente. Fue tan larga que Araya, exalcalde de la capital, comenzó como el favorito y acabó rendido tras la primera ronda, aunque con opciones de competir en el balotaje. Lo fue tanto que permitió a Luis Guillermo Solís presentarse en su condición de profesor universitario y catapultarse como la opción moderada para gobernar el país a pesar de que su partido obtuvo solo 13 de las 57 curules del Legislativo.

En medio hubo discusiones ideológicas y religiosas, pero al final Solís supo encarar con su estilo en apariencia conciliador, con el apoyo de jóvenes y un sector de la población que clama por cambios políticos tras varias décadas de bipartidismo y ocho años de gobiernos del PLN. Tan cerca se ve Solís de su triunfo, que sus actividades de cierre de campaña las combina con el diseño del gabinete para asumir el poder a partir del 8 de mayo.

“Es prioritario y no tenemos ya mucho tiempo”, contestó Solís a la prensa, en referencia a la conformación de equipo de gobierno, que deberá comenzar funciones un mes después de la elección. Solís se dice consciente de la necesidad de incluir miembros más allá de su agrupación para dar señales de la convergencia nacional que se impone para el sistema político, con el Congreso dividido en cuatro bloques más varias minorías con poderes de veto en la práctica, además de los grupos de presión. “El próximo domingo me convertiré, Dios primero, en el presidente de todos y todas las costarricenses; no habrá revanchismo”.

Lo inminente, sin embargo, es la elección de este domingo, para la cual Solís mantiene la meta de obtener un millón de votos, la tercera parte del electorado. Esto lo obligaría a aumentar su caudal de votos en un 50%, en comparación con el apoyo obtenido en la primera ronda, el 2 de febrero. Pronósticos de voto no hay más que en las conversaciones de bar, en los programas de opinión, en taxis o de redes sociales, porque nadie publicó encuestas después de la decisión de Araya de abandonar la contienda.

No todos necesitan encuestas. Al menos seis embajadores le pidieron ya su número de teléfono celular para estar listos por si sus Jefes de Estado quisieran llamarlo y felicitarlo este domingo por la noche, contó el candidato. Ya recibe también protección de guardaespaldas y habla de sus primeras acciones al tomar el poder: decisiones en materia de infraestructura y anticorrupción, dos temas que sobresalen en las preocupaciones populares.

Johnny Araya se mantiene atrincherado. La última fotografía que se le conoce en la prensa lo presenta en sandalias y pantaloneta de estampado tropical en un supermercado de una playa de la costa del Pacífico Central. Solís, en cambio, no para de pedir que voten. En juego está la solidez del mandato para gobernar y tampoco quiere fiarse: el PLN está herido y esta larga campaña ha demostrado que las sorpresas juegan.

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