Carreras versátiles y con alta empleabilidad

Grados generalistas como Administración de Empresas, Ingeniería Industrial, Informática o estudios vinculados a las relaciones laborales y los recursos humanos resultan cada vez más atractivos para las compañías por la flexibilidad de conocimientos y la visión amplia que otorgan a sus egresados

andresr (Getty Images)

María de Santiago se graduó en Administración y Dirección de Empresas (ADE) pensando en una carrera que le abriera horizontes y ofreciera una formación lo suficientemente amplia como para que le diera tiempo a ir descubriendo lo que más le gustaba dentro del mundo empresarial. Eligió una titulación internacional, con dos años cursados en Francia, que le permitió emplearse en el departamento de marketing de una multinacional de logística con sede en París. “Sabía qué se hace en los distintos puestos de una organización, pero no tenía un conocimiento profundo de cada uno de ellos; la especialización vino a través de la experiencia laboral”, recuerda. Tras un tiempo trabajando por cuenta ajena cofundó su propia compañía, Lumio, de energía solar, y ahí su formación generalista volvió a ayudarla: “Tienes una visión global, entiendes un poco de todo y sabes de qué te están hablando los especialistas”.

“Casi cualquier acontecimiento tiene una variante económica; la economía lo impacta todo; es una forma de entender cómo funciona el mundo”, reflexiona José María Martínez, director del grado en ADE de ESIC. Esta carrera lleva varios años siendo la que más salidas profesionales tiene en España según el Informe Infoempleo Adecco. Y es, además, la que más crece. “El 10,6% de las ofertas de empleo que requieren estudios universitarios hace referencia a esta titulación”, resalta el estudio. Raquel González, directora de Spring Professional, que es la consultora de selección del Grupo Adecco, la considera un buen ejemplo de carrera generalista, que “resulta atractiva para los empleadores por su versatilidad; sus graduados tienen una visión amplia, y la capacidad de reengancharse a diferentes tipos de trabajo”, expone.

Es un grado comodín, que dota de flexibilidad a sus egresados, según completa la idea José Navarro, profesor de la Universidad de Guadalajara (México) y experto en formación universitaria y mercado laboral. A ADE le sigue otra carrera paraguas en el ranking de Adecco: Ingeniería Industrial (con un 4,6% de las ofertas de empleo que piden titulados universitarios), considerada la más generalista de todas las ingenierías. Por detrás figuran Ingeniería Informática, el doble grado de Administración de Empresas y Derecho (que experimentó el segundo mayor incremento interanual en la última edición del estudio de Adecco), Ciencias del Trabajo, Relaciones Laborales y Recursos Humanos.

“Un ingeniero industrial es un profesional capaz de trabajar en muchas áreas diferentes”, interviene Óscar García Suárez, director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Madrid (ETSII UPM). “Posee unos conocimientos generalistas muy sólidos (matemáticas, estadística, mecánica física), combinados con un poco de especialización”, agrega. En robótica, electrónica, ingeniería eléctrica, mecánica y de materiales, organización industrial, energía o química. “La formación básica común se da en los dos primeros años; eligen la especialización en 3º, con lo que tienen más tiempo para conocer la rama que más les gusta”, detalla. “Esta formación integral dota de una enorme capacidad de adaptación en un entorno cambiante. Nadie sabe cómo va a estar el mercado laboral dentro de 10 años”, advierte García Suárez.

Visión de futuro

A su carácter generalista suma el hecho de ser la “E” (Engineering) de STEM, acrónimo que aglutina las disciplinas técnicas y científicas, y que está llamado a copar buena parte del mercado laboral futuro, según vaticinan los expertos. “La nuestra es una titulación con empleabilidad alta”, afirma García Suárez y refrenda el análisis sobre egresados de la ETSII UPM elaborado en 2020 por el Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid (­COIIM): “El 99% de los analizados con un perfil completo [en LinkedIn] reflejan algún tipo de experiencia profesional; de ellos, un 95% refleja un puesto de trabajo en la actualidad. En el caso de las últimas cinco promociones, estos valores pasan a ser de un 98% reflejando experiencia en su perfil profesional, y de un 91% que marca dicha experiencia como activa”, reza el estudio.

