Ir al contenido
_
_
_
_
¡VAYA, VAYA!
Columna

Las abuelas (a mucha honra) de la ‘performance’

Concha Jerez y Esther Ferrer, dos pioneras que exponen en Madrid

El domingo por la mañana me vi mirando por la ventana. Me fijaba en ese azul cielo invernal madrileño, esa luz característica que muestra los colores en su esplendor y que indica que fuera hace frío. De repente, un pensamiento: “El día menos pensado se abre paso la primavera”. Esas palabras hicieron que saliera de mi ensimismamiento y de la sucesión de tópicos manidos que se había apoderado de mí. “Frases de 0,60” que canta Ojete calor. “Núria Espert, la gran dama del teatro”, “la culpa fue de Yoko Ono”, “Marina Abramović, la abuela de la performance”, serían otras... Esas que quienes nos dedicamos a escribir intentamos evitar por vacías, por gastadas, tan repetidas que ya no dicen nada.

¿Y si recuperamos su sentido?, ¿si tomamos cada palabra con todo el peso de lo que significa? ¿Qué tiene de malo ser abuela? ¿Por qué en ocasiones usamos este término como despectivo? Que Abramović sea la abuela de la performance le da una categoría que pocas tienen: la de pionera ―otra palabra manida y una gran verdad―, una zapadora en la batalla que libra el arte, una referencia para quienes llegaron después. Ella está presente, es una abuela que continúa alimentando su obra, a la artista que lleva dentro y, por supuesto, a su descendencia. Desde el sábado, y hasta el día 30, se podrá ver en el Liceo de Barcelona Balkan Erotic Epic. El teatro califica la pieza de “inclasificable”. Victoria Combalía incluye a la creadora en su libro Las extravagantes. Mujeres fuera de norma (Circe), que se presentó el martes en La Central del Reina Sofía. Desde luego, the artist is present, pero si ella, a sus 79 años, es la abuela de la performance, podríamos incluir ahí también a Yoko Ono, 92 años, (Insound and Instructure en el MUSAC hasta el 17 de mayo). ¿No lo son también Esther Ferrer y Concha Jerez, con 88 y 85 años respectivamente?

Ambas están presentes, aquí, en Madrid, y ahora, ¿hay algo más perfomático que el aquí y el ahora? Ferrer en la muestra Pliegue y proceso en el Museo Casa de la Moneda y Jerez en Concha Jerez / José Iges: 1+1=3, en la galería Freijo. Inevitablemente pioneras, sí, otra vez, es lo que son.

Pliegue y proceso es un compendio de la creación de Ferrer. Es un recorrido físico y temporal por sus acciones. En la muestra se atraviesan sus obras, es una inmersión en alguna, como siempre hace con las instalaciones de números primos; el recuerdo de otras, a través de la documentación que mantiene la constancia de que ocurrieron, nos las trae el presente y hace presente el paso del tiempo. Ella incide en esto, marcial y asertiva cuenta en alto: “Uno, dos, tres, cuatro...”. ¿Se puede calificar algo tan aséptico como la forma de enumerar? La de Ferrer es imperativa y firme. Expone su rostro a lo largo de los años; redunda en la idea de infinito. El tiempo se marca con su voz, con números, con los compases de Satie, con pasos, con las arrugas y la flacidez de su cuerpo. Concha Jerez lo marca de otra manera: con el sonido de un carrusel de diapositivas.

Concha Jerez / José Iges: 1+1=3 es, como indica su título, una exposición conjunta de esta pareja de artistas que llevan más de tres décadas creando juntos y me atrevo a decir: anticipándose a los hechos. Da escalofríos escuchar las normas alternativas al parchís de Terre di Nessuno (2002): “Los servicios de inteligencia acaban de filtrar una noticia falsa, a partir de este momento...” Parece divertido que las reglas vayan cambiando según se juega siguiendo las instrucciones grabadas por los creadores. No lo es cuando es el mundo real el que está modificando las normas establecidas.

Jerez e Iges tienen proyectos individuales y como colectivo y esta es la primera vez que una galería organiza una muestra con sus trabajos colaborativos, una selección, la esencia de su retrospectiva, Resignificaciones, que se pudo ver el año pasado en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC). Por lo tanto, Jerez está presente en Madrid, sí, pero con Iges. Eso no resta un ápice de importancia a su figura desde los setenta, a sus perfomances, a sus instalaciones, a su reflejo de la censura, de la memoria, del contexto político, de los medios de comunicación...

El ruidito característico del paso de las diapositivas de Agujeros negros (2025), un vídeo en el que se suceden imágenes atemporales, no es más que un recurso de los artistas. No existe tal proyector, el sonido lleva a la memoria del espectador un aparato que está casi extinguido, bueno, al espectador que lo conozca. Ojalá más jóvenes de los que no han visto una diapositiva en su vida, y creen que es cosa de abuelas, visiten más galerías y se inicien en el coleccionismo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_