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París debate qué ponerse en un mundo que se calienta

La ligereza de la propuesta de Louis Vuitton, los imprescindibles códigos de Chanel en su versión más veraniega y la reflexión climática de Miu Miu ponen punto final a la pasarela francesa

Semana de la Moda de París
Desfile de la colección primavera/verano 2024 de Louis Vuitton, este martes 3 de octubre en la semana de la moda de París.Kristy Sparow (Getty Images)

Hacía muchísimo calor. Esta ha sido la frase más pronunciada tras los desfiles de la semana de la moda de París. Una frase aburrida, prosaica, una conversación de ascensor: hablar del tiempo es ese lugar común al que recurrir cuando no se sabe qué decir y en estas semanas de encuentros fortuitos o repetitivos hay muchas ocasiones para no saber qué decir. Sin embargo, cuando en octubre la temperatura en París es de 32 grados, ya no es una conversación cómoda ni superficial y nadie puede dar la espalda a sus implicaciones, mucho menos la moda. Las respuestas de la industria ante el cambio climático se enfocan desde hace años en la sostenibilidad medioambiental, pero el sector que se encargará de vestirnos en las subsiguientes olas de calor puede, y debe, tener respuestas inmediatas y tangibles, por algo está en sus manos decidir si nos enfrentaremos a los 40 grados de verano embutidos en abrigos de cuero negro o en sedas y pantalones cortos.

Nicolas Ghesquière replicó, sin intención, el efecto invernadero al forrar de plástico el edificio en obras del grupo LVMH en donde presentó el martes su colección para Louis Vuitton. Sin embargo, era el público quien parecía haber medido peor la temperatura: en la pasarela los looks transmitían ligereza. No había tantas prendas escultóricas y sí tejidos vaporosos, lamés, gasas, sedas drapeadas y colores pastel. Si en la colección crucero proponía un mundo subacuático de criaturas marinas, esta vez no recurría a la ciencia ficción como suele, sino que situaba a la mujer que viste Louis Vuitton en el aquí y ahora, aunque para quedarse en esta dimensión sea obligatorio adaptar el armario a la realidad. La ovación del público, en pie, fue iniciada por Delphine Arnault, según cuentan quienes se sentaban en su zona, y fue recibida con agradecimiento por el diseñador que este año cumple 10 al frente de la marca centenaria.

Unas horas antes, Stella McCartney había ocupado la calle de un típico mercado parisino con el universo de su marca. Heredera de los preceptos de su madre, pionera ecologista, su firma es una de las pocas que no ha tenido que reciclar su narrativa, ya que nació como vegana y sostenible y eso mostraba en los puestos que sirvieron de fondo a la pasarela: su trabajo tecnológico con pieles veganas, los tejidos creados a partir de algas que luego pudieron verse en la pasarela, la impresión 3D reciclable o su ropa técnica conforman el desarrollo desprejuiciado de una marca de moda que siempre ha tenido vocación comercial sin renunciar a la innovación y el atrevimiento. No fue menos esta vez: Stella McCartney viste a las mujeres con alegría y conciencia, dos conceptos que algunos diseñadores consideran opuestos, pero que no lo son. No es necesario replegarse en la sencillez beige para mostrar contención consumista.

Paris Fashion week
El desfile de Stella McCartney, el 2 de octubre de 2023 durante la semana de la moda de París.STEPHANIE LECOCQ (REUTERS)

Junto con Stella, y Maria Grazia Chiuri en Dior, Virginie Viard es una de las pocas diseñadoras mujeres que quedan entre los grandes nombres después de que Gabriela Hearst se despidiera de Chloé esta semana y Sarah Burton de McQueen en su último desfile para la marca. Tres días después se ha conocido que a Burton le sustituirá Seán McGirr, diseñador de la división de hombre de J.W. Anderson, lo que significa que los diseñadores del grupo Kering son ahora todos hombres blancos, curioso cuando su principal mercado es vestir a mujeres. Lo dijo hace unos días Vanessa Friedman, la editora de moda de The New York Times: “En mi opinión, esto corre el riesgo de parecerse demasiado a un retroceso”.

