El espíritu de Pina Bausch vaga por África

El estreno mundial de ‘La consagración de la primavera’ bailada por 38 bailarines de 14 países africanos, quienes le han inyectado una nueva energía, llegó este jueves a los Teatros del Canal

Los bailarines de la École des Sables durante la actuación en los Teatros del Canal.
Los bailarines de la École des Sables durante la actuación en los Teatros del Canal.Maarten-Vanden-Abeele

En esos nuevos cuerpos, en la potencia brutal del torrente de energía que bombean hacia la platea, en su conexión