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Bru Rovira | Premio ortega y gasset de periodismo

“El reto en la era digital es conjugar rapidez con profundidad”

El reportero premio Ortega y Gasset reflexiona sobre las oportunidades y desafíos que el advenimiento de la era digital presenta al periodismo. La clave, según Rovira, es aprovechar las nuevas herramientas sin perder el contacto humano y el espacio para pensar.

El periodista Bru Rovira, en abril de 2004, tras ser galardonado con el premio Ortega y Gasset.
El periodista Bru Rovira, en abril de 2004, tras ser galardonado con el premio Ortega y Gasset.

El advenimiento de Internet y el desarrollo de la tecnología digital han abierto nuevas y extraordinarias oportunidades para el periodismo. Los reporteros tienen un acceso sin precedentes a documentos, fuentes o noticias publicadas por cabeceras de países lejanos; nuevas posibilidades para transmitir sus informaciones; una capacidad ilimitada de actualizar las noticias. Pero, junto con las oportunidades, la era digital presenta grandes desafíos para el oficio del periodismo. Redacciones de todo el mundo llevan años trabajando para resolverlos. Bru Rovira (Barcelona, 1955), reportero premiado en 2004 con el premio Ortega y Gasset por su cobertura de la guerra en la República Democrática de Congo, ofrece su punto de vista sobre algunos de ellos en esta entrevista.

La visión de Rovira es clara. “Internet es una extraordinaria herramienta que se puede utilizar para regenerar el periodismo. Pero no es el periodismo. Hay que tener cuidado con el espejismo de que todo está en la Red y que por tanto se puede explicar todo lo que ocurre estando sentados ante una pantalla. Eso es falso. El periodismo es ver, vivir, estar, no leer. Es necesario defender el contacto humano. Y es importante evitar que la exigencia de rapidez borre el espacio para la investigación y la reflexión”, comenta, en una conversación telefónica desde Cataluña.

Es necesario defender el contacto humano y el espacio para la reflexión

La velocidad de vértigo que la web ahora impone a los periódicos es uno de los retos que más inquieta a los periodistas de prensa en general, y en especial a los del área internacional, que de manera más acentuada necesitan tiempo para desembarcar en países lejanos y comprender lo que ocurre. “El concepto de rapidez es bueno para el periodismo. La información es algo que está pasando en el momento. Pero -en el periodismo así como en el modo de vida contemporáneo, el capitalismo de consumo frenético- es un concepto que va a contracorriente de lo que es la reflexión, la profundidad y el propio ritmo de la historia y de la vida humana. Tenemos un conflicto entre rapidez como un valor positivo y como enemigo de los contenidos de calidad, de la profundización de la experiencia personal del que escribe, de la calidad literaria. El gran debate es cómo hacemos un periodismo de calidad cuando hemos perdido el tiempo que se necesita para hacerlo. Cómo conjugamos la rapidez con la profundidad. La rapidez está bien, pero no sirve para nada si no está metida en unos railes en los cuales se privilegia la investigación, la profundización, el contexto. Si no tenemos el tiempo mental de entender las cosas, no podemos explicar nada”.

Otro de los desafíos que preocupa a las redacciones es el riesgo de homogenización de los contenidos. Todo está online, todos miran lo que hacen la competencia y las cabeceras de referencia internacional, y muchos tienden a adoptar enfoques muy parecidos. “Esto no es un peligro. Esto es un hecho que está ocurriendo desde hace años. Se tiende a hablar siempre de lo mismo. Se va perdiendo la pluralidad y la subjetividad de la mirada”, dice Rovira.

Es importante aplicar con firmeza el criterio periodístico. Si no, se impondrá el de la audiencia

En algunos casos, otro elemento distorsiona el criterio periodístico propio de la prensa: la dictadura de la audiencia. En el pasado, el único elemento de medición era la circulación, que concernía a una cabecera en su conjunto. Ahora, se mide la audiencia de cada noticia o reportaje. “En estas circunstancias, es más importante que nunca que se apliquen con firmeza los criterios periodísticos. Si no, se va a imponer como criterio lo que los lectores leen más. En los últimos diez años, la parte más emotiva, más espectacular, más morbosa de las cosas que ocurren se ha ido convirtiendo cada vez más en un flash que tapa todo lo demás. Se impone el criterio de la audiencia y resulta normal publicar cosas que o no tienen mucha importancia o que no se explican cómo se debería. Esto es una tragedia. Una degeneración del periodismo hacia producto comercial”.

La magnitud de los desafíos no reduce la grandeza de las ventajas. “La oportunidad es brutal. De una dimensión alucinante. Las herramientas de trabajo son extraordinarias. Solo tenemos que encontrar el equilibrio para utilizarlas bien. Evitar que los periodistas se queden estancados ante las pantallas, el periodismo oficinista. Cualquiera que haya salido un poco de la redacción sabe por qué. Por mucho que uno se prepare y lea todo lo que puede, cuando se llega a un país las cosas nunca son como se han imaginado. La realidad es otra cosa. Esto explica que el periodismo tiene una necesidad básica de ir a los sitios, de escuchar a la gente, de ver personalmente las cosas. Ver, no leer. Leer es necesario, pero para poder ver mejor”.