Pilas para evitar los apagones

Un impulso a las tecnologías de almacenamiento energético es vital para suplir una escasez de fuentes renovables

milanvirijevic (Getty Images)
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Las baterías de iones de litio están casi por todas partes. En el móvil que lleva en el bolsillo, en el ordenador o en la tableta donde lee las noticias. En los próximos años serán el corazón que dé fuerza a una buena parte de los coches que circulen por las carreteras, pero sobre todo estarán detrás de toda la energía que consumamos en nuestros hogares. Esta tecnología ha revolucionado nuestras vidas desde que llegó al mercado en 1991 y ha sentado las bases de una sociedad no solo inalámbrica, sino también libre de combustibles fósiles. El camino hacia la descarbonización del planeta ha avivado la búsqueda de soluciones de almacenamiento de energías renovables. “En estos momentos hay diversos proyectos en desarrollo y planificación de múltiples tecnologías”, afirma Yann Dumont, presidente de la Asociación Española de Almacenamiento de Energía (Asealen).

El objetivo está claro: asegurar que a finales de la próxima década el 74% de la producción eléctrica y el 27% del consumo final procedan de renovables, según la meta marcada por el Gobierno. El reto es titánico. Para lograrlo, se ha planteado que la capacidad de almacenamiento pase de los 8,3 gigavatios (GW) actuales a 20 GW en 2030. Para 2050 la idea es disponer de 30 GW, incluyendo tanto el almacenamiento a gran escala como el almacenamiento detrás del contador (instalaciones ubicadas en locales comerciales e industriales), según la Estrategia de Almacenamiento Energético lanzada a principios de este año. “El almacenamiento minimiza los vertidos de la producción, pudiendo usar los excesos como respaldo en momentos en los que las renovables no estén disponibles”, dice Elena Velázquez, directora técnica de la Unión Española Fotovoltaica.

Paso acelerado

La industria ya se prepara para echar la carne al asador y aprovechar el maná de los fondos europeos. Sobre la mesa hay unos 15.000 millones de euros, según las estimaciones de la Asealen, para poner en marcha algunos proyectos relacionados con las baterías, sistemas de bombeo hidráulico y termosolares. “Tendremos que aprovechar los recursos y dedicarlos a inversiones inteligentes”, comenta José María González Moya, director general de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (Appa). “El reto es almacenar energía para que pueda sustituir tres cuartas partes de nuestro consumo energético actual, que genera emisiones”, agrega Dumont.

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Las baterías recargables de litio quieren ser las grandes protagonistas en esta transición energética. La tecnología se ha abierto paso entre los coches eléctricos y ha pisado con fuerza en el mercado de los dispositivos móviles. Ahora son la promesa del sector para lograr la neutralidad climática. “Son herramientas prácticas, flexibles, poco voluminosas y, sobre todo, cada vez más económicas”, dicen desde Endesa. En 2010, por ejemplo, el precio de estas baterías estaba por encima de los 1.100 dólares por kilovatio-hora (kWh), según las cifras de BloombergNEF, el área de análisis de la agencia internacional. Al cierre de 2020, el coste era tan solo de 137 dólares/kWh, un 87,5% menos que hace una década. Y para 2023 estarán cerca de los 100 dólares por kWh.

“El avance de esta tecnología permite ya aplicaciones en el ámbito del almacenamiento estacional, bien ligadas a aplicaciones de autoconsumo de pequeño y mediano tamaño, o bien aplicaciones de generación de energía y soporte a la red”, resalta Dumont. Pero no todo es miel sobre hojuelas. Europa está perdiendo la carrera por el desarrollo de esta tecnología. En el continente están instaladas solo el 6,6% de las megafactorías de baterías de litio que hay en el mundo, según un análisis de Benchmark Mineral Intelligence. La gran mayoría (el 75,5%) están en China.

En España, i-DE, la compañía distribuidora eléctrica de Iberdrola, inauguró en 2019 el primer sistema de almacenamiento de energía eléctrica con baterías de ion de litio para redes de distribución en España. El proyecto, pionero en el país y situado en el municipio murciano de Caravaca de la Cruz, dispone de grandes contenedores donde se acumula la energía que viene a través de placas solares. El sistema de almacenamiento, de 3 MWh de capacidad, funciona en caso de interrupción de suministro y provee hasta cinco horas de energía eléctrica a las principales pedanías de su entorno.

Proyectos de reutilización

Endesa, por su parte, reutiliza baterías usadas previamente en vehículos eléctricos en un sistema de almacenamiento instalado en su central térmica de Melilla. El sistema está formado por 78 baterías interconectadas con una potencia de hasta 4 MW y una energía máxima almacenada de 1,7 MWh. Esta gran batería garantizará la mejora del suministro energético de Melilla, que cuenta con 86.120 habitantes, reduciendo la posibilidad de cortes de suministro en la ciudad autónoma.

El bombeo hidráulico es, sin embargo, el que ofrece la máxima garantía de funcionamiento y almacenamiento del sistema eléctrico, dice Dumont. En el país existen 1.200 presas. España es la nación europea con el mayor número de embalses y el décimo en el mundo. Su funcionamiento es sencillo. Durante los periodos de alta demanda, el agua almacenada en el embalse superior se libera mediante turbinas hacia un depósito inferior para producir electricidad, mientras que en periodos de baja demanda el agua se bombea de vuelta al embalse superior y se almacena de nuevo. Las reservas hidroeléctricas son capaces de almacenar una energía equivalente a más de 14.000 GWh (para una potencia total de 20.133 MW). Su desventaja radica en que gran parte de ese potencial estará disponible en la medida en que la meteorología acompañe con lluvias.

Destaca entre ellos el de la central hidroeléctrica de bombeo Chira-Soria, en Canarias, que supondrá una de las más importantes infraestructuras de almacenamiento de energía en nuestro país con una potencia de 200 MW, lo que multiplicado por las 16 horas que es capaz de ofrecer supone una capacidad de almacenamiento de 3,2 GWh.

Más opciones

En el mercado existen otras tecnologías que están casi listas para comenzar su despliegue a escala comercial. Por ejemplo, las baterías electroquímicas de flujo (redox), los sistemas de aire comprimido y criogénicos, volantes de inercia, supercondensadores y tecnologías de almacenamiento químico, en forma de combustibles como el hidrógeno y amoniaco. Además, existen capacidades de almacenamiento en depósitos de agua caliente, enlazados con la electrificación de consumos térmicos. “Cada uno de ellos apunta a cubrir necesidades distintas y servicios diferentes”, añade Dumont. “Y son prometedores por ser los proyectos que iniciarán un ciclo estable de desarrollo de las soluciones de almacenamiento en España”.

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