Duques de Sussex

Meghan Markle revela que pensó en el suicidio y que en Buckingham preocupaba el color de piel de su hijo

En la esperada entrevista con Oprah Winfrey, emitida esta madrugada, los duques de Sussex se quejan del trato recibido mientras esperaban a Archie: “Nos dijeron que no se le otorgaría seguridad y ni se le daría un título de príncipe o princesa”

El príncipe Enrique y Meghan Markle, durante la entrevista con Oprah Winfrey, grabada en febrero. En vídeo, Markle habla sobre sus problemas con 'La Firma'. HARPO PRODUCTIONS / REUTERS

Una bomba tras otra durante dos horas. La entrevista que los duques de Sussex, el príncipe Enrique y Meghan Markle, le concedieron a Oprah Winfrey poco más de un año después de desvincularse de la familia real británica, ha estado repleta de declaraciones explosivas. Markle, de madre negra y padre blanco, ha relatado –y Enrique ha corroborado– que hubo “preocupación” en el palacio por cómo de oscura sería la piel de su primer hijo, Archie; que durante un tiempo ella tuvo pensamientos suicidas, pero “la institución” no quiso ayudarla; y que el príncipe Carlos no le responde al teléfono a su hijo menor. También han salido a relucir las fricciones con Kate Middleton, han revelado que se casaron en secreto tres días antes de la boda oficial y que el segundo hijo que esperan es una niña. Los mayores palos han recaído en la casa real que, según ambos, los dejó desprotegidos ante los tabloides. La actriz, eso sí, ha perdonado a la reina: “Siempre fue encantadora conmigo”.

La expectación creada por este especial de dos partes transmitido por la CBS era mundial, comparable con el encuentro de Diana de Gales hace 25 años con Martin Bashir en el programa Panorama de la BBC. Esta vez ha sido en horario de máxima audiencia, en la televisión estadounidense y ante la todopoderosa Oprah Winfrey, su amiga y vecina en Montecito, California. A ojos de los británicos, serán unos titulares para el recuerdo: durante la entrevista, grabada alrededor del 20 de febrero, la duquesa de Sussex retrata a la institución monárquica con una crudeza nunca empleada públicamente por un miembro de la familia real.

Durante el embarazo de su primogénito, Archie, Buckingham les informó de que el bebé no tendría título de príncipe o princesa (aún no sabían el sexo) -ningún bisnieto de la Reina posee este título, salvo los hijos de Guillermo, que están en la línea directa al trono-, y que tampoco contaría con seguridad, a pesar de que la pareja era acosada por la prensa amarillista. Además, “hubo preocupaciones y conversaciones sobre lo oscura que podría ser su piel cuando naciera”, ha afirmado la actriz de 39 años. Su esposo, de 36, ha corroborado la acusación de racismo contra la realeza, aunque ninguno ha querido dar nombres. “Sería demasiado perjudicial para ellos”, ha apuntado Markle, aclarando que el tema no se abordó una sola vez, sino varias.

Durante los cuatro años que Meghan Markle ejerció su papel monárquico estuvo preocupada por su salud mental. Varias veces le pidió ayuda a la institución, pero ha asegurado que le negaron el internamiento en un centro para recuperarse por la imagen que aquello podía proyectar. La duquesa sintió, ha dicho, que si no le revelaba a su esposo el dolor que padecía “no iba a querer seguir viviendo”. “Tuve pensamientos suicidas constantes y claros”, ha afirmado. Y Enrique ha añadido: “La familia tiene una mentalidad de ‘esto es lo que es, no se puede cambiar’. No tenía en quién apoyarme”. Para ambos, hubo “falta de entendimiento y apoyo” por parte de la familia real y de los medios. “Tenía miedo de que se repitiera la historia de mi madre”, ha señalado el príncipe en alusión a Diana de Gales, quien sufrió depresión y murió perseguida por los tabloides. En un momento de la entrevista, la pareja ha asegurado que ambos salvaron sus vidas mutuamente.

Tres días antes de la boda, el arzobispo de Canterbury casó a la pareja en una ceremonia sin invitados, según han contado los protagonistas en una parte de la entrevista. La duquesa ha manifestado a Oprah Winfrey que se siente feliz de poder vivir ahora “de forma auténtica”.

