Gala Met

Historias de la disparatada gala del Met que hoy no se celebrará

Anna Wintour cita a cada año al mundo de la moda a una gran fiesta en el museo neoyorquino que no se celebrará este 2020 por la pandemia. Además de ropas fascinantes, ha dejado multitud de anécdotas

Rihanna, en la alfombra roja de la gala del Met en 2015.
Rihanna, en la alfombra roja de la gala del Met en 2015.cordon press

El primer lunes de mayo es un día tan marcado en la agenda de la vida social estadounidense que tiene incluso un documental llamado así, The First Monday in May. Porque ese día, desde hace casi 75 años, se celebra la gran fiesta de la moda en Nueva York. El Museo Metropolitano de la ciudad, ubicado a las puertas de Central Park, estrena el martes una exposición temática de moda; el lunes está dedicado a una gran gala, también temática, para recaudar fondos al respecto. Anna Wintour, la directora de Vogue, que también tiene un cargo directivo en el museo, es la encargada de organizarla y es quien, en los últimos 20 años, ha conseguido pulirla hasta convertirla en la pasarela de actores, cantantes, diseñadores y famosos de todo tipo más importante de la temporada y que a día de hoy solo superan los Oscar.

Sin embargo, la pandemia de coronavirus —que en EE UU se está cebando especialmente con Nueva York— obligó a cancelar la gala hace un mes y medio, por lo que este año no habrá alfombra roja... ni anécdotas al respecto. El tiempo, la moda a través de la historia, era la temática de este año, después de un 2019 dedicado al camp.

En 2019, la gran anécdota de la gala la protagonizó una de sus anfitrionas (cada año hay varios, escogidos entre patrocinadores y personajes famosos), Lady Gaga. Ataviada con un enorme vestido de color rosa de larguísima cola, la cantante se fue quitando capa tras capa en todo un espectáculo de más de cinco minutos en los que mostró hasta cuatro looks diferentes, además de un carrito de bebidas con su nombre, gafas de sol o un teléfono móvil noventero. Completaron el plantel Katy Perry vestida de candelabro (y después de hamburguesa), Jared Leto con su propia cabeza y la cantante Zendaya como Cenicienta.

Esa era una princesa Disney, pero también las ha habido reales. Carlota Casiraghi, Rania de Jordania o Eugenia de York se han dejado ver en alguna edición, y antes que ellas Diana de Gales. Lady Di estuvo en el evento en 1996, entonces celebrado en diciembre, vestida de seda azul y encaje negro con uno de los primeros diseños creados por John Galliano para Dior, puesto que la gala honraba el legado del diseñador francés. También la “realeza” estadounidense ha acudido a la gala: Jacqueline Kennedy estuvo presente en 1979, en una muestra dedicada a los Habsburgo, vestida de Valentino. 22 años después su figura sería objeto de la exposición.

Otras anécdotas dejan ver a numerosas top models de los años noventa rodeadas de históricos diseñadores, en fotografías que muestras looks mucho más relajados que los de estos días. Por ejemplo, en 2005 Elle McPherson decidió acudir en sandalias planas; sus 182 centímetros de altura no necesitaban de zapatos de tacón. Aunque sí llevó tacones en 2010 Renée Zellweger para llegar hasta el evento caminando: vive a un par de manzanas del museo.

La ropa es clave en la gala, que ha dejado momentos icónicos e históricos, como a la cantante Rihanna en 2015, en la dedicada a China. Allí apareció vestida de alta costura por Guo Pei con un diseño amarillo que generó miles de memes. También triunfó vestida de papisa en 2018, en una gala dedicada a la religión católica. Los memes y las bromas han sido habituales con looks tan extremos, como ocurrió con un tocado con forma de llama de Sarah Jessica Parker o como cuando, en 2013, Kim Kardashian acudió a la gala por primera vez. Estaba embarazada de su primera hija y llevó un ajustado vestido estampado que muchos compararon con un sofá.

Pero también ha habido anécdotas relacionadas con lo personal. En el año 2014, más que la ropa dio la vuelta al mundo una pelea: la sucedida en un ascensor entre la cantante Beyoncé, su marido, el músico Jay Z, y la hermana de la cantante, la también artista Solange Knowles. En un vídeo que filtró la web TMZ, se ve a Jay Z diciéndole algo a Solange, y poco después esta le golpea, empuja y da patadas hasta que la seguridad la agarra e incluso para el ascensor, mientras que Beyoncé permanece, quieta y callada, al lado de su marido. Solo un par de minutos después, cuando, el músico vuelve a decirle algo a Solange y ella reacciona de nuevo, Beyoncé interviene para separarlos. Después, los tres salen sin mediar palabra y como si no hubiera pasado nada.

Anna Wintour es la mandamás del evento, quien decide desde la temática hasta las actuaciones, las marcas anfitrionas, los vestidos de las famosas o la organización de los asientos, en una cita cuya entrada (que por supuesto solo es posible mediante invitación) cuesta más de 20.000 euros. Controla hasta el más mínimo detalle, de ahí su enfado cuando, en 2017, un puñado de modelos y famosas como Bella Hadid o Dakota Johnson se fotografiaron fumando en los baños del museo. Además de por una cuestión sanitaria, el tabaco podría haber dañado las obras de arte del recinto.

La ira de Wintour puede hacer que más de un famoso se quede fuera. No le gustan las críticas contra el evento. De ahí que probablemente no le habrá hecho ninguna gracia escuchar a diversos famosas poniendo a caldo el evento. Por ejemplo Amy Schumer, que contó en una charla con Howard Stern que le había parecido “un castigo” “La gente da la impresión de estar teniendo una conversación... No me gusta esa farsa”, explicó, asegurando que iban “vestidos como una panda de completos imbéciles”. Algo que Lena Dunham comentaba poco después con la misma Schumer: “Estábamos sentadas una frente a la otra en la gala y parecía una cuenta atrás para poder huir. Nos repetíamos, como un mantra: 'Nos sentimos honradas de estar aquí, nos sentimos honradas de estar aquí”.

A la humorista Tina Fey le pareció “un desfile de idiotas”, mientras que Demi Lovato afirmaba que solo quería “darse a la bebida”, por lo que decidió irse de la misma para acudir directamente a una cita de Alcohólicos Anónimos. Se cambió de ropa, pero no se quitó las joyas: “Millones de dólares en diamantes en una reunión de Alcohólicos Anónimos, donde tenía más que ver con las personas sin hogar que estaban allí que con la gente de la gala, todos falsos”, le contaba a Billboard en 2016.

Gwyneth Paltrow criticó con fuerza el evento en una entrevista con USA Today, en 2013. En ella habló del terrible calor que había pasado en la gala, y afirmando que no había sido nada divertido y que había tanta gente que no quería volver. La actriz volvió a posar en ella, sonriente, en 2017.

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