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No te molestes en ocultar ese cadáver o ese fardo de droga, ellos lo encontrarán

El Goit de la Policía Nacional es un equipo de élite que interviene en medio millar de operaciones al año para abrir puertas imposibles y sacar de la pared millones de euros

Tres agentes del Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas, conocido como el Goit.Santi Burgos

Nadie oculta un cadáver igual que otro. Algunos lo hacen con improvisación, otros, lo tienen todo escabrosamente planeado, otros, se toman una cerveza mientras ejecutan la tarea. Sea como sea, los ojos del inspector Ignacio López y su equipo, lo han visto casi todo. Aunque siempre hay espacio para la sorpresa. Y no solo hallan cadáveres. También han descubierto escondrijos imposibles para droga en huecos de barcos y coches, millones de euros emparedados o sepultados en chalés y una cámara acorazada en el sótano de un famoso ventrílocuo. Son el Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas, más conocido como el Goit de la Policía Nacional. Si ocultas algo, ellos lo encontrarán.

Incluso si es muy pequeño, como ocurrió con el cuerpo de Cándido Español, un vecino de Parla (Madrid) que desapareció el 4 de septiembre de 2015, y del que solo quedó en este mundo una parte del bañador que llevaba y un pedazo de hueso. Antonio Alfonso, alias Soji, lo citó en su chalé de Illescas (Toledo) y acabó con él a tiros por unas desavenencias en los negocios de drogas que compartían. El Soji primero lo enterró en el jardín, pero después dijo que le “daba cosa” tenerlo ahí y lo metió a un arcón para posteriormente ir disolviendo su cuerpo en ácido.

La tarea de hacer desaparecer el cuerpo fue tan meticulosa que hizo falta esta una unidad de élite de la Policía Nacional para dar con los pocos restos que su homicida dejó intactos. Ellos removieron el suelo no solo con sus máquinas, sino también con sus manos, para dar con la prenda y el hueso de la víctima, que resultaron cruciales para probar el crimen.

“En esto de esconder cosas depende mucho lo que escondas, en qué cantidad y qué predisposición tengas a sacarlo”, explica Ignacio López, inspector jefe del grupo. Mientras habla, se oyen de fondo ruidos semejantes a los que se escucharían en un taller. La lógica lleva a pensar que el que oculta un cuerpo lo hace a perpetuidad, mientras que los delincuentes aspiran a sacar su dinero en algún momento. “Aquí tenemos ingenieros, cerrajeros, expertos en materiales… gente muy formada y que también tiene que ser muy creativa para pensar cómo han podido ocultar algo”, señala el jefe. Algunos los describirían como los mecánicos y cerrajeros de la Policía Nacional; otros, como cirujanos. “Somos una herramienta muy afilada y muy versátil”, prefiere decir López.

El Goit se fundó hace 25 años y cuenta con algo menos de medio centenar de agentes que se desplazan por todo el territorio a petición de grupos investigadores. En 2025, estos policías llevaron a cabo 525 intervenciones, de las que 275 corresponden a aperturas de puertas. Entre sus tareas más comunes también se situaron la manipulación de cajas fuertes, la inspección de vehículos y de fincas, el análisis de maquinaria y, en último lugar, el examen de barcos y la búsqueda de restos humanos. Han quintuplicado sus actuaciones en solo un lustro.

Un ejemplo de la variedad de perfiles que hay en este grupo es Carlos Sende. Este agente lleva 15 años en el Goit. Antes de ser policía, fue chapista, soldador, carpintero y albañil. Un currículum que nunca imaginó que le sería tan útil cuando aprobó la oposición. “Tienes que ser muy preciso. Conocer el material, conocer el hierro, saber la resistencia que tiene, que le han podido poner a una puerta, qué tendrá por detrás. Tienes que ir haciendo un mapa mental de que si estoy haciendo fuerza en esta esquina, pues aquí seguro que tiene un pasador para arriba porque si no, aquí me tendría que ceder un poco”, desgrana Sende. Sus ojos son expertos en detectar juntas de baldosas más blancas de lo normal, tierra removida y enchufes que no son lo que parece.

En el despacho de López, cuelga enmarcado un plano desde tres puntos de vista de un barco mercante. “No es que sea aficionado a la navegación”, advierte López, “pero cuando tienes que inspeccionar un barco de 50 metros de eslora, tienes que saber dónde buscar y para eso tienes que tenerlo bien estudiado”. Los policías del Goit pusieron estos conocimientos en práctica el pasado 22 de octubre, cuando entraron en el mercante Little Girls (Niñas pequeñas, en español).

