Roger Federer, la fortuna y los problemas inmobiliarios del tenista más laureado

Es el deportista que más gana con un patrimonio de más de 803 millones pero la construcción de su nueva casa frente al lago Zúrich le está acarreando problemas con los ecologistas

Roger Federer y su esposa, Mirka, durante un desfile de Louis Vuitton en 2016 en París.
Roger Federer y su esposa, Mirka, durante un desfile de Louis Vuitton en 2016 en París.Stephane Cardinale - Corbis / Corbis via Getty Images

Roger Federer es el tenista más laureado de la historia y también el deportista que más dinero gana en el mundo según la revista Forbes, que calcula que solo con los premios ganados a lo largo de su carrera ha acumulado una fortuna de 130 millones de dólares (116 millones de euros). Una cantidad que se queda corta si se habla de su patrimonio total, que distintos medios cifran superior a los 900 millones de dólares (más de 803 millones de euros), ya que el grueso de sus ingresos proviene de los contratos de patrocinio con distintas marcas, el más sabroso de ellos el que firmó con la firma Uniqlo por 268 millones de euros por un período de 10 años en julio de 2018, tras romper su acuerdo con Nike. Tadashi Yanai, fundador y presidente de la junta directiva de Uniqlo y presidente de Fast Retailing, señaló entonces que “Federer es uno de los más grandes campeones de la historia; el respeto que siento hacia él va más allá del ámbito deportivo”. La colaboración girará en torno a la innovación dentro y fuera de la pista, ya que “compartimos el objetivo de provocar un cambio positivo en el mundo, y espero que juntos podamos brindar la mejor calidad al mayor número de personas”.

Los mismos valores que han convertido al deportista en una marca en sí mismo que ha alcanzado acuerdos millonarios con otras firmas de primer nivel como Rolex (relojes), Moët&Chandon (champagne), Mercedes-Benz (automóviles), Wilson (marca deportiva), Gilette, Sunrise (telecomunicaciones), Credit Suisse (banca), Lindt o Barilla (chocolates y alimentación) o NetJets, una compañía de aviación que pone a disposición del tenista su propio avión privado. Un lujo que Federer justifica afirmando que contar con este medio de transporte como parte de su equipo le ha hecho mucho más fácil la vida, teniendo en cuenta el ritmo frenético de la gira que le lleva de un lado a otro del mundo durante muchos meses al año.

Con 38 años y la retirada próxima en el horizonte, Federer, el deportista que en 2016 fue nombrado por la London School of Marketing como el de mayor potencial comercial, lleva una vida discreta pero no exenta de lujos junto a la familia que ha formado con la extenista Mirka Vavrinec (41 años), que se retiró de las pistas después de una lesión en el pie. La pareja, que llevan veinte años juntos, tiene cuatro hijos, Myla, Lennart, Leo y Charlene. Un historia de amor eterna vivida a pie de pista, ya que ambos se conocieron cuando jugaban al tenis representando a Suiza y coincidieron en una concentración en la que compartían grandes habitaciones con otros deportistas. El último día el tenista se decidió a darle un beso y eso, según recordó en una entrevista, los ha llevado “a algo maravilloso para ambos y estamos felices”.

Entonces mintió sobre su edad y se hizo pasar por algo más mayor para captar la atención de la que hoy es su esposa. “Pensando en aquel momento, fue un gran reto”, ha reflexionado el tenista, que parece haber pasado más miedo en aquel momento que en todos los grandes enfrentamientos deportivos que ha vivido a lo largo de su carrera. Su calidad y saber estar en la pista son sus cartas de presentación también como generador de dinero, de este tenista que nació en Basilea (Suiza) y comenzó su andadura como deportista a los ocho años por la insistencia de su padre, Robert, y su madre Lynette du Rand, nacida en Sudáfrica. A los 14 años ya era campeó nacional junior de su país y con solo 18 ganó su primer torneo de Roland Garros.

Entre sus propiedades inmobiliarias posee un apartamento en el piso 50 de un lujoso edificio de Dubái, una casa de montaña en el pueblo suizo de Valbella-Lenzerheide y otra en Herrling, un municipio próximo a la ciudad de Zúrich. En la actualidad se está construyendo la que considera es la casa de sus sueños a orillas del lago Zúrich y situada en la localidad de Rapperswill-Jona. Un proyecto situado en una extensión de terreno equivalente a la superficie de tres campos de fútbol y que parece le está dando más de un quebradero de cabeza al tenista. Los motivos son varios. Uno de ellos que al millonario coste inicial de la construcción va a tener que sumarle 18,5 millones de euros en labores de descontaminación del terreno ya que se han encontrado restos de anteriores construcciones hasta casi un metro por debajo del nivel del terreno.

A este inconveniente ahora se han sumado las protestas de los conservacionistas que acaban de realizar acciones legales para impedir que le deportista consiga cerrar un tramo del acceso público al lago, como era su pretensión. La asociación Aqua Viva acaba de presentar alegaciones sobre los planes de las constructora que se encarga de las obras de la casa del tenista, afirmando que la documentación no está completa y que no van a permitir nada que vaya en contra de la protección del agua del lago. A este respecto, la ley suiza dice que las aguas fluviales son públicas y Federer, como otros propietarios de lujosas mansiones de la zona, quiere crear un sendero privado hasta el algo a través de su finca, que obligaría a los peatones a rodearla, cuando legalmente el camino de la ribera del lago debe ser público en su totalidad.

El alcalde de Rapperswill-Jona, la localidad en la que se está construyendo la vivienda, se ha puesto en un primer momento de parte del tenista y ha declarado que existen “innumerables lugares por los que el público puede acceder al lago sin ningún problema”. Un posicionamiento que puede variar si sube el tono de las opinión pública y de los partidos conservacionistas, pero que también muestra un antiguo debate: si la ley de ordenación del territorio que establece que todos los lagos y ríos de Suiza pertenecen al público incluye las orillas de unos y otros. Un debate que viene arrastrándose desde que entró la ley en vigor, hace 40 años, y que la prensa atribuye a una falta de determinación de los políticos locales, que quieren indisponerse con sus contribuyentes más ricos.

Mientras la construcción de la nueva casa de la familia de Roger Federer permanece en este limbo, él continúa deshojando la margarita para encontrar el momento adecuado para su retirada y seguir disfrutando de la fortuna ganada en los circuitos de tenis del mundo en estas dos décadas de carrera en la élite del deporte.



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