“Los dobles grados en Derecho-Economía y Derecho-Administración de Empresas pretenden ofrecer al alumno una formación integral pero mixta o heterogénea [...] El alumno debe poseer una buena disposición para el razonamiento lógico y abstracto, así como una clara capacidad para el razonamiento crítico [...] Ha de acceder con un espíritu emprendedor [...] Resultan ser tremendamente versátiles”, presenta en su web la Universidad Carlos III (UC3M). “La economía y el derecho te ayudan a entender la sociedad y a analizar la geopolítica y la geoestrategia de los problemas actuales”, reflexiona David González, que, aunque cursó el bachillerato tecnológico e iba para físico o matemático, a última hora se decantó por el doble grado en Derecho y Economía de la UC3M.

David piensa que su formación de cinco años y medio en dos áreas de conocimiento tan globales, con una nota de corte alta (por encima del 13) y dos trabajos fin de grado (uno por materia) como requisito para poder titularse, le van a abrir muchas puertas. Tantas que su problema (si lo podemos llamar así) estriba ahora mismo en tener que elegir entre dos pasiones que “me tienen dividido”, según reconoce. A medio curso de terminar (está en 5º), le sigue tirando la empresa, y el emprendimiento, hasta el punto de ser vicepresidente de Start, la asociación de emprendedores de su universidad. Pero también le está gustando mucho el trabajo en la Fiscalía General del Estado, donde realiza sus prácticas. “Estoy descubriendo un Derecho que antes no conocía”, asegura.

El 93,4% de los titulados en Derecho y ADE en la UC3M “consiguieron empleo en el primer año posterior a su graduación”, según el último estudio de inserción profesional publicado por la universidad madrileña, en marzo de 2022. Los grados conjuntos que aúnan derecho y economía, y los que se centran en una u otra área de conocimiento por separado, pero son internacionales, tienen un alto porcentaje de contratación según U-Ranking, un proyecto de Ivie y Fundación BBVA que compara 3.493 grados oficiales de 72 universidades y en su información incluye la salida laboral de las titulaciones. El porcentaje de graduados en ADE a secas, sin pata internacional, que han sido contratados como titulados universitarios según puede verse en las cotizaciones de la Seguridad Social correspondientes a 2018 (que es el criterio en el que se basa U-Ranking), roza o supera el 50% en varias universidades. Los números de Derecho son incluso mejores.

Derecho no figura entre los grados con más salidas laborales según la investigación de Adecco, pero se sitúa en la parte media-alta de la tabla, y subió algo más de medio punto entre 2019 y 2020. “Tiene varias de las competencias básicas que los empleadores buscan; por ejemplo, sus alumnos se forman para analizar y resolver problemas que nos preocupan a todos”, apunta Jesús Ruiz Poveda, presidente del Consejo Nacional de Estudiantes de Derecho (Conede). “La carrera fomenta el trabajo en equipo, y la capacidad resolutiva”, insiste. Dicho de otro modo, sus egresados no solo conocen la norma sino que saben cómo aplicarla en las situaciones que se dan en el día a día.

Ruiz Poveda, que está haciendo el doctorado e imparte clases en la Facultad de Derecho del campus de Albacete, siempre exhorta a pensar en la cotidianeidad cuando da una charla en un instituto o habla con su hermana, que es alumna suya. Una gestión en el Ayuntamiento, la firma de un contrato, una obra en casa. “Detrás de todo eso está el Derecho. Y qué puede haber más bonito que estudiar aquello que nos une, a las personas y a la sociedad”, enfatiza.

Un estudiante puede cursar el grado generalista de Derecho o, en las facultades que lo ofrecen, que no son todas, elegir determinadas optativas para titularse con una mención: público, internacional, de empresa. O especializarse por la vía del máster. “Una ventaja de esta carrera es que no tienes que decidir la especialización en el primer momento, sino que vas comprobando lo que te gusta más, y te vas orientando para dedicarte a ello. No es algo específico; el currículo es tan extenso que hay que ir descubriéndolo poco a poco, e incluso cambiar sobre la marcha según lo que vayas encontrando”, incide Ruiz Poveda. Es marca de la casa de las titulaciones globales, que ofrecen marcos formativos amplios que el alumno puede ir surcando, en función de sus intereses y capacidades, hasta encontrar su propio camino.

