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Un accidente mortal revela las escuelas de terroristas suicidas yihadistas en Irak

Un instructor mata a 22 reclutas al explotar por error las bombas que estaba manejando

Trabajadores del Ayuntamiento de Bagdad limpian las calles de la ciudad tras la explosión de un coche bomba el pasado jueves. Ampliar foto
Trabajadores del Ayuntamiento de Bagdad limpian las calles de la ciudad tras la explosión de un coche bomba el pasado jueves. AFP

La explosión accidental de un coche bomba que el lunes mató a un entrenador de terroristas suicidas y a 20 de sus alumnos ha desatado la preocupación sobre la creciente fuerza que está cobrando el Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), el grupo terrorista que gestionaba el campo de entrenamiento donde se ha producido la detonación. Fuentes policiales han explicado que el accidente, causado por una maniobra equivocada del mismo instructor, se produjo en la ciudad de Samarra, 75 kilómetros al norte de Bagdad.

Las fuerzas de seguridad, que se han desplazado hasta el lugar de la explosión alertadas por el ruido del estallido, han detenido a 22 sobrevivientes —15 de los cuales han resultado heridos— y han descubierto siete coches bomba listos para explotar, cinturones equipados con explosivos y varias armas. El entrenador de terroristas que ha causado la explosión no ha sido identificado, pero un oficial del Ejército iraquí ha declarado al periódico estadounidense The New York Times que se trataba de un prolífico reclutador. “Esta vez ha matado a los malos”, añadió el oficial iraquí.

Y es justo el número tan elevado de terroristas lo que ha hecho saltar las alarmas. El ISIS se ha demostrado capaz de reclutar alrededor de cuarenta suicidas dispuestos a inmolarse, lo que implica un número mucho mayor de potenciales víctimas. “Es un fenómeno muy preocupante, pero es solo la punta del iceberg. Si tenemos en cuenta que solo en Bagdad hay en media cuatro o cinco ataques suicidas cada semana tenemos que asumir que estos terroristas están muy bien ramificados en el territorio”, apunta en conversación telefónica Bill Roggio, un exmilitar estadounidense experto en terrorismo que hoy dirige el blog especializado The Long War Journal. “Es imposible pensar que el de Samarra sea el único campo de entrenamiento del ISIS y que este accidente no mermará el potencial de este grupo”.

El ISIS es un grupo extremista, rechazado incluso por Al Qaeda por su violencia contra los musulmanes, que reúne a miles de yihadistas de numerosos países y que opera entre Siria e Irak. También se cree que es el grupo que tiene secuestrados a una veintena de periodistas, entre ellos los españoles Ricardo García Vilanova, Javier Espinosa y Marc Marginedas.

Roggio hace hincapié en que el campo de entrenamiento en la provincia iraquí de Saladino (donde se ha producido el accidente) forma parte de una red establecida que también incluye las provincias de Anbar, Dilaya y en Nivene, cerca de la frontera con Siria, que se ha transformado en uno de las principales puntos de intercambio de yihadistas entre los dos países. Mosul, la capital de Nivene, es hoy en día un centro de financiación para las organizaciones terroristas.

Aunque las actividades del ISIS estén aumentando sobre todo en Irak, el analista subraya la importancia de la guerra civil siria en el fortalecimiento del grupo terrorista. La organización se ha aprovechado sin duda de la guerra civil siria. Los intercambios de armas y el flujo de milicianos entre los dos países se ha intensificado en el marco del yahidismo internacional”.

La consolidación del entramado más allá de las fronteras iraquíes no altera la actividad terrorista en el país. El mismo día del accidente en el campo de entrenamiento, el presidente del Parlamento Osama al Nujaifi ha escapado de un intento de asesinato al explotar una bomba debajo de su convoy en Mosul. Uno de sus guardaespaldas resultó herido, según fuentes policiales y médicas.

La ciudad es una de las zonas más violentas de Irak, con frecuentes ataques contra las fuerzas de seguridad, funcionarios gubernamentales y civiles. Desde 2013, la violencia en el país ha alcanzado niveles cercanos a los de 2008, con más de 1.000 muertos en solo el mes de enero, según el gobierno. Los ataques se concentran sobre todo en Bagdad, en el oeste —predominantemente suní— y el norte del país.