Los especialistas inspeccionaron la nave durante horas y dieron con las estructuras diseñadas específicamente para ocultar 4.000 kilos de cocaína, una de las mayores incautaciones de los últimos años. “Cuando llegamos a un registro, todo el mundo está lleno de furor. Pasan horas, la gente se va viniendo abajo y ahí es donde se empiezan a cometer fallos, cuando te vienes abajo. Por eso nosotros tenemos que tener siempre un nivel de concentración y metodología que sea constante”, señala Sende. “Es importante no empezar arriba”, secunda el jefe López.

El desánimo estuvo a punto de cundir en la búsqueda del cuerpo de Ángel Fernández, un niño que desapareció de Madrid, junto con su primo de 17 años, en 2023. El cadáver del mayor apareció en la cinta de residuos de una planta de reciclaje de Toledo. En el caso de Ángel, el pequeño de 11 años, hubo que desarrollar una intensa búsqueda durante varios días entre 10.000 toneladas de basura del vertedero para hallar todas las partes de su cuerpo.

“Si quieres hacer una cosa bien, la tienes que hacer despacio”, indica el inspector López. En ese caso, no estudiaron la maquinaria de un barco, sino el funcionamiento diario de un vertedero. “Después de unos días de búsqueda, paramos en seco e hicimos otro planteamiento. Hablamos con los empleados del vertedero y estudiamos el terreno. ¿Tenéis fotos cenitales? ¿Dónde descargan los camiones? ¿Cuántos días se recoge la basura? Con esa información, marcamos sectores en los que era más probable tener éxito. Una gran máquina hacía el primer desmenuzado, después rastrillábamos y, una vez estaba todo esparcido, hacíamos una inspección a lo largo y otra a lo ancho”, detalla López. Así, hallaron las partes del cuerpo de Ángel. “Aquí, salvo abrir puertas, lo hacemos todo despacio”, insiste el jefe del Goit. “Trabajamos con máquinas que hacen muchísimo daño y no puedes estar moscardeando alrededor. Tenemos todo eso muy interiorizado. Y lo hacemos todo despacio, con mucho método”, completa.

El abanico de herramientas que manejan es casi infinito. Van de las más sofisticadas, a saber: máquina de rayos X, georradar, drones submarinos, videoendoscopios… A las de pura fuerza: radiales, retroexcavadoras, palanca Halligan (una palanca con un diseño específico), todoterrenos, lanzas térmicas…

“En cuestión de drogas, los escondites son más o menos parecidos, pero cuando hablamos de esconder un cadáver… cada uno es una historia”, recalca el inspector jefe. Y ninguna es bonita, se podría añadir. En la cabeza del policía Carlos Sende todavía resuena el grito del padre de la niña Lucía, cuando le comunicaron que, bajo las losas del baño de una casa en Dos Hermanas (Sevilla), estaba el cuerpo de su hija de seis años. Ocurrió en septiembre de 2017. Un hombre apodado El Pollino dio la orden de secuestrar a El Turco y su familia por un ajuste de cuentas. Aquella operación acabó con el asesinato de El Turco, su pareja Ángela, embarazada en ese momento, y la hija de ella, Lucía.

La investigación por la desaparición de los tres condujo a la policía a una casa en Dos Hermanas (Sevilla) en la que vivía El Pollino. Allí, un suelo recientemente alicatado y más limpio de lo habitual no pasó desapercibido al ojo experto del policía Carlos. “Empezamos a picar y salió un pozo con hormigón y hierros atravesados; eso nos llamó muchísimo la atención y seguimos trabajando allí”, explica el agente. Lo hicieron picando manualmente y con el cronómetro encima de sus cabezas. Las órdenes judiciales de entrada y registro tienen un principio y un final, y ellos picaron en ese hormigón desde las seis de la mañana hasta la una de la madrugada. Finalmente, encontraron lo que buscaban. Los tres cuerpos que confirmaban el triple homicidio, uno de los más crueles de la historia criminal de España.

El blindaje de los narcopisos apenas tiene secretos para ellos. Son capaces de abrir una de sus puertas acorazadas en siete segundos. Dos parpadeos. La rapidez es necesaria para que los delincuentes no tengan tiempo de destruir pruebas. En cuanto los delincuentes se dan cuenta de que la policía está a sus puertas, se aceleran para quemar las drogas y el dinero. A veces casi se han ahogado con el humo que ellos mismos han provocado, como sucedió en la Cañada Real de Madrid hace unos años, recuerdan.

Una de sus últimas actuaciones de este tipo tuvo lugar en Sevilla, donde el grupo investigador desmanteló un narcopiso con todo tipo de comodidades para sus usuarios, desde zona para consumir hasta máquinas tragaperras y área de descanso. Para entrar y no salir hasta que se consuma todo el dinero. Cuando iba camino de esa intervención, Sende mandó un mensaje de WhatsApp a su jefe: “He abierto la puerta cuatro veces en mi cabeza”. La quinta, la abrieron fuera de su cabeza.

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