El miedo a un ataque terrorista marca la fiesta nacional estadounidense

A pesar de que funcionarios norteamericanos afirmaron que no existen informaciones creíbles sobre un ataque masivo, se han reforzado las medidas de seguridad, y el Departamento de Estado ha recomendado a todos los norteamericanos que viven en el extranjero que eviten los lugares muy concurridos debido a posibles ataques suicidas. Aviones de combate y tropas de elite patrullarán las grandes ciudades y las principales monumentos. Las medidas incluyen la vigilancia especial de más de 2000 acontecimientos en todo el país

En Nueva York -la ciudad más castigada en los ataques del 11-S- se desplegarán barcos de guerra, helicópteros, unidades antiterroristas, el FBI, la policía y los bomberos, para vigilar el acto más importante de la jornada: un enorme castillo de fuegos artificiales al que se espera que asistan en directo cerca de 4 millones de personas y que será televisado para todo EE UU.

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Asimismo, se han creado zonas de exclusión aérea en torno a los monumentos y edificios más representativos como la estatua de la Libertad o la Casa Blanca.

Washington, una de las ciudades consideradas de mayor riesgo, contará con un dispositivo de seguridad de más de 2000 militares y policías uniformados, así como una red de cámaras para vigilar el gran espacio verde donde se reunirán cientos de miles de personas para presenciar los fuegos artificiales de la capital.

En San Francisco, en el oeste, se reforzará aún más la vigilancia de uno de los edificios más emblemáticos de Estados Unidos: el puente Golden Gate.

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