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Un Nobel de la Paz en el olvido

Cinco galardonados lanzan una campaña por la liberación del disidente chino Liu Xiaobo

Liu Xiaobo, disidente chino y premio Nobel de la Paz de 2010
Liu Xiaobo, disidente chino y premio Nobel de la Paz de 2010 EFE

Cinco premios Nobel de la Paz han lanzado una campaña para pedir la liberación del disidente chino y Nobel de la Paz en 2010, Liu Xiaobo. El grupo, del cual forma parte, entre otros, el arzobispo surafricano icono de la lucha contra el apartheid Desmond Tutu, ha denunciado que Liu es el único premio Nobel que se encuentra preso en la actualidad y ha acusado a la comunidad internacional de haber olvidado su causa. Además, asegura que el Gobierno chino está silenciando a la familia de Liu y a sus amigos. La iniciativa a favor del defensor de la democracia chino fue puesta en marcha la semana pasada, en vísperas de la entrega del galardón de la Paz de 2011.

“La comunidad internacional parece haber olvidado que un año después de la ceremonia de entrega del premio, Liu Xiaobo permanece encarcelado en China en duras condiciones”, ha afirmado el grupo en un comunicado. “El comité pide a todos aquellos comprometidos con la libertad de pensamiento y de opinión que se unan al comité en sus esfuerzos para conseguir la liberación de Liu Xiaobo”.

Liu, un antiguo profesor, de 55 años, fue sentenciado a 11 años de prisión el 25 de diciembre –día de Navidad- de 2009 por “incitar a la subversión del poder del Estado”, un cargo de borrosa definición, utilizado normalmente por las autoridades chinas para silenciar las voces críticas. Liu lideró la redacción de la Carta 08, un atrevido manifiesto que pedía el fin del gobierno de partido único, un sistema judicial independiente, libertad de asociación, religión y prensa, y la instauración de la democracia.

La carta abierta provocó gran inquietud a Pekín por su contenido y porque iba firmada por 300 intelectuales, entre ellos, académicos, abogados, periodistas y artistas. Está inspirada en la Carta 77, redactada en la antigua Checoslovaquia, que conduciría en 1989 a la Revolución de Terciopelo, que barrió al régimen comunista.

Además de Tutu -Nobel en 1984-, forman parte del Comité Internacional de Apoyo a Liu Xiaobo los siguientes galardonados por la Paz: la abogada pro democrática iraní Shirin Ebadi (premiada en 2003), la activista estadounidense contra las minas terrestres Jody Williams (1997), y Mairead Maguire y Betty Williams, que fueron laureadas en 1976 por su lucha por la pacificación de Irlanda del Norte. El comité, en el cual están también el ex presidente checo Vlacav Havel y miembros de varias organizaciones de derechos humanos, ha pedido “la liberación inmediata e incondicional” de Liu.

La concesión del Nobel al disidente chino enfureció a Pekín, que la calificó de “obscenidad”, injerencia en sus asuntos internos e intento de desestabilizar el país para impedir su progreso. Para las autoridades, Liu es un “criminal” y un “separatista” que pretende derrocar al Gobierno.

Tras su elección, Pekín suspendió las conversaciones con Noruega sobre un pacto de libre comercio y ordenó estrictos y largos controles veterinarios al salmón del país escandinavo. Los cinco miembros del comité del Nobel de la Paz son nombrados por el Parlamento noruego, pero son independientes de este y del Gobierno. Hong Lei, portavoz del Ministerio de Exteriores, ha dicho que las relaciones con Oslo siguen siendo “difíciles”.

Vigilancia policial a su esposa

A raíz del premio, la esposa de Liu Xiaobo, Liu Xia, fue sometida a continua vigilancia policial. Las organizaciones de derechos humanos aseguran que está, de hecho, bajo detención domiciliaria, sin conexión telefónica ni Internet, a pesar de que no existen cargos contra ella; tan solo se le permite ver a unos pocos familiares. También afirman que, durante el último año, las autoridades solo han dejado salir de la cárcel a Liu Xiaobo en una ocasión, cuando murió su padre. Ni Liu ni su mujer pudieron asistir a la ceremonia de entrega del Nobel el año pasado en Oslo, donde su ausencia fue simbolizada por una silla vacía. Hong Lei ha insistido que el caso de Liu Xia está siendo tratando “de acuerdo con la ley”.

Las organizaciones Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) han instado al Gobierno chino a que libere a Liu Xiaobo, y han señalado su inquietud por lo que consideran un empeoramiento de la situación de las libertades en el país asiático.

“Es hora de convertir el avance de los derechos humanos en casos individuales en un punto de referencia real para las relaciones con China”, ha dicho Sophie Richardson, directora para China de HRW. “Cuando los Gobiernos y los líderes de visita dejan de apelar públicamente a los altos funcionarios chinos por su tratamiento indefendible de los defensores de los derechos humanos, están permitiendo con ello que Pekín concluya que no tiene que pagar ningún precio por las violaciones”. Richardson también ha evocado los casos de Gao Zhisheng -un abogado desaparecido desde hace año y medio-, y Chen Guangcheng, un activista ciego que asegura que ha recibido graves palizas por parte de la policía en su casa, donde se encuentra detenido ilegalmente desde que fue liberado en septiembre de 2010.

Por otra parte, los organizadores del Premio Confucio de la Paz –una supuesta alternativa al Nobel- entregaron el viernes pasado a dos estudiantes rusas en Pekín el galardón de este año, concedido al primer ministro ruso, Vladimir Putin. Un grupo llamado Centro Chino Internacional de Investigación sobre la Paz instituyó el año pasado el Premio Confucio, en respuesta a la concesión del Nobel a Liu Xiaobo, con el objetivo de representar “la visión del pueblo chino sobre la paz”. El organismo anunció en noviembre que el galardón ha sido otorgado este año a Putin porque durante su presidencia (2000-2008) “logró una extraordinaria mejora del poderío militar y el estatus político de Rusia”, informa Associated Press. Sus organizadores son profesores y académicos, que se declaran independientes del Gobierno.