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Barron, el hijo de Donald Trump famoso a su pesar

El joven de 14 años, que ha dado positivo en coronavirus, vive protegido del foco mediático en la Casa Blanca por sus padres preocupados por su carácter tímido

Melania Trump, con su hijo Barron en agosto pasado.
Melania Trump, con su hijo Barron en agosto pasado.CHIP SOMODEVILLA (AFP)
El País
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Barron, hijo de Melania y Donald Trump, también dio positivo por la covid-19

Sus padres, en especial su madre, no quieren que esté expuesto al foco mediático pero Barron Trump es el hijo del presidente que vive en la Casa Blanca por lo que todo lo que le rodea es noticia, máxime si como ahora se ha sabido que también ha dado positivo en coronavirus aunque de manera asintomática. Lo ha contado Melania quien de vez en cuando desvela detalles de la vida del menor de la familia Trump aunque lo hace con cuentagotas. Un joven al que solo se le ve de vez en cuando subiendo o bajando de aviones o helicópteros acompañando a sus progenitores. En estas instantáneas se puede ver como Barron ha sufrido un gran cambio físico en los últimos meses, es mucho más alto que sus padres pero conserva esa mirada asustadiza, de personalidad tímida, cuando se enfrenta a las cámaras. Sus facciones recuerdan a su padre, pero su esbeltez es de su madre.

Barron Trump es el pequeño de cinco hermanos y el único hijo del matrimonio de Donald Trump y Melania. Los otros cuatro vástagos del presidente son fruto de sus matrimonios anteriores. Con Ivana Trump tuvo a Donald Jr, de 42 años; Ivanka, de 38; y Eric, de 36 y con Marla Maples tuvo a Tiffany, de 26.

Es un chico mentalmente muy fuerte, muy especial e inteligente. Es independiente y obstinado y sabe exactamente lo que quiere. Es una mezcla de nosotros en apariencia, pero su personalidad es idéntica a la de su padre, por eso lo llamo Little Donald”, explicó su madre en una entrevista a la prensa norteamericana. Barron comparte con su padre su afición por el golf, deporte que los fines de semana practican juntos.

También le apasionan los videojuegos, aunque le dijo a su madre que quería ser un “hombre de negocios”. La transformación del niño a adolescente no solo es evidente en su altura, sino también en su nuevo estilo de vestir. En los últimos meses el hijo pequeño de Trump ha abandonado la corbata, el traje, los polos y el pelo engominado hacia atrás para acercarse a la estética de cualquier joven de su edad. Para esta ocasión mantuvo un aspecto informal con una camisa negra de Ralph Lauren, jeans negros y zapatillas blancas de Nike. Habla tres idiomas —inglés, francés y esloveno.

Por esa protección que ejerce Melania hacia él, decidió retrasar su mudanza a la Casa Blanca desde Nueva York, lo que dio paso a todo tipo de noticias sobre el estado de la relación de los Trump. La oficina presidencial no tuvo más remedio que aclarar que la decisión estaba motivada por el deseo de que Barron tuviera una transición tranquila.

Durante la primera campaña electoral, Barron, como el resto de sus hermanos, estuvo presente en los actos organizados para promover a su padre pero luego desapareció de la escena pública. En ese breve espacio de tiempo el joven se mostró serio y poco receptivo al interés que despertaba en los medios de comunicación. Convertirse en hijo del presidente de Estados Unidos y acaparar la atención de los medios de comunicación no es nada fácil. Y Chelsea Clinton lo sabe bien, pues pasó su adolescencia siendo hija de un presidente, algo que sufrió de 1993 a 2001 mientras vivió en la Casa Blanca. LA hija de Bill Clinton hizo una defensa pública de Barron Trump: “Barron Trump se merece la oportunidad de todo niño de tener una infancia”. Esta campaña marcada por la pandemia le ha borrado de los escenarios.

Barron nació el 20 de marzo de 2006 y vivió en el ático de la Torre Trump, en la Quinta Avenida de Nueva York, donde disfrutaba de una planta del edificio para él solo, hasta que se mudó a la Casa Blanca. Estudió en la Columbia Grammar Preparatory School de Manhattan hasta que se trasladó a Washington, donde acude a la escuela privada St. Andrew’s Episcopal, situada en el acomodado barrio de Potomac (Maryland), a las afueras de la capital, y cuyo coste anual es de 40.000 dólares. Es el primer hijo presidencial en optar por este colegio, que educa a cerca de 600 alumnos, desde preescolar hasta el final de la educación secundaria. Sus padres intentan que se relacione con sus compañeros de clase de manera normal por lo que en alguna ocasión ha trascendido que invita a alguno de ellos a dormir en la Casa Blanca los fines de semana.

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