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Sanna Marin, la primera ministra de Finlandia que estrenó su vestido de novia dos años antes de su boda

La jefa del gobierno finlandés se ha casado con un exfutbolista con el que tiene una hija de dos años y medio

La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, en su boda con el exfutbolista Markus Räikkönen, el pasado sábado.
La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, en su boda con el exfutbolista Markus Räikkönen, el pasado sábado.MINTTU SAARNI/FINNISH PRIME MINI / EFE

Acostumbrada últimamente a compartir imágenes en Instagram de sus comparecencias como primera ministra de Finlandia, Sanna Marin —que se convirtió el pasado diciembre en la primera ministra más joven del mundo— sorprendió este fin de semana a sus más de 332.000 seguidores con un par de fotografías de su boda. La socialdemócrata, de 34 años, contrajo matrimonio el sábado con Markus Räikkönen, un exfutbolista de la misma edad con el que tiene un hija, Emma, de dos años y medio.

“Estoy feliz y agradecida de poder compartir mi vida con el hombre que amo. Hemos visto y vivido mucho juntos, hemos compartido alegrías y penas, y nos hemos apoyado mutuamente en la calma y la tempestad”, ha escrito la dirigente del gobierno finlandés en referencia a su relación con el exdeportista al que conoció cuando ambos tenían 18 años. “Hemos vivido juntos en nuestra juventud, crecido y envejecido para nuestra querida hija. De todas las personas, tú tienes sentido para mí. Gracias por estar a mi lado”, ha añadido junto a un retrato de la pareja en el que la novia luce un sencillo vestido de satén en blanco perla diseñado por la firma finlandesa Anni Ruuth, una marca que se define slow fashion (moda lenta), que promueve un consumo más inteligente. Se trata de la misma prenda que vistió hace dos años para celebrar el Día de la Independencia. “El vestido tiene varios usos y está destinado a ser mi futuro vestido de novia. Para mí era importante que esta prenda se hiciera de manera ética y continuará usándose después de este día”, escribió entonces.

A pesar de la pandemia del coronavirus, la pareja pudo celebrar el enlace frente a unos 40 invitados en Kesäranta, la residencia oficial de la primera ministra, ubicada en Helsinki. Nada más compartir el acontecimiento en las redes sociales, compañeros del Ejecutivo y del Partido Socialdemócrata finés felicitaron a Marin. “Muchas gracias por las felicitaciones”, ha comentado en una nueva publicación en la que ha extendido su agradecimiento a las mujeres que hicieron que ese día “fuera inolvidable”, como la diseñadora del vestido o la fotógrafa de la boda.

Hace tan solo ochos meses Marin pasó de ostentar la cartera de Transporte y Comunicaciones y ser la vicepresidenta de su formación a dirigir un país. Un mes antes acababa de cumplir los 34 años. Fue elegida por los socialdemócratas para suceder a Antti Rinne, forzado a dimitir al perder la confianza de sus socios de gobierno por su forma de gestionar un conflicto laboral en el servicio postal público, Posti Group Corporation. Marin se convirtió en la tercera mujer en presidir el Ejecutivo del país nórdico, un gobierno de coalición liderado por mujeres y donde cuatro de ellas tenían menos de 35 años. No obstante, poco le duró el papel de la más joven con un cargo político semejante, pues ahora es Sebastian Kurz, que con 33 años es canciller de Austria.

Progresista, ecologista y feminista y defensora de los derechos de las minorías sexuales. Así se define la primera ministra que, nacida en Helsinki, se mudó junto a su madre lesbiana y su pareja a un pequeño municipio cercano a Tampere. Allí estudió Administración Pública y comenzó su andadura política como concejal a los 22 años. Desde el principio de su carrera demostró un fuerte compromiso por las causas sociales. “Sanna siempre ha sido muy prolija. Ella no tiene miedo de decir lo que piensa”, comentó sobre ella una antigua compañera. “Soy de una familia homoparental y eso sin duda me ha condicionado para que la igualdad, la paridad y los derechos humanos sean muy importantes para mí”, explicó la propia Marin tras ser nombrada primera ministra, haciendo hincapié en que su edad o su género no eran un inconveniente para ejercer su nuevo cargo: “Pienso en las razones por las que entré en política y en aquellas cosas por las cuales me he ganado la confianza del electorado”.

Marin conoció desde pequeña lo que significaba la discriminación. “No éramos reconocidas como una familia real o una familia igual que las demás”, recordó sobre la relación homosexual de su madre, muchos años antes de que el matrimonio entre personas del mismo sexo se legalizara en Finlandia. Tampoco su familia disponía de muchos recursos económicos por lo que comenzó a trabajar a los 15 años como repartidora de periódicos, cajera o empleada en una panadería. Fue la primera de su familia en pisar la universidad. “Vengo de una familia con pocos recursos y yo no hubiera tenido posibilidades de tener éxito y progresar si no tuviéramos un sólido estado de bienestar y un buen sistema educativo”, afirmó en una entrevista a un medio local.

No duda en defender sus orígenes cuando se burlan de su humilde familia. Al poco de ser nombrada primera ministra, el ministro estonio de Interior, Mart Helme, comentó de forma despectiva: “Incluso una dependienta puede convertirse en primera ministra”. A lo que ella contestó: “Estoy muy orgullosa de Finlandia. Aquí, un niño de una familia pobre puede educarse y lograr muchas cosas en su vida. El dependiente de una tienda puede incluso convertirse en primer ministro”.

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