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Reportaje:

"Han disparado contra la multitud"

Al menos 9 personas han fallecido hoy a manos de la policía de la ex Birmania.- Uno de ellos es un ciudadano japonés. - Algunos militares se han negado a disparar y otros se han ensañado contra los monjes

Nueva York / Yangon / Bangkok

Myanmar se sume en la violencia. La Junta Militar, que decidió ayer utilizar la mano dura contra los centenares de miles de personas que se manifiestan desde hace más de una semana en varias ciudades de Myanmar (ex Birmania), ha dado una vuelta de tuerca a la represión. Los militares han matado al menos a 9 personas, entre ellas el fotógrafo japonés de APF News de la imagen, identificado como Kenji Nagai, de 50 años, según ha corroborado el Ministerio japonés de Exteriores. Miles de manifestantes, hasta 70.000, según algunas fuentes, han vuelto a congregarse hoy en el centro de Yangon y a gritar consignas contra el régimen militar como "Venceremos", "Venceremos". La policía está registrando un hotel del centro en busca de periodistas. Mientras, el ministro birmano de Exteriores, el general Nyan Win, ha anunciado que recibirá al enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, a quien ya ha concedido un visado para entrar en el país, según informa France Press.

"Han disparado contra la multitud", afirma un testigo presencial de la dura represión que está viviendo Myanmar, en el blog que la cadena BBC ha abierto para dar voz a los ciudadanos que están viviendo la represión en Birmania. Otros testigo cuentan algunos militares se han negado a disparar contra los manifestantes, mientras que otros han apaleado a monjes, según recoge la agencia de noticias Misna. Los militares birmanos han vuelto a abrir el fuego en el barrio de Tawme, en la periferia de Yangon, después haberse enfrentado a los manifestantes en el centro de la ex capital birmana, según publica el periódico italiano repubblica.it.

Los cuerpos de seguridad de la Junta Militar que gobierna el país desde 1988 efectuaron disparos de advertencia, lanzaron botes de gas lacrimógeno y detuvieron a más de un centenar de personas para dispersar a los manifestantes, entre ellos monjes budistas, que volvieron a salir hoy para condenar el gobierno del país asiático. Según informaciones de testigos a emisoras de radio de la disidencia, en el monasterio Ngwe Kyar Yan unas 10.000 personas se enfrentaron a los soldados y policías estacionados en el lugar para impedir que se formase una nueva movilización.

En la pagoda de Sule, en el casco viejo de Yangon, otros varios cientos de personas protagonizaron una sentada, apoyando con cantos y rezos a un grupo de bonzos, hasta que los cuerpos de seguridad cargaron para dispersar la protesta con disparos y botes de humo. Los manifestantes, algunos de ellos con heridas, escapaba por las calles adyacentes de la carga, mientras que, de acuerdo con otros testigos, un hombre yacía tendido en el suelo muerto o inconsciente.

Cientos de personas se reunieron en el exterior de la sórdida prisión de alta seguridad de Insien, en las afueras de Rangún, donde algunas informaciones sin confirmar dicen que el Gobierno internó el martes pasado a la líder del movimiento democrático birmano y jefa de la Liga Nacional para la Democracia (LND), Aung San Suu Kyi. Las protestas terminaron por disolverse con las cargas y después de que camiones militares con megáfonos recorriesen las calles de Rangún advirtiendo a la población que de continuar la movilización actuarían con más contundencia.

Periodistas expulsados

Un destacamento militar ha entrado hoy en el Hotel Traders, en el centro de Yangon, y ha comenzado a registrar habitación por habitación para buscar a varios periodistas extranjeros que han entrado en el país con visado de turista, según testigos citados por la radio Rawadi.

Decenas de foráneos han sido expulsados de Birmania en las últimas semanas por observar o fotografiar las manifestaciones contra la Junta Militar que llevan a cabo decenas de miles de personas, encabezadas por monjes budistas.

Nueve días de manifestaciones

Después de nueve días de manifestaciones, la Junta Militar declaró el toque de queda el martes pasado, prohibió las reuniones públicas y detuvo a varios líderes democráticos en las horas siguientes, además de instalar controles militares y policiales en monasterios, pagodas y puntos claves de las principales ciudades del país.

Miles de personas, encabezadas por los monjes budistas, desafiaron ayer al régimen militar y la represión acabó con cinco muertos y un centenar de heridos. Esta madrugada, los soldados detuvieron a más 800 bonzos en cuatro monasterios de Rangún, en una redada que acabó con la muerte de un monje y otros siete heridos de bala.

Fuentes de la LND denunciaron la detención anoche del portavoz de la formación, Mynt Thein, y el responsable para la región de Irrawaddy (este), Hla Pay. Ambos son hombres de confianza la premio Nobel de la Paz Suu Kyi, a quien la Junta Militar acusa de ser la instigadora de las protestas, además de a fuerzas destructivas extranjeras.

Veto de China

Anoche, Estados Unidos y Europa no lograron que el Consejo de Seguridad de la ONU impusiera sanciones a la junta militar que gobierna con mano de hierro Myanmar (antigua Birmania) y que desde hace una semana se enfrenta a la población civil en las calles del país. El veto de China en el Consejo de Seguridad impidió que los deseos de estadounidenses y europeos se hicieran realidad. Como alternativa, la ONU ha emitido un comunicado en el que llama al Gobierno birmano a ejercer la "contención" en sus actos violentos contra la población civil.

"Todos estuvimos de acuerdo y enfatizamos en que hay que tomar medidas para que las cosas no vayan a peor" en Myanmar, ha dicho al término de la reunión el embajador de EE UU ante la ONU, Zalmay Khalilzad. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió anoche, a petición de Reino Unido, ante el profundo deterioro de la situación en Myanmar, donde las fuerzas de seguridad del régimen militar dictatorial reprimieron de forma violenta varias manifestaciones pacíficas multitudinarias. El diplomático estadounidense señaló que la posición de Washington ha sido la de "condenar la represión y solicitar la liberación de presos" políticos.

El embajador chino, Guangya Wang, señaló que la declaración del Consejo de Seguridad "refleja el denominador común" de las posiciones de sus miembros. Al ser preguntado sobre la posibilidad de que el máximo órgano de la ONU impusiera sanciones al régimen de Yangon, el representante de Pekín respondió que "las sanciones no son de ninguna ayuda a la situación tal como está allí".

Enviado especial de la ONU

Poco antes, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE y de Estados Unidos emitieron un comunicado conjunto en el que instaban a China que ejerciera su influencia y "presionara" al régimen militar birmano para que cesen los actos violentos contra la población civil. Estadounidenses y comunitarios, reunidos en Nueva York al margen de las reuniones de la 62ª Asamblea General de la ONU, condenaron los actos de violencia de las autoridades de Rangún contra la población civil, pero los tres países de ese bloque que son miembros permanentes del Consejo (EE UU, Francia y Reino Unido) no lograron convencer a Pekín.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, decidió enviar a su representante especial, Ibrahim Gambari, a Myanmar, ante "el deterioro" de la situación política y civil en ese país. Las autoridades birmanas han acordado concederle un visado, según ha anunciado el ministro de Exteriores de Singapur, George Yeo, presidente de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, mientras que el ministro birmano de Exteriores, el general Nyan Win, ha anunciado que recibirá a Gambari. En un comunicado de prensa, Ban insta al "liderazgo" del país asiático a "cooperar plenamente" con la misión de Gambari, para "aprovechar la buena voluntad de la ONU de asistir [a Myanmar] en su proceso de reconciliación nacional a través del diálogo".