El adiós de la entrevistadora más cafre de EE UU: Wendy Williams cierra su programa tras 14 años de impertinencias

‘El Show de Wendy Williams’ llega a su final convertido en una fábula sobre lo que puede pasar a alguien que no pone límites a la privacidad

Wendy Williams posa junto a su estrella de la fama en Hollywood, en octubre de 2019.
Wendy Williams posa junto a su estrella de la fama en Hollywood, en octubre de 2019.David Livingston (Getty Images)

Se considera a Oprah Winfrey la inventora de la televisión confesional: si logró que decenas de estrellas exorcizasen ante ella sus traumas fue porque, antes, ella había confesado en directo algunos de los suyos. Creó una larga estela de imitadoras (Ellen DeGeneres, Tyra Banks o Rosie O’Donnell), pero de todas ellas Wendy Williams (Nueva Jersey, 57 años) es la más llamativa. Si Oprah creó escuela al convertirse en una amiga a la que confesar los más íntimos secretos, Wendy era esa otra colega con la que criticar y reir nerviosamente ante sus comentarios fuera de lugar. Oprah era dulce y atenta; Wendy, ácida y malévola. A menudo, y aunque la considerase un ídolo, Wendy criticaba a Oprah (”pensé que se le iba a reventar el corsé”, dijo sobre su peso en los Globos de Oro de 2018). Un día aseguró en directo que Oprah había respondido a sus críticas mostrando una carta. “Está escrita toda en mayúsculas, ¡eso es que me está gritando!”, comentó mientras se ponía las gafas de lectura y el público reía. Poco después, representantes de Oprah declararon que ella no había escrito ninguna carta a Wendy. Daba igual: el momento ya era uno de esos grandes hitos de su programa.

Tiene muchos más. The Wendy Williams Show funcionó gracias a esta mujer imprevisible, sin teleprompter ni pinganillo, que decía lo que pensaba aunque le trajese problemas, lloraba en directo más que nadie más en la televisión, echaba a alguien del plató si le sonaba el móvil, hacía bromas insensibles sobre noticias trágicas y, sobre todo, mezclaba continuamente su vida privada con su vida profesional ante las cámaras. El programa de Wendy llegó el viernes pasado a su final tras una espectacular carrera de 14 temporadas compitiendo regularmente con (y, a veces superando a) The Ellen Degeneres Show que también ha terminado este año.

Extraño vínculo de sangre

Wendy Williams creció en una pequeña ciudad costera llamada Ashbury Park que hoy tiene una calle con su nombre. Comenzó de presentadora en emisoras universitarias. Durante esta época, mientras alternaba emisoras de hip hop, reagge y éxitos de ayer, desarrolló una adicción a la cocaína y fue violada por un artista que la invitó a una fiesta y después a su hotel. Lo contó en 2021 a The New Yorker, pero, en la más pura tradición Oprah, ya lo había revelado antes en directo en su programa y en un libro de memorias publicado en 2003.

Wendy Williams (con el rapero Gizmo) posa en una gala de premios en 1991 en Nueva York,
Wendy Williams (con el rapero Gizmo) posa en una gala de premios en 1991 en Nueva York,Al Pereira (Getty Images)

En 1990 comenzó a trabajar en un programa de radio matinal donde descubrió que lo que mejor se le daba (y más gustaba a la audiencia) era hablar sin tapujos de las celebridades. Se especializó en exponer las miserias de las celebridades afroamericanas. Bill Cosby, Sean Combs o Russell Simons, algunas de sus víctimas favoritas, llamaron a la emisora quejándose y pidiendo su despido. Lo consiguieron a medias: la dirección le dio su propio espacio, conscientes de que se había convertido en la estrella. En 1993 la influyente revista Billboard la nombró “La mejor personalidad de la radio”. La cultura hip hop permeaba en lo popular y Williams era su Louella Parsons particular. Tupac Shapur (del que ella dijo que, supuestamente, había sido violado en prisión) llegó a maldecirla en una canción. Sean Combs, sin embargo, se reconcilió con ella en una entrevista años después: “Nunca se te ha reconocido el haber sido la primera en hablar de la cultura hip hop y la cultura de las celebridades del hip hop. Tú arrojaste luz sobre nosotros y nuestra gente”. “Sé que cabreé a mucha gente”, replicó ella, “empezando por ti”.

Pero la persona a la que más cabreó fue una a la que acabaría uniendo un extraño vínculo: Whitney Houston en 2003. La cantante atravesaba entonces en un momento personal bajo y acababa de dar una desastrosa entrevista televisiva. Su equipo dijo no a Williams, conocedores de que la presentadora hablaba a menudo de Houston y de sus programas con las drogas. Pero fue la propia cantante la que llamó a Williams a la radio y dejó una de las entrevistas más cafres que se recuerdan con una celebridad de su nivel.