Los supuestos rifirrafes con Kate Middleton también han salido a relucir. La misma semana de la boda, la duquesa de Cambridge hizo llorar a la actriz estadounidense por un tema relacionado con los vestidos que iban a lucir los pajes del cortejo real. Pero seis meses después, la prensa publicó una versión diferente: que Markle había hecho llorar a Kate en la víspera del matrimonio. “Este fue un punto de inflexión”, ha remarcado la duquesa de Sussex, ya que Buckingham “sabía que era mentira” y nadie dijo nada. “Estaba desprotegida”, ha concluido la actriz. La prensa británica ha exprimido hasta la saciedad la supuesta enemistad entre ambas cuñadas. “Quieren una narrativa en la que haya una heroína y una villana”, ha apuntado Markle.

Para Enrique, en tanto, el punto de inflexión fue la primera gira que hicieron como matrimonio, en Australia. “Meghan se portó espectacular con la gente. Eso a la familia real le trajo recuerdos y no les gustó”, ha sostenido en alusión a su madre, cuando robó las miradas en su visita al país oceánico y dejó en las sombras al príncipe Carlos. Sobre su padre, quien asegura que no le contestaba a sus llamadas desde que anunciaron su retiro de la familia real, pero que ahora sí se hablan. “Me decepcionó”, dijo Enrique. Acerca de la relación con su hermano Guillermo, ha revelado: “En este momento... hay un espacio entre nosotros. Espero que las heridas se curen con el tiempo. De cualquier manera, estoy orgulloso de todo lo que hemos pasado juntos”.

Los mayores halagos de toda la entrevista se los ha llevado la reina de Inglaterra. “Siempre fue estupenda conmigo”, ha afirmado Markle, quien la describió el día que la conoció como “fácil y adorable”. El príncipe Enrique ha asegurado que la relación con su abuela es muy buena y que hablan con mucha frecuencia. “Ella lo entiende”, ha apuntado.

Hace un año nació en el Reino Unido el término Megxit –un juego de palabras entre el nombre de la duquesa y el Brexit–, que se utiliza para retratar la ruptura de los duques de Sussex con las responsabilidades de la familia real. El matrimonio ha defendido que su intención nunca fue desvincularse y que, si hubieran recibido la ayuda que pidieron, se habrían quedado. Sin embargo, Enrique ha reconocido que, de no ser por su esposa, no habría dado un paso al lado. “Estaba atrapado. Ella me hizo ver la realidad de lo que estaba viviendo, preso en el sistema de la familia real. Mi padre y mi hermano siguen atrapados y no van a poder salir”, ha afirmado. A Markle, por su parte, le pareció ridículo que después de renunciar a su carrera y a su vida “por amor”, le achacaran las responsabilidades.

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En un momento de la entrevista, Oprah le ha preguntado a la duquesa si no tenía miedo de la reacción del palacio de Buckingham ante las verdades que estaba sacando a la luz. Markle ha respondido: “No sé cómo pueden pretender, después de todo este tiempo, que sigamos callados, mientras The Firm, [la Empresa, como llaman los tabloides a la casa real británica, pero no los miembros de la familia], sigue perpetuando de modo activo falsedades sobre nosotros”, ha respondido Markle.

El hermetismo de la familia suscita un interés mayúsculo sobre cómo es la vida detrás de las paredes del palacio de Buckingham. A la curiosidad por norma hay que sumar que 100 millones de espectadores han visto The Crown, la serie sobre la vida de Isabel II –que se toma muchas licencias dramáticas–. El éxito de Netflix ha acercado la monarquía británica a un público más amplio que nunca y ha incomodado a sus miembros, que intentan de manera casi desesperada no dar pie a las conversaciones de pasillo.

En una escena de The Crown, el príncipe Carlos le dice a su madre, la reina de Inglaterra, que “tiene voz”, algo que decir a la sociedad. “Déjame contarte un secreto”, le responde ella: “Nadie quiere oírla”. En la prensa británica ha trascendido que Isabel II no tenía planes de ver la entrevista de su nieto y su esposa. Con ello se abrió el grifo a especulaciones de que, a diferencia de los millones de espectadores, es ella la que no tiene interés en escuchar.

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