Alberto de Mónaco quiere ser el príncipe verde

El hijo de Rainiero cumple 15 años al frente del Principado empeñado en transformar el pequeño Estado, hasta ahora diseñado para el turismo y el glamur

Los príncipes de Mónaco, con su hijos, el pasado 23 de junio.
Los príncipes de Mónaco, con su hijos, el pasado 23 de junio.Jean-Charles Vinaj / Pool Monaco / Bestimage / GTRES

Alberto de Mónaco celebra este domingo 15 años al frente del Principado. El día que recibió el bastón de mando aún conmocionado por el fallecimiento de su padre tres meses antes, apenas pudo contener las lágrimas junto a sus hermanas Carolina y Estefanía, que estuvieron con él en todo momento. Su llegada, con 47 años, marcó un antes y un después en el pequeño Principado y también en su vida personal. Hasta entonces, el segundo hijo de Rainiero III y la actriz Grace Kelly había sido el eterno soltero de la dinastía que parecía más centrado en cualquier otra cosa, como las fiestas o el deporte, que en la gobernanza y las cuestiones de palacio.

Prácticamente desde el comienzo de su mandato, se mostró muy diferente a lo que la opinión pública estaba acostumbrada. Destacó por un insólito sentido del deber, por su seriedad y su compromiso con la transparencia. Uno de sus mayores retos como soberano ha sido mantener el legado de su padre, el príncipe Rainiero III, el impulsor del próspero Mónaco moderno que disfrutó de una popularidad arrolladora durante sus 55 años al frente del pequeño Principado.

Alberto está protagonizando el paso del cuento de hadas a la recuperación después de la pandemia. En estos años ha modernizado la administración y apostado por la transparencia financiera. Ahora deberá guiar la fase crucial de reconstrucción después de las pérdidas que ha acarreado la emergencia sanitaria.

En nombre de la transparencia de la que quiso hacer uno de los pilares, también en su faceta personal, reconoció la paternidad de dos hijos extramatrimoniales, Jasmin Grace, que como su abuela, es actriz y cantante, y Alexander Eric, de 12 años. Ellos no están en la línea sucesión, ya que la constitución monegasca no reconoce como herederos a los hijos nacidos fuera del matrimonio. Por ello, una de sus mayores presiones fue contraer matrimonio y dar al Principado un heredero.

Los Grimaldi son conscientes de que más allá de las posibilidades económicas que ofrece el pequeño Principado, la fascinación que despierta su familia sigue siendo uno de los grandes atractivos para el turismo y para los ricos que ansían dejarse ver en las lujosas fiestas que allí se organizan. La elegida para acompañar al soberano fue Charlène Wittstock, una campeona de natación a la que conoció en el año 2000 y con quien formalizó la relación en 2006, cuando ya se había hecho cargo del Principado y con quien se casó en 2011. Su llegada y el nacimiento de sus mellizos, aseguró el futuro de la dinastía, pero no ha logrado ocupar el puesto de su suegra ni representar el glamur tradicional de la alta aristocracia y los fastos de palacio que los Grimaldi han personificado como nadie a lo largo de la historia.

Alberto de Mónaco y su esposa, Charlene, en un balcón del palacio del principado, el 27 de enero de 2020.
Alberto de Mónaco y su esposa, Charlene, en un balcón del palacio del principado, el 27 de enero de 2020.ERIC GAILLARD / Reuters

Este año, el aniversario de la entronización será particular. No habrá grandes celebraciones debido a la pandemia, que también está castigando al Principado y afectado al propio príncipe Alberto, que se contagió y se curó de la enfermedad después de dos semanas de aislamiento.

Superada esta batalla personal, ahora es el turno de enfocarse en los asuntos de gobierno. Mónaco, como otros muchos países de su entorno está viviendo en estos momentos la transición hacia la nueva normalidad. El príncipe se enfrenta ahora al desafío de encauzar la recuperación después de los meses de confinamiento y la reconstrucción del tejido social y económico, seriamente afectados. “En el Principado hemos puesto en marcha medidas de estímulo para la economía de varios cientos de millones de euros, con una sesión extraordinaria del parlamento para revisar el presupuesto. Habrá apoyo para las diferentes categorías de trabajadores, es una situación terrible a escala mundial”, ha señalado el príncipe Alberto en una entrevista con el diario italiano Il Corriere della Sera. Además, el soberano ha rebajado su retribución en unos cinco millones de euros. La familia real monegasca es una de las más ricas del mundo y según el medio Business Insider y el patrimonio del soberano ronda los 1.000 millones de euros.

Su principal objetivo es completar dos de sus proyectos estrella. Por un lado, el príncipe trabaja para dar otra identidad al Mónaco del glamur y el esplendor, icono del lujo y epicentro de la opulencia a través de un nuevo modelo económico basado en la sostenibilidad y la transparencia financiera para atraer nuevas inversiones. Y por otro, consciente de que los negocios inmobiliarios siempre han sido parte importante de la economía del Principado, también está inmerso en un proyecto de expansión con el que busca ganarle espacio al mar con un nuevo barrio ideado por el arquitecto italiano Renzo Piano, con paneles solares y amplias zonas verdes. “Mónaco puede ser el laboratorio del futuro”, ha dicho Alberto, que confía en el desarrollo tecnológico y ya ha sellado varios acuerdos con China para intercambiar conocimientos, tecnología y recursos y así ayudar al país asiático a reducir la contaminación.

Alberto de Mónaco se ha consolidado como un firme defensor de la sostenibilidad. Está convencido de que esta emergencia sanitaria traerá también un cambio de mentalidad. “Nos abrirá finalmente los ojos sobre lo importante que es la salud. Y no hay salud sin un medioambiente sano”, ha dicho.

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