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Reportaje:

Costa Rica y El Salvador abandonan Jerusalén

Los dos países centroamericanos desplazan sus sedes diplomáticas a Tel Aviv y cumplin así una resolución de la ONU de 1980

La bandera tricolor costarricense desaparecerá de la calle Diskin y la albiceleste salvadoreña dejará a su vez Avigail en cuanto ambas misiones diplomáticas ejecuten la decisión de sus Cancillerías: no más reconocimiento de Jerusalén como capital israelí. El presidente de Costa Rica, Óscar Arias, esperó 100 días de su Administración para ordenar un traslado por el que clamaba desde hace cuatro años, cuando ni siquiera preveía volver a ser jefe de Gobierno.

El alto el fuego entre las fuerzas israelíes y las milicias libanesas de Hezbolá resultó oportuno para que Arias, premio Nobel de la Paz en 1987, anunciara el pasado 16 de agosto un traslado que, sin embargo, no evitó ser interpretado por Israel como un "premio a los terroristas". Una semana después, la Cancillería de El Salvador argumentó que "la actual situación en Oriente Próximo" exige también mudar su sede diplomática a poco más de 100 kilómetros al norte, a Tel Aviv.

Costa Rica y El Salvador se alinean con el mundo. Tras unos 20 años de mantener sus misiones diplomáticas en Jerusalén, ahora son parte del grupo de unos 120 Estados que, sin romper su relación con Israel, prefieren que sus diplomáticos duerman y reciban cartas fuera de la Ciudad Santa, aunque a diario tengan que visitar la Cancillería, el Knesset y el edificio del Gobierno. El Vaticano es el único Estado que, aunque su oficina diplomática se encuentra en Jaffo, a las afueras de Tel Aviv, mantiene a su nuncio apostólico, Pietro Sambi, viviendo y trabajando en Jerusalén, frente al Monte de los Olivos donde, según la Biblia, David lloró a su hijo rebelde y Jesús oraba hasta la noche de su arresto.

Decisión unánime

Los dos países centroamericanos, tradicionalmente cercanos a las políticas de Washington, recibieron aplausos de numerosos sectores internos e incluso agentes internacionales. Sindicatos opuestos a Arias, además de varios partidos opositores y grupos empresariales interesados en comerciar más con países árabes, aplaudieron su decisión.

En San Salvador, políticos de derecha e izquierda encomiaron al Gobierno de Elías Antonio Saca, descendiente de una familia palestina que llegó a Centroamérica a principios del siglo XX. La Autoridad Nacional Palestina (ANP), precisamente, calificó el traslado de sede como "una confirmación internacional de los derechos palestinos sobre Jerusalén como ciudad árabe".

Por el contrario, pequeñas pero influyentes comunidades judías reaccionaron con tristeza y decepción. "Podría [el traslado] interpretarse que existe un apoyo tácito a organizaciones terroristas que pretenden la eliminación de un Estado soberano", expresaron líderes del Centro Israelita Sionista de Costa Rica en un mensaje a tono con el de la Cancillería israelí, que habló de "premio" a los autores del terrorismo. "Jerusalén unificada [este y oeste] es la Capital eterna de Israel y del pueblo judío, nada puede cambiar nuestra firme posición en esta materia", insiste el comunicado oficial.

El Salvador, no obstante, argumentó sin mayor detalle que su decisión se deriva de un análisis sobre la situación actual en Oriente Próximo y sostiene que ayuda al proceso de pacificación, a tono con la resolución 1.701, adoptada recientemente por el Consejo de Seguridad de la ONU. El canciller, Francisco Laínez, ha evitado hasta ahora explicar cuánto peso tuvo la decisión previa tomada en San José, donde su homólogo, Bruno Stagno, ha insistido en que el reciente conflicto entre Israel y Hezbolá nada tuvo que ver en el traslado de la embajada, pues la decisión estaba tomada desde hacía semanas.

"Nuestra decisión es congruente con el cumplimiento de obligaciones con el Derecho Internacional y resoluciones de Naciones Unidas que durante 24 años Costa Rica contravino al mantener su representación en Ciudad Santa", afirmó Stagno ex embajador en Nueva York. Stagno se refirió en especial a la resolución 478, de 1980, en la que Naciones Unidas llamó a los Estados a retirar de Jerusalén sus representaciones ante Israel, dado el carácter de régimen especial internacional de la ciudad. Esa resolución no fue respetada por el entonces presidente Luis Alberto Monge, quien entre sus primeros decretos fijó la embajada en Jerusalén, motivo suficiente para que la Liga Árabe instara a los países a reconsiderar sus relaciones con Costa Rica, tal como lo había hecho con El Salvador.

Ahora todo cambia. Mientras Jerusalén se queda sin embajadas, los caminos diplomáticos desde San Salvador y San José parecen ser más anchos con el mundo árabe. O así se pretende.