La revisión del pasado esclavista llega a los palacios de la familia real británica

La fundación que gestiona las residencias históricas responde a la llamada del movimiento Black Lives Matter y se fija especialmente en Kensington, residencia de los duques de Cambridge

Vista general de la fachada principal del palacio de Kensington.
Vista general de la fachada principal del palacio de Kensington.Chris Jackson (Getty Images)

A veces el ajuste de cuentas con el pasado no consiste simplemente en derribar estatuas. Es necesario desempolvar viejos archivos y averiguar si el lujo y esplendor históricos fueron financiados con dinero sucio. La historiadora Lucy Worsley, famosa por sus libros amenos y por los documentales de la BBC en los que lo mismo se disfraza de Ana Bolena que de Isabel I para contar la historia del Reino Unido, es además la conservadora jefa de los palacios reales históricos, la fundación independiente que gestiona y preserva residencias históricas como los palacios de Kensington, Kew, Hampton Court, Banqueting Hall, la Torre de Londres o el castillo de Hillsborough. Worsley se ha propuesto seguir el precedente de la National Trust, la fundación al cargo de la gran mayoría del patrimonio histórico y artístico de una gran parte del Reino Unido (con la excepción de Escocia), que el pasado septiembre publicó un esclarecedor informe sobre los vínculos con el colonialismo y el esclavismo más de noventa de los monumentos que gestiona.

El palacio de Kensington, remodelado por Guillermo III y otros miembros de la dinastía de los Estuardos, es un icono para todos los fetichistas de la realeza británica. Era la residencia favorita de la reina Ana, de la princesa Margarita, de lady Di, o, más recientemente, el domicilio oficial de los duques de Cambridge, Guillermo y Kate. “Todo aquello que esté relacionado con los Estuardos va a tener en su interior algún elemento pecuniario derivado del comercio de esclavos”, asegura Worsley en una entrevista al diario The Times. “El personaje de la reina Ana es realmente interesante, porque la visión que tenemos de ella es que fue quien unió a este país tal y como lo conocemos ahora [a través del tratado que juntó el destino de Escocia e Inglaterra] y lo condujo a la prosperidad. Pero hay otra visión que concluye que fue ella quien hizo de esta nación la más próspera en el mundo gracias al comercio de esclavos, y que esa unión de los pueblos solo favorecía si eras blanco y estabas bien posicionado económicamente”.

La reina Isabel II en las últimas carreras de Ascot.
La reina Isabel II en las últimas carreras de Ascot. Doug Peters (GTRES)

¿Dónde están los vestigios del esclavismo? ¿Cómo se señalan? Y, sobre todo, ¿qué se hace con ellos? La propia Worsley rechaza que un edificio como el palacio de Kensington sirva hoy en día para contar el relato de la esclavitud, pero es necesario utilizar los detalles en su interior que recuerden a esa parte oscura del pasado para explicarla y resaltarla. En la sala de estar del palacio todavía cuelga la pintura, de dimensiones notables, del artista holandés del siglo XVII, Aelbert Cuyp, en la que se ve a un niño negro que sujeta por sus riendas a dos caballos. El título original de la obra era Un paje con dos caballos, pero la pieza artística se conoce desde siempre como The negro page (El paje negro). Aún se recuerda el embarazo que supuso para el personal del palacio de Kensington, en 2016, descubrir en el último minuto que el título de marras aparecía resaltado en la placa de latón del marco. Justo cuando los duques de Cambridge se disponían a recibir en esa sala al matrimonio Obama, de visita en el Reino Unido. Improvisada y chapuceramente se camufló la palabra “negro”, aunque muchos comentaristas se preguntaron entonces si, de las más de 700 obras pictóricas que alberga el palacio, tenía que ser esa precisamente la que vieran el presidente estadounidense y la primera dama. No es el único rastro incómodo del pasado. También está el sirviente negro que se dedica a tocar el clarín en el gran mural que decora la Gran escalera del rey, pintado por William Kent.

Los duques de Cambrige y Enrique de Inglaterra reciben en Barack y Michelle Obama en 2016 en el palacio de Kesington con el cuadro conocido como 'The negro page' al fondo.
Los duques de Cambrige y Enrique de Inglaterra reciben en Barack y Michelle Obama en 2016 en el palacio de Kesington con el cuadro conocido como 'The negro page' al fondo. WPA Pool (Getty Images)

La dinastía de los Estuardos fue clave en la prosperidad del comercio esclavista. Carlos II concedió el monopolio a la Royal African Company (Compañía real africana), en cuyo consejo se sentaba su propio hermano, que sería en el futuro el rey Jaime II.

Guillermo de Orange (venerado por los unionistas norirlandeses), rey de Inglaterra como Guillermo III y de Escocia como Guillermo II, y su esposa María II, llegó a tener acciones de la compañía esclavista que le regaló Edward Colston, el fundador de la infame empresa. La estatua de este último, en la localidad de Bristol, fue la primera en ser derribada en las revueltas del pasado junio impulsadas por el movimiento Black Lives Matter. Gran parte del dinero obtenido del esclavismo lo destinó el rey a comprar el edificio de Nottingham House y remodelarlo a su gusto para convertirlo en el palacio de Kensington.

La revisión de la historia impulsada por el National Trust y ahora por Historical Royal Palace no ha estado libre de polémica. “Lo que la gente espera del National Trust es que se centre en su propósito, que es el de preservar nuestros lugares históricos, sin desviarse en su objetivo. Cuando hacen revisiones como estas, no deberían sorprenderse de que surjan críticas e interrogantes entre la gente que les apoya”, advirtió recientemente Tina Wendy, la baronesa Stowell, que preside la Charity Commission, el organismo que supervisa la labor de fundaciones y organizaciones filantrópicas en el Reino Unido.


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Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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