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Ocho muertos en un nuevo ataque al norte de Nigeria

Las víctimas se suman a los 180 fallecidos tras la ola de atentados del pasado viernes

Las autoridades imponen el toque de queda en la ciudad de Kano tras la escalada de atentados

Una camioneta transporta los cadáveres de algunas de las víctimas de los ataques de la secta islamista Bioko Haram.
Una camioneta transporta los cadáveres de algunas de las víctimas de los ataques de la secta islamista Bioko Haram. AFP

Cuando parecía que Nigeria comenzaba a retornar a una cierta situación de calma, la violencia ha devuelto de golpe al país a su peor crisis desde la guerra civil de finales de los 60.

A la ola de atentados del viernes (obra del grupo terrorista radical islámico Boko Haram) en la ciudad septentrional nigeriana de Kano, en la que al menos 180 personas murieron, se suma un nuevo ataque que se ha cobrado la vida de otros ocho ciudadanos. El atentado, del que ha informado el diario local Daily Trust, ha tenido lugar en la ciudad de Tafawa, al norte del país. Esta ciudad ha sido históricamente escenario de enfrentamientos entre los cristianos de la etnia Sayawa y los musulmanes de la Hausa-Fulani.

Bukata Zhadi, secretario de los Consejos de Ancianos Cristianos Sayawa, ha asegurado que los atacantes utilizaron armas y explosivos y han dejado, además de los ocho muertos, un número de heridos aún por determinar.

Este ataque se suma a los atentados del pasado día 20, que comenzaron sobre las cinco de la tarde tras el rezo islámico de los viernes e incluyeron al menos dos suicidas bomba y varios ataques con explosivos y tiroteos. Se produjeron entonces hasta 20 explosiones, según algunos testigos. Otras dos explosiones se han oído esta mañana en Bauchi, otra ciudad del norte. Las bombas han destruido dos iglesias de la localidad aunque, según los primeros informes, estaban vacías y no hay víctimas.

El grupo islámico radical Boko Haram se ha declarado responsable de los atentados, realizados en represalia contra las autoridades, que no han aceptado liberar a presos miembros de la secta, según dijo un supuesto portavoz del grupo a un periódico local.

Es la primera vez que Boko Haram atenta en Kano, la segunda ciudad más poblada del país

Nigeria se encuentra dividida aproximadamente entre el sur, de mayoría cristiana, y el norte, más pobre y predominantemente musulmán. De hecho, en los 12 estados del norte rige la ley Sharia desde 1999.

Boko Haram ha amenazado de muerte a los cristianos que no abandonen sus hogares en el norte del país y mezcla exigencias religiosas con reivindicaciones políticas y económicas respecto al subdesarrollo de esta región nigeriana.

Sin embargo, este tipo de ataques indiscriminados en ciudades como Kano causan muertes también entre la población musulmana. Comunidades islámicas en el norte del país se han desmarcado de las acciones de la secta y han mostrado su apoyo a la población cristiana. Agencias de seguridad occidentales temen que Boko Haram esté aliada con la rama de Al Qaeda en África occidental.

Boko Haram está considerada responsable de la muerte de al menos 512 personas en 2011 y las autoridades también culpaban al grupo de al menos 76 muertes en lo que llevábamos de 2012 y antes de estos ataques en Kano, que por el momento había conseguido escapar de la violencia de las últimas semanas.

Objetivos oficiales

Los ataques fueron principalmente dirigidos contra las autoridades y fueron objetivo cinco edificios de la policía, dos oficinas de inmigración y la sede en Kano del Servicio de Seguridad el Estado -la policía secreta nigeriana-, según confirmó en un comunicado la policía.

La mayor detonación se produjo cuando un suicida bomba condujo un coche cargado de explosivos contra el cuartel regional de la policía. La explosión se sintió a varios kilómetros de la zona y permitió a varios presos escapar del cuartel, según testigos citados por las agencias de información.

Las autoridades impusieron un toque de queda de 24 horas el viernes por la noche pero, por el momento, no ha habido ningún comunicado o respuesta oficial del Gobierno.

De hecho, la capacidad de las autoridades nigerianas para lidiar con la violencia está en entredicho. El pasado martes, la policía reconoció que se había escapado el principal sospechoso de los atentados del 25 de diciembre, que costaron la muerte a 44 personas a la salida de la misa de Navidad.

El presunto criminal y supuesto miembro de Boko Haram fue arrestado el sábado 14 de enero pero consiguió evadirse el día siguiente cuando varios hombres armados atacaron el convoy policial que lo trasladaba de la comisaría a su casa, que los agentes querían registrar. Las autoridades han ofrecido una recompensa de 50 millones de nairas por su captura (unos 240.000 euros).

El propio presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, admitió el 8 de enero que teme que Boko Haram cuente con simpatizantes y apoyo entre algunos miembros de su Gobierno. "La situación es incluso peor que durante la guerra civil", dijo entonces en referencia a la guerra de Biafra, que entre 1967 y 1970 provocó la muerte de entre uno y tres millones de personas en Nigeria.

Además, la semana pasada Nigeria vivió una serie de protestas en las principales ciudades del país tras la decisión del presidente de eliminar el subsidio a la gasolina. Tras varios días de huelga general, los sindicatos desconvocaron las protestas cuando el Gobierno accedió a una cierta rebaja del precio del combustible, que se había doblado desde la retirada de la subvención.

Nigeria es el mayor exportador de crudo de África con una producción diaria de unos 2,4 millones de barriles. Sin embargo, el país no cuenta con refinerías y tiene que importar el combustible. La mayoría de la población vive bajo la línea de la pobreza y el país no ha conseguido desarrollarse a pesar de su riqueza en recursos naturales.