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Un pederasta y asesino iraní muere ejecutado en la horca tras recibir un centenar de latigazos

El ajusticiado había sido condenado por violar y acabar con la vida de 21 niños

"Mohamed Bijeh, 22 años, soltero, reconocido culpable de haber matado a 21 niños […], corrupto en la tierra, es condenado a 16 penas de muerte por medio de ahorcamiento público, 100 latigazos y 15 años de prisión". La sentencia ha sido ejecutada esta mañana ante una multitud enfervorecida en Pakdacht, una pequeña localidad al sudeste de Teherán.

"¡Más fuerte, mas fuerte!". Eran los gritos que resonaban en la plaza de la ciudad, según narra la agencia France Presse. Bijeh, subido en un camión, maniatado a un poste, con bigote y barba de varios días y si camisa, ha recibido el centenar de latigazos sin emitir un quejido. Alrededor del vehículo se agolpaban los vecinos, entre los que se encontraban familiares de los niños asesinados, muchos de ellos menores edad, que jaleaban el castigo.

Luego, la decena agentes que le custodiaban le han soltado para conducirle a la horca. Pero en ese breve trayecto un joven se las ha arreglado para romper el cordón de seguridad y asestarle una puñalada en la espalda, ya ensangrentada por los cien golpes. Según la agencia de noticias, se trataba del hermano de una de las víctimas.

Finalmente, Bijeh ha sido suspendido por el cuello en un cable de nylon azul. La muerte no ha sido instantánea. Sus minutos de agonía han estado coreados la multitud ("¡Recuerda lo que hiciste a nuestros hijos!", le gritaban) al tiempo que se oían quejas por que a su presunto cómplice, Ali Baghi, le han conmutado la pena de muerte por 15 años de prisión.

Lluvia de piedras

Una ambulancia ha retirado por fin el cuerpo sin vida de Bijeh mientras una lluvia de piedras caía sobre el vehículo, en señal de que el castigo aún no había satisfecho a la multitud.

Bijeh y Baghi eran empleados de una fábrica de ladrillos y fueron detenidos en 2004. Se llevaban a los niños con la excusa de ir a cazar conejos o zorros. Una vez fuera del pueblo, primero les atontaban golpeándoles con una piedra, luego abusaban de ellos, después les torturaban y finalmente les mataban con un fuerte golpe en la cabeza. Las familias aseguran que no eran 21 niños las víctimas, sino 26. Y les acusan, además, de haber traficado con sus órganos vitales, aunque las autoridades niegan este extremo.