Se acusa en ocasiones a Virginia Viard y su trabajo en Chanel de ser predecible, cuando quizás eso quiere decir que se trata de ropa pensada para ser utilizada y no tanto para el lucimiento personal de la diseñadora, que es quizás en este momento el perfil más discreto de los grandes nombres. Esta vez volvió a hacer lo que se le da tan bien: emplear todos los códigos de Chanel, que son ya cultura pop, para convertirlos en prendas prácticas. No escatimó en tweeds, color rosa, camelias, logos, denim, pasamanería, pero también aquí se pudo ver una colección pensada para el calor con los tweeds a modo de capas con capucha sobre bañadores, rayas marineras gritando verano y modelos calzadas con chancletas. Quizás no es la propuesta más transgresora de las semanas de la moda, pero quién dice que Chanel tenga que serlo. Los números, además, acompañan el trabajo de Viard, que lejos de la espectacularidad de los shows de Karl Lagerfeld, se centra en enseñar ropa de forma eficaz, pero escapa al mismo tiempo de la pesada etiqueta del lujo silencioso, que es otro de los grandes temas que han sobrevolado este mes de la moda. Esa idea de que los verdaderos ricos visten con prendas carísimas que solo ellos reconocen, además de ser una premisa falsa, no afecta a Chanel. De hecho, todo el ADN de la marca se basa en ser reconocible.

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La propuesta de Chanel para la próxima primavera, presentada en la semana de la moda de París este martes, 3 de octubre.SARAH MEYSSONNIER (REUTERS)

Quizás en el extremo opuesto a Viard se encuentra la propuesta de Casey Cadwallader, aunque ambos juegan con el peso de un legado muy concreto. El desfile de Mugler, fiel a sus amazonas en licra, mujeres en absoluto control de su cuerpo, y con corsés de metacrilato transparente y gasas a modo de velo, fue un espectáculo en su acepción literal. Entre ventiladores que daban un efecto dinámico a una ropa que se pega al cuerpo y acompañadas de aplausos del público, completamente entregado al fenómeno Mugler, desfilaron Angela Bassett, Paris Hilton, Fan Bing-bing, Helena Christensen, Amber Valletta, Irina Shayk, Natasha Poly, Mariacarla Boscono y la española Esther Cañadas.

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Esther Cañadas, en el desfile de Mugler, el 2 de octubre en París.Victor VIRGILE (Gamma-Rapho via Getty Images)

Apenas una hora más tarde presentaba John Galliano su colección para Margiela, uno de los desfiles más relevantes de la semana. En la línea de Galliano de construir historias decimonónicas, esta vez la línea argumental se centraba en aquellos que cruzaron el océano Atlántico para emprender una vida en Estados Unidos. Los desheredados que parten con toda su ropa encima, superpuesta, del revés, sin terminar de abrocharse, con las fornituras, costuras y forros vistos, recogidos a veces con cinta americana o rematados los looks con sombreros de cartón. Sin embargo, la actitud era de desesperanza combativa, no conformista. El del lunes fue un desfile dramático que sostenía todo su argumentario en el virtuosismo de la técnica.

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Detalle de una de las modelos en el desfile de Miu Miu, en la semana de la moda de París el 3 de octubre de 2023.JULIEN DE ROSA (AFP)

Fue directa al grano Miuccia Prada en Miu Miu. Como siempre en sus desfiles escogió una artista para mostrar su trabajo en el set. En esta ocasión, Sophia Al-Maria preguntaba ya desde la invitación si aquello que veíamos era una tormenta, “¿Se cae el cielo?”. En el Palacio d’Lena el estudio OMA, de Rem Koolhaas, había recreado un paisaje de ruinas tecnológicas. La respuesta de Miuccia a este escenario desesperado se basó en lo inmutable: el uniforme, que tanto le obsesiona, la ropa con propósito. Se vieron bañadores, ropa interior, ropa de deporte, vestidos elegantes con brocados. El elemento diferenciador era que todas estas prendas se yuxtaponían no siempre en el orden esperado, superponiendo también viejas prendas, desgastadas por el uso, “por respeto a la historia” decía la nota de prensa. Lo confirmaba la salida de Rosemary Ferguson, la modelo original de la campaña de Miu Miu del 94. Las capas resultan también prácticas en este ensayo apocalíptico: hay que llevar encima todo lo que sea posible (los bolsos llenos de ropa, zapatos y llaveros eran una representación muy gráfica del mensaje). Pero también sirven a la diseñadora para criticar la hiperproducción de esta industria. Y mientras ese mundo en ruinas termina de llegar, es útil poder quitarse ropa sin tener que desnudarse.

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