ESTACIÓN EN CURVA
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

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No son realidades virtuales, Casado le hace una enmienda a la totalidad a la política sanitaria de Ayuso y el PP de Madrid abre una peligrosa puerta para recortar derechos LGTBi

Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, la noche del 4 de mayo tras la victoria del PP en las elecciones regionales de Madrid.
Isabel Díaz Ayuso y Pablo Casado, la noche del 4 de mayo tras la victoria del PP en las elecciones regionales de Madrid.Samuel Sánchez

Vivimos ya en un metaverso. Mucho de lo que nos gusta viene inducido, entre algoritmos, pantallas y estímulos predeterminados. No nos damos cuenta o no nos paramos a darnos cuenta. O no queremos. Cada rastro digital construye también esta ciudad. Nos cruzamos con miles de personas al día que van hacia el lugar que supuestamente desean, o al que han activado porque es el que interiormente anhelan.

Por eso, bajo hasta la sala de bóvedas del centro Condeduque. Para adentrarme ante los impulsos digitales y la emotividad virtual en lo más profundo del antiguo cuartel militar en la exposición Super superlike, comisariada por Marta Ramos-Yzquierdo y Enrique Radigales. Me saluda, nada más al entrar, la cara del omnipresente Mark Zuckeberg al ritmo a todo trapo de Bohemian Rhapsody, de Queen.

Antes uno tenía filosóficos respingos cuando de repente se ponía a pensar en la muerte. Ahora dan también cuando nos paramos un segundo a analizar en qué se ha convertido la realidad. Y aparecen en un sótano de ladrillo visto ante las piezas de Marian Garrido, David Ferrando Giraut, Carlos Sáez, Joan Leandre y Momu & No Es. Un mundo de streaming y extropía.

Pero es que este mundo de realidades paralelas y de mensajes que se solapan y confunden nos inunda cada día. Lo vemos jornada tras jornada ante noticias que parecen un simple enfrentamiento casero por la cena de Navidad. El PP madrileño sigue enfrascado en esta cruenta y eterna batalla que cada minuto es más imposible de solucionar. Además del “donde manda patrón, no manda marinero”, detrás hay una guerra y una acusación muy grave. Lo que ha venido a hacer Pablo Casado es una enmienda a la totalidad de las políticas sanitarias de Isabel Díaz Ayuso. Los hechos valen más que las palabras: no quiere eventos por prudencia y ante la situación de contagios frente al todo abierto y multitudinario que había fijado la Puerta del Sol. Él, que se apuntó a la libertad del 4 de mayo, ahora vive en su propia casa el enfrentamiento que hubo con La Moncloa. ¿No era un modelo a exportar en toda España para Génova? ¿Por qué no quiere hacer lo que se alienta para el resto de ciudadanos?

Y en esta maraña digital en la que vivimos también se ha producido un escalofriante episodio sobre el que tendríamos que reflexionar más. No saldrá adelante la mal llamada Ley de Igualdad de Vox, que no menciona ni siquiera la palabra mujer. No acaba aquí, hay letra pequeña. Los populares en la Asamblea se han abstenido, pero negociarán reformas en las leyes LGTBI de la Comunidad. Aquellas mismas que ellos impulsaron bajo la dirección de Cristina Cifuentes. Se trata de una puerta abierta a la primera regresión en derechos LGTBI de España, de un paso atrás obligado por la ultraderecha. Todo ello bajo la vergonzosa excusa de “mejorar” que pone el PP. Mientras se deslizan fotos de Instagram y vídeos de TikTok, se está realizando uno de los ataques más dolorosos en nuestra democracia. Pensemos un segundo sin mirar la pantalla.

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