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La ONU condena "los crímenes de guerra" perpetrados en Gaza

El informe contra Israel y Hamás contempla la intervención del Tribunal Internacional de Justicia

Nunca fue bienvenido en Israel el juez Richard Goldstone, y menos aún lo será el contundente informe que ha remitido hoy al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la guerra que causó en Gaza 1.400 muertes —unos 800 civiles, 235 policías y alrededor de 300 milicianos—, arrasó miles de viviendas, cientos de fábricas, decenas de escuelas, hospitales y depósitos de agua el invierno pasado.

La misión de la ONU dirigida por el juez surafricano acusa a Israel de crímenes de guerra, y también a Hamás y demás grupos armados palestinos por el lanzamiento de cohetes sobre territorio israelí, que provocaron tres muertos civiles. Además, atribuye al Gobierno israelí la aplicación de un bloqueo económico, que cuenta con el respaldo de los países occidentales y de Egipto, destinado a castigar deliberadamente a la totalidad del millón y medio de palestinos que residen en la franja. A juicio de Goldstone, ambos bandos pudieron cometer también crímenes contra la humanidad.

El juez, fiscal jefe en los tribunales internacionales que dictaron sentencia sobre el genocidio de Ruanda y la guerra de Yugoslavia en la década pasada, ha anunciado que remitirá su informe al Tribunal Internacional de Justicia en La Haya si el Gobierno de Tel Aviv, que rechazó tajantemente cooperar con el equipo de juristas de Naciones Unidas, no accede en el plazo de seis meses a formar una comisión independiente que investigue "de buena fe" la matanza. Las consecuencias jurídicas sobre los líderes políticos israelíes responsables de la brutal operación militar son imprevisibles.

El informe de casi 600 páginas destaca que Israel empleó una "fuerza desproporcionada" y critica el "castigo colectivo" infligido a los habitantes de la franja. Si en la segunda guerra de Líbano murieron 10 libaneses por cada víctima israelí, en la contienda de Gaza fallecieron 100 palestinos por cada muerto israelí (10 soldados y tres civiles). "Teniendo en cuenta la planificación que se llevó a cabo, el empleo de la mejor tecnología disponible y la declaración del Ejército israelí de que no se cometieron errores, la misión concluye que los patrones de conducta analizados son resultado de decisiones políticas deliberadas", reza el informe. "La operación militar", continúa, "se dirigió contra la población de Gaza en su totalidad, para fomentar una política continuada destinada a castigar a la población...".

Quienes pisaron suelo de Gaza después de la embestida del Tsahal -el Gobierno de Ehud Olmert prohibió la entrada de medios de comunicación— quedaban boquiabiertos ante un panorama desolador que apenas mejora debido a la persistencia del bloqueo. Los tanques, aviones y artillería convirtieron en 23 días de guerra (desde el 27 de diciembre de 2008 hasta el 19 de enero) la zona del territorio palestino lindante con Israel en una sucesión incesante de montículos de escombros y amasijos de hierro. Dieciséis ministerios también fueron reducidos a ruinas; bombas de fósforo fueron arrojadas en áreas densamente pobladas.

El Ejecutivo israelí, tras el fiasco de la guerra de Líbano en 2006, trataba de restaurar su deteriorada capacidad de disuasión con un escarmiento en toda regla y se proponía evitar bajas entre sus filas a toda costa. Algunos soldados que regresaban del frente reconocieron que se disparaba a mansalva. "En la mayoría de los incidentes investigados, la pérdida de vidas y la destrucción provocada por las fuerzas israelíes fue el resultado del desprecio por el principio fundamental de distinción, que en la legislación internacional humanitaria exige diferenciar entre objetivos militares y civiles en todo momento...", apunta el informe. A las milicias palestinas les atribuye el mismo atropello por el lanzamiento de cohetes sobre áreas civiles.