Es hora de dar modernidad al turista en España

El descenso español en el ranking de equipamiento turístico del Foro Económico Mundial señala que hay que invertir en calidad, digitalización y sostenibilidad

Vista de la playa de Levante de Benidorm (Alicante).
Vista de la playa de Levante de Benidorm (Alicante).David Ramos (Getty Images)

España lleva desde 2015 en el primer puesto del Índice Global de Competitividad Turística del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), gracias, entre otros factores, a sus infraestructuras de servicios turísticos. Hoteles y resorts, instalaciones de ocio, oficinas de información, centros culturales. Hay aspectos de este apartado de equipamiento en los que mantiene posiciones si comparamos los rankings de 2017 y 2019 (último publicado), como las plazas hoteleras por cada 100 habitantes o la presencia de las grandes compañías de alquiler de coches. Pero ha empeorado su puntuación en cuanto a la ratio de cajeros automáticos y en la “calidad de la infraestructura turística”, según lo perciben los propios directivos y empresarios consultados en la encuesta de opinión ejecutiva anual de WEF. España ha bajado del segundo al tercer cajón de este podio, por detrás de Portugal y Austria.

“Hay enclaves tradicionales con un problema serio de obsolescencia”, precisa Jonatan Paton, responsable del departamento I+D de la consultora Infyde y coautor del informe Innovación turística y especialización inteligente en España, publicado junto a Segittur (Sociedad Estatal de Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas) y la Fundación Cotec. Necesitados de una actualización, sobre todo en materia de sostenibilidad y digitalización, que son los dos vectores clave de futuro en cualquier ámbito, no solo en el de los viajes. El reto actual de los destinos es “asegurar al viajero conectado una experiencia óptima”, mantenerse competitivos y “velar por la sostenibilidad social y ambiental”, según recoge el Plan de impulso para el sector turístico (dentro de la Agenda 2030 del Gobierno), que asimismo reconoce la importancia estratégica del sector y el desastroso impacto de la pandemia.

Javier García Cuenca, presidente de ITH (Instituto Tecnológico Hotelero), lo compara con la exigencia de los atletas de élite de permanecer en los primeros puestos, lo que genera cansancio y un desgaste. En su opinión, no se trata tanto de crecer como de modernizar lo que hay, “transformando la planta hotelera, reconvirtiéndola, con propuestas de valor que generen diferenciación, pero de manera selectiva”. Porque la situación no es la misma en todo el país, como recuerda Paton. “En España la diversidad tanto de oferta como de infraestructuras es grande; te encuentras destinos punteros junto a otros más obsoletos”, apunta, incluso dentro de una misma comunidad autónoma.

Entre 2017 y 2019, Austria, con un territorio mucho más compacto y orientado a un tipo de turismo más concreto (nieve y deportes de invierno), ha bajado del primer al segundo puesto en el puesto de infraestructuras turísticas de WEF; España, del segundo al tercero. Portugal ha subido del cuarto al primero. “Portugal ha invertido”, afirma Paton. Mientras que, en España, la crisis de 2008 se tradujo en “una disminución lineal del gasto público”, y en una falta de inversión en I+D+i y en mantenimiento de las infraestructuras, según lamenta Jaime del Castillo, presidente y fundador de Infyde. Después llegó la covid-19. Y, como buena noticia, los fondos estructurales de recuperación de la UE, Next Generation, que los expertos consultados coinciden en calificar de gran oportunidad. “Hay que poner en valor la parte privada”, enfatiza García Cuenca, y “apostar por alianzas público-privadas”. “Tenemos la enorme ventaja de contar con empresarios turísticos capaces de llevar la marca España lejos de nuestras fronteras. Hay que apoyarse en el sector”, defiende Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos ­(CEHAT). Esta organización ha presentado cinco proyectos tractores a los Next Generation: Smart Ho­tels; desarrollo de ecosistemas de inteligencia turística y soluciones de comercio electrónico; destinos sostenibles y eficientes; movilidad urbana turística sostenible, y el Centro de Excelencia de Ciberseguridad para el Asesoramiento. Todos van por la línea marcada por España Puede (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia), cuyo componente 14, referido al turismo, apuesta por los planes de sostenibilidad turística como vías hacia la competitividad y la modernización.

“Estamos en un cambio de paradigma”, certifica el analista de Infyde. La fórmula de sol y playa, sobre la que se ha sustentado buena parte de la oferta de España, ha de tender hacia “productos más diferenciados, de mayor calidad”, y eso implica dotarse de infraestructuras distintas. “Si paso del turista que busca alcohol y playa al que reclama naturaleza y huella cero, he de cambiar”, incide Del Castillo, que cree que la ligera caída de España en el ranking es positiva, puesto que encierra “el germen de un cambio estructural”. Para muestra, dos botones significativos: los hoteleros de Calvià lideran un proceso para reorientar el municipio balear donde se enclava Magaluf, con su sambenito de meca del turismo de borracheras; mientras que Benidorm, con su Plan de Destino Inteligente y su Plan de Turismo Sostenible, se ha convertido en ejemplo de “tractor de la competitividad nacional” para Turespaña. “Municipios turísticos clásicos obsoletos están tomando consciencia de que hay que pasar a un turismo sostenible”, resume Del Castillo.

Competitividad y cadena de valor

Jaime del Castillo reclama a las administraciones que traten al turismo (que describe como un sector atomizado, con gran presencia de pymes y una cultura de empresa muy tradicional en muchos casos) como a cualquier otra industria, que apuesten por su innovación y tengan en cuenta la competitividad y toda la cadena de valor (gestión energética, logística), no solo lo que ve el turista. A principios de febrero, la Dirección General de Crecimiento (DG GROW), responsable de la política de la Comisión Europea en materia de mercado único, industria, emprendimiento y pequeña empresa, daba a conocer una publicación sobre la transición del turismo hacia un futuro más verde y digital. Es la primera de una serie dedicada a los ecosistemas industriales europeos, y en ella se resalta que el turismo fue el primer ecosistema industrial en trabajar en dicha transición. Del Castillo interpreta estas palabras como un cambio en la visión de la UE respecto a una industria que “hasta 2019 ni aparecía en los reglamentos”. Y augura un peso mayor de las políticas públicas en el sector.

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