Cuestión de potencial

“Los puestos laborales, incluso el emprendimiento, no están plenamente definidos”, opina Navarro. “Ninguna universidad puede formar en la especificidad de un puesto de trabajo concreto; no funciona lo mismo una farmacéutica que una multinacional de gran consumo”, compara. Cree que a la empresa le sale más a cuenta contratar a un titulado generalista, “que potencialmente tiene un rango amplio de conocimientos”, y especializarlo en aquella tarea específica que tenga previsto asignarle. Aunque, según matiza, “estas carreras globales resultan atractivas también para los propios estudiantes y sus familias”. O al menos para un perfil de población que prefiere las titulaciones consolidadas, estables, con mucho peso en el imaginario colectivo, que se sabe cómo van, a las novedosas o innovadoras, que está por ver cómo funcionarán. Pone el típico ejemplo del chico o chica que estudia Derecho como su primo, a quien le ha ido bien.

Navarro no descarta las carreras novedosas y emergentes, ni mucho menos. “Consolidadas y emergentes han de convivir”, argumenta. Defiende, eso sí, que la Universidad sirve para mucho más que para procurar habilidades laborales, y que plegarse totalmente a los intereses del mercado es igual de pernicioso que permanecer en su torre de marfil, aislada y desconectada de la sociedad. “Yo puedo aprender mucha técnica de inteligencia artificial, pero necesitaré una formación humanística y espíritu crítico para aplicarla. Si no, estaremos condenados a un mundo de autómatas y ejecutores sin criterio”, advierte.

Vocación, dudas y reorientaciones

“Las carreras paraguas son una muy buena opción para quienes no lo tienen claro y no quieren cerrarse puertas”, aduce Raquel González, directora de Spring Professional, consultora de selección del Grupo Adecco. “A los 17 o 18 años es normal que abunden los indecisos, y los que eligen una cosa para después darse cuenta de que quieren que su camino sea otro”, explica José Navarro, profesor de la Universidad de Guadalajara (México). “De hecho, hay investigaciones que confirman que existe un número importante de titulados que no se dedican a aquello para lo que estudiaron”, tercia. En esto, como en casi todo, existen dos posturas contrapuestas, según expone el experto: la adecuacionista, que mantiene que es un desperdicio de tiempo y recursos cuando un alumno no termina desarrollándose profesionalmente según su formación, y la corriente que defiende que dan igual los estudios elegidos porque luego la vida llevará a los estudiantes por caminos inciertos.
“No firmo ninguno de los dos extremos”, dice Navarro, que se sitúa en un punto intermedio y no cree que pase nada por cambiar de idea, siempre que la persona esté feliz y satisfecha. “Sí hay un problema cuando salen grandes cantidades de promociones formadas en áreas para las que no hay trabajo”, diferencia. “Elegir carrera es una decisión importante, por supuesto, que hay que tomar con calma. Pero estemos tranquilos; hay muchas posibilidades de ir reorientándose a lo largo de una trayectoria formativa; el máster es una excelente herramienta para hacerlo, y además hay otras dentro de la propia universidad”, subraya. “Incluso quien se equivoca no está atado de por vida a la decisión que tomó en primera instancia”, apostilla. 
González y Moreno coinciden en que, si la vocación es clara, el alumno ha de ir a por ella, independientemente de las salidas de la carrera en cuestión. “Será el mejor profesional en lo que elija, o por lo menos lo va a intentar”, afirma González. Para Navarro, que haya jóvenes que se sigan decantando por carreras con baja empleabilidad, como filosofía, o sociología, se entiende por ese componente vocacional. “Hay que admitir que será un camino más lento, quizás complicado, con más obstáculos, e incierto, pero eso no significa que le vaya a ir mal en la vida. No basta con estar bien económicamente para considerarse feliz”, ­concluye.

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