“Whitney, ¿estás consumiendo drogas actualmente?”, le preguntó Williams. “Solo mi madre tiene acceso a esa información. Habla de drogas con tu hijo. No me preguntes cosas como si fuera una niña”. Wendy concedió en ese momento: “Yo también fui adicta a la cocaína”. “Bueno, pues ese es tu problema, no el mío”, cortó Houston. El nivel de enfrentamiento escaló: “Cuidado con lo que dices”, dijo Houston, a lo que Williams respondió: “Cuidado con lo que haces”. La entrevista terminó con Houston colgando el teléfono.

Más ruidosa, más ácida

El Show de Wendy Williams comenzó en 2008. A finales de la primera década del siglo XXI el formato clásico de programa diario con grandes confesiones estelares y madurez espiritual (léase Oprah, que terminó con su programa en 2012) entraba en su ocaso. Williams supo aprovechar una nueva era de celebridades que salían, sobre todo, de reality shows, y una nueva forma instantánea y temeraria de acercarse al cotilleo, aupada por el auge de las redes sociales. Hablando de las Kardashian o de las protagonistas de la franquicia Real Housewives y comentando lo que los famosos hacían en sus redes, acabó siendo una Oprah más ruidosa, ácida, barata y lacerante.

Kevin Hunter y Wendy Williams, en 2006.
Kevin Hunter y Wendy Williams, en 2006.Johnny Nunez (WireImage)

Y precisamente porque no eran las superestrellas las que se sentaban en el sofá del programa de Wendy Williams (aunque recibió a algunas, como Jennifer Lopez, Aretha Franklin o Dolly Parton), la presentadora podía hacer esas preguntas y comentarios maliciosos que los espectadores esperaban oír. “Dicen que solo te importa el dinero”, le dijo a Kris Jenner, matriarca de las Kardashian. “¿Qué ocurrió en esa foto en la que se ve polvo blanco alrededor de tus pies?”, preguntó a Lindsay Lohan. “No quiero verte dando de mamar a tu hijo en público”, soltó a Alyssa Milano. “Me incomoda. Dar de mamar dura un rato, pero el resto del tiempo tus pechos son algo sexual”. Al exctor Marcus Scribner le preguntó, cuando acudió al programa con 18 años: “¿Eres virgen?”. A la modelo y estrella de realities Draya Michele: “¿Con cuántos jugadores de la NBA te has acostado”. “No has tenido demasiado éxito en Estados Unidos con tu música”, le espetó a Thalia. “Hasta que saliste en [la edición estadounidense del programa] X Factor yo no sabía quien eras”, le dijo a Paulina Rubio.

Pero era la sección llamada Hot Topics (Temas candentes) la más famosa de su programa y la que ha dejado más momentos virales y controvertidos. Empezó durando diez minutos en 2008 y llegaba a la media hora en sus últimas temporadas. Consistía en Wendy, a solas, comentando sin escrúpulos la actualidad de las celebridades. “Mi programa es lo que es y yo amo lo que amo: meterme en la vida de los famosos”, declaró a The New York Times en 2019.

Cuando Whitney Houston murió en 2012, Williams comentó la noticia llorando y dejando uno de esos momentos que definen perfectamente su estilo. “Algunas de las cosas que Whitney y yo teníamos en común, que nos unieron, aparte del amor de nuestros padres, fue que ambas estuvimos atormentadas por los demonios de la adicción. Hace quince años que no fumo crack. Hace quince años que no espero en Jerome Avenue, en el Bronx, a mi camello. No estoy orgullosa de la chica que fui, pero sin haber sido esa chica nunca sería la mujer que soy hoy. No sé si tiene sentido para vosotros, pero no me arrepiento de nada”.

El acercamiento que Williams tenía a la figura de Houston justificaba, al menos para ella, su estilo brutal: una exdrogadicta reconocía a otra drogadicta, la llamaba al orden, intentaba ayudarla. Pocos meses antes de la muerte de Houston, Williams proyectó una foto poco favorecedora de la cantante y dijo: “Recuerdo a esa chica, era yo. Sudorosa, mal pelo, lloriqueando. Whitney, necesitas algo más que una visita al médico. Y ya que estamos: no me creo que estés sobria ni me creo que hayas ido a rehabilitación voluntariamente”.

“Sé por qué la gente escuchaba mi programa de radio, y no era por las canciones”, explicó en The New York Times. “Y sé por qué la gente ve mi programa de televisión: por la sección Hot Topics. No me arrepiento de nada. Algunas de las cosas que he podido decir pueden haber hecho daño, pero duermo muy bien todas las noches”. Wendy se refiere auí a otros momentos. Aquí van algunos. De Beyoncé dijo que hablaba como una niña de quinto grado. De Meghan Markle dijo: “Antes de estar con un miembro de una familia real no sabíamos ni quien eras”. De Madonna dijo que “se ha convertido en esa vieja abuela que me da pena”. De Jennifer Lawrence, después de que se filtrasen fotos suyas personales donde aparecía desnuda, dijo: “No te quejes, jovencita, fuiste tú la que sacó las fotos. Están ahí en la nube para quien quiera verlas, yo las he visto varias veces, ¡aplaudid [al público] si vosotros también!”. Tras informar de que el rapero Trey Songz había sido arrestado tras agredir a una mujer, miro su foto en la pantalla y suspiró: “¿No es guapísimo?”. Cuando el actor Terry Crews confesó que había sufrido tocamientos por parte de un ejecutivo, ella comentó con sorna: “¿Es que tenía ocho años? ¡No me parece valiente por contar esto!”. Se rió del físico de Joaquin Phoenix. “Cuando se afeita ese bigote se le ve ese... ¿cómo se llama, labio leporino?”, dijo mientras burlonamente deformaba sus propios labios. No se creyó a Kesha cuando habló de que había sido agredida sexualmente por el productor Dr. Luke. No se creyó a los dos hombres que afirmaron haber sido agredidos sexualmente por Michael Jackson. Cuando la prometida del presentador Drew Carey (presentador de El precio justo en Estados Unidos) fue asesinada al ser arrojada de una terraza por su expareja, Wendy soltó el equivalente de la muletilla “¡a jugar!”, que es Come on down! (o sea, “¡baja!”) mientras se hacía la muerta. Nadie entre el público fue capaz de reirse.

La lista podría seguir durante varios párrafos. Muchos espectadores y analistas televisivas la consideraban ofensiva y cruel; otros, sincera y honesta. En todo caso, su éxito no dejaba de crecer. Su influencia era tan grande que en 2021 se estrenó en televisión una película sobre su vida (producida por ella misma) y tiene su propia figura de cera en el Madame Tussaud de Nueva York. Pero dos años antes, en 2019, ese acercamiento a las celebridades que ella había promovido se volvió contra ella cuando se convirtió en la protagonista de los tabloides.

Ese año se descubrió que su marido desde hacía 21 años, Kevin Hunter, llevaba casi una década teniendo una aventura extramatrimonial y su amante acababa de dar a luz a una niña. En marzo de 2019, tras unas semanas alejada del programa, Wendy confesó que estaba viviendo en un apartamento controlado junto a otros adictos en recuperación. Por sus propias declaraciones (la presentadora recordó que había dejado de consumir cocaína sin ningún tipo de tratamiento) sus espectadores temieron que hubiese recaído en sus hábitos de consumo. Los motivos los confesó meses más tarde: “Sabía lo que iba a pasar [al saltar la noticia de su marido] y quería irme a un lugar donde no me pudiese beber una botella de vino entera. No es por la cocaína, llevo limpia de eso durante años. Y no tomo pastillas. Pero cuando ves a la amante de tu marido con barriga de embarazada y eres una parlanchina con un programa de éxito en televisión, sabes lo que va pasarte. Necesitaba irme a un lugar tranquilo”.

Ese mismo año también perdió a su madre y, al no acudir al funeral, el público supo que tenía una mala relación con su hermano. También le fue diagnosticada la enfermedad de Graves, una dolencia autoinmune que produce hipertiroidismo. Desde 2020 sus problemas de salud han afectado a su presencia en el programa, tomándose largas ausencias, retrasando el estreno de dos temporadas y, finalmente, abandonando el programa para que, aún manteniendo el nombre, otros presentadores la sustituyesen cada semana. Esos problemas han hecho que no no haya vuelto a su propio programa desde el pasado octubre (varios presentadores la sustituyeron). El último golpe a su imagen tuvo lugar en marzo de este año, cuando Hollywood Reporter publicó que un juez neoyorquino había impuesto un tutor sobre las cuentas financieras de Williams hasta este mes de julio a petición de Wells Fargo, el banco que guarda la enorme fortuna de la presentadora, al afirmar que ella era “mentalmente inestable”.

Poco se sabe de Williams desde el pasado octubre. En mayo apareció en un directo de Instagram con el rapero Fat Joe y, aunque no quiso detallar su situación financiera, confesó: “Lo cierto es que solo tengo dos dólares. El resto de mis bienes están congelados y hay gente culpable de ello”. Su ocaso llega igual que su éxito: la televisión ha cambiado. En tiempos inciertos los espectadores han optado por la luminosidad de formatos como los de Kelly Clarkson (que empezaba a superar a Wendy en audiencia) o Drew Barrymore, basados en noticias luminosas y entrevistas amables. Sherri Sheperd tomará el relevo de Williams con su propio programa, Sherri. Williams, fiel a si misma, solo dijo en ese directo de Instagram una cosa al respecto: “No pienso verlo”.

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Sobre la firma

Guillermo Alonso

Es editor web de ICON. Trabaja desde 2017 en EL PAÍS. Anteriormente formó parte de Vanity Fair (como director de su edición digital) y de Telecinco. Ha publicado dos novelas, 'Vivan los hombres cabales' y 'Muestras privadas de afecto' y el ensayo 'Michael Jackson. Música de luz, vida de sombras'.

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