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Sísifo catalán

No hay nuevo guion. Es el de siempre. Las mismas discusiones, las mismas dificultades, incluso las mismas palabras. Con tripartito incluido: esto de ahora ya es evidente que tiene tres patas, tan discordantes como los trípodes anteriores, inestable por definición, sin autoridad presidencial capaz de fijarlo. Y también es evidente que pediremos la luna y terminaremos a ras de suelo, Sísifos catalanes condenados a trasportar la piedra hasta lo alto antes de que vuelva a caer una y otra vez al pie de la montaña.

Estamos en mitad de la recesión más pavorosa que hayamos vivido las actuales generaciones. La Unión Europea se fragmenta y evapora a ojos vista. Nuestro sistema de bienestar social se va cayendo a pedazos. El sistema político que nos ha dado paz, estabilidad y prosperidad en los últimos tiempos se halla carcomido por la termita de la corrupción. Las instituciones, arrastradas por el barro del desprestigio. Y a unos pocos miles de kilómetros las katibas del terrorismo de Al Qaeda asaltan las plantas de gas que calientan nuestros hogares e intentan hacerse con el poder de un Estado entero en el corazón geoestratégico de Africa.

Mientras tanto, nuestros diputados recién electos siguen dándole al lápiz con su declaración. De soberanía, por supuesto. Económica, política y energética incluso, si se quiere. Precisamente lo que estamos perdiendo por todos lados y vamos a seguir perdiendo unos y otros y todos juntos si no reaccionamos. Y no es una ironía, sino fruto de una creencia cada vez más intensa y extendida.

Cuidado, se nos dice, no es una cuestión meramente subjetiva, sino expresión de una voluntad popular expresada en las urnas y que obliga como mandato a los gobernantes. La realización de una declaración de soberanía estaba en el programa de la mayoría salida de las urnas y hay por tanto una obligación de aplicarla.

Bien, bajemos de la estratosfera y atendamos por un momento a esta idea. La teoría del mandato electoral parte de una creencia difícil de sustentar. Y es que las elecciones no sirven para contar con diputados que hagan y voten leyes y Gobiernos que las apliquen y gobiernen, sino que hacen hablar al conjunto de los ciudadanos como si fueran un individuo para dar instrucciones concretas: hacer una declaración de soberanía, por ejemplo. Es el pueblo que habla.

Cabría entenderlo así en los sistemas presidenciales, como el francés o el estadounidense, aunque con la salvedad de que el mandato popular que recibe el presidente puede entrar en contradicción con el mandato popular del Parlamento o sucede con la presidencia francesa de vez en cuando con la cohabitación. Pero no es este el caso de Cataluña.

No lo es a pesar de la presidencialización electoral que funciona en España y de la especial presidencialización catalana, fruto de la huella de Tarradellas y Pujol. No lo es tampoco porque hay varios niveles de elección y de Gobierno, igualmente legítimas, y no en todas las ocasiones arrojan resultados concordantes. Y sobre todo no lo es por los últimos resultados electorales, que fueron una denegación en toda regla de la presidencia plebiscitaria planteada por la campaña de Artur Mas.

Toda la hoja de ruta de la transición nacional debía ser de un tenor totalmente distinto con una mayoría absoluta de CiU y un Parlamento con una mayoría abiertamente soberanista de más de dos tercios, los necesarios para la reforma estatutaria. Artur Mas habría tenido manos libres y mandato electoral. Ahora no tiene ni lo uno ni lo otro. Está en manos de Junqueras y no tiene mandato presidencial para liderar y negociar en nombre del pueblo soberano como pretendía.

Los mandatos electorales solo se podrían tener en cuenta si “reflejaran puntos de vista estables tanto de los electores individuales como del conjunto del electorado”, según señala la autorizada voz de Stanley Kelley en un libro clásico como Interpreting elections. Estamos exactamente en la situación opuesta, en uno de los momentos más volátiles de la vida política de los últimos 40 años, tal como reflejan las elecciones y las encuestas. Y es difícil creer que la medicina ante tanta inestabilidad sea crear más inestabilidad.

Comentarios

Incidir en la inestabilidad para alcanzar la estabilidad, como intentar llenar ánforas rotas, arquetipo del trabajo inútil del que dieron buena muestra las Danaides.
Gracias, Lluis por acordarse de mi ;=)! Aunque discrepo rotundamente. El mandato existe: nunca hubo tanta participacion a unas eleciones autonomicas en Catalunya. Que el voto en favor de la autodeterminacion sea transversal, solo puede beneficiar a los catalanes. Puesto que, como decia Ernest Maragall hoy en La Vanguardia, se trata de "fer pais" no de posiscines politicas. No recuerdo ninguna nacion que se halla convertido en Pais que no haya votado una constitucion que hallan vertebrado todas las sensibilidades politicas (o al menos, todas menos las pequenyas minorias) ya que sin una mayoria que represente a la mayoria de la poblacion lo de "fer pais" deja de tener sentido. Cuando casi el 80% de un parlamento defiende una causa, esta es mas que legitima. Cuando casi el 55% es publicamente independentista, es legitimo. Ese mandato existe pués. A pesar de la negacion de la realidad de comentaristas, como Vd. Si rehusa admitir la realidad, como el PSOE y el PP, solo provocara enfrentamientos porque no hay peor desprecio que el de negar los hechos, la realidad.Hoy Ernest Maragall decia que el choque de trenes ya estaba aqui. Cuanta razon tiene!Cuando la realidad es que hubo entre 600.000 y 1 millon de personas en la calle pidiendo la independencia y 80% de un parlamento en favor de la pregunta fatidica, poco se puede decir aparte de que no hay mas salida que dialogar sobre bases aceptables y no imponer una legalidad que no se corresponde con la realidad.Hubiera esperado de Vd. un poco mas de objetividad y menos marear la perdiz. La realidad es la que es.Cuando en Europa se condena la financiacion de Catalunya y la responsabilidad del Estado Central espanyol en el deficit de Catalunya, una persona de su calidad se debe de tenerlo en cuenta y opinar sobre hechos.Vd. sabe, como yo, que una democracia que funciona a golpe de expertos en Derecho Constitucional no es una democracia.Una democracia donde los partidos mayoritarios son corruptos y facilitan la colusion estado/partidos/banca/empresas, no es una democracia.Si aun no ha despretado y no esta preparado para admitir que nuestra constitucion solo era una herramienta para salir del aislamiento internacional, entonces mi opinion sobre Vd. baja muchos enteros.No deberia Vd. caer en la trampa de los que unen la situcion mundial con la situacion espanyola, porque eso se llama demagogia.No hace falta ser un experto en economia para constatar que el modelo economico era obsoleto en 1982 y es obsoleto en 2013. La corrupcion y los empleos sin cualificacion, nos han hundido en la peor de las miserias. Ni los politicos han cambiado el modelo productivo, ni han creado puestos de trabajo para todos esos diplomados, educados para una sociedad que pone enfasis en el terciario. Nunca hemos tenido tantos diplomados y nunca hemos exportado tanta mano de obra cualificada y diplomados (enfermeras, medicos, ingenieros, gestores de empresa, marketing....).Por favor, admitamos todos el fracaso de este modelo y dejemos las rigideces mentales y programaticas. No hay ningun dogma de fé, esto es politica.Enfin, por favor, dejen Vds. de contarnos historias chinas y reconozcan la realidad.35 anyos de enganyo son suficientes, pfv. Las élites, como Vd., deben bajar de la burra ya y reconocer el estado del pais, asi como forzar un cambio politico y de mentalidades.Sin su colaboracion el cambio no sera posible, o, esta en su mano, lo convertiran Vds. en muy doloroso.My 2 cents.
No puedo mas que agradecerle, Lluis, su apertura de espiritu. Vd. admite el debate contradictorio, y es todo un honor departir (en la distancia) con Vd.Inaki Gabilondo borra sistematicamente mis comentarios. A pesar de ser estos, en todo momento, respetuosos.La verdad duele. O deberia decir, los hechos, la realidad, ya que la verdad es puramente subjetiva.Gracias de nuevo. No le repetiré la tan mentada frase de Voltaire, pero Vd. entera.Un saludo cordial.
Primera maxima del mentiroso, "la verdad es subjetiva".
Me temo, Bassets, que no tiene Vd. una clara percepción de lo que significa el resultado de las últimas elecciones catalanas. En lugar de ser "una denegación en toda regla de la presidencia plebiscitaria planteada por la campaña de Artur Mas", como Vd, afirma, muestra la extensión que "el derecho a decidir" ha alcanzado entre los votantes catalanes. Y, contrariamente a lo que Vd. y otros comentaristas interpretan, esto no quiere decir que los votantes representados por 107 (entre 135) diputados del Parlament sean partidarios de la independencia: quiere decir, exactamente, que estos votantes quieren ser consultados sobre cuál quieren que sea el futuro de las relaciones Catalunya-España (una de cuyas posibilidades es, sin duda, la independencia). Que no es lo mismo, aunque se lo parezca a aquéllos cuyas entendederas no admiten más matiz que el evangelístico "quien no está conmigo está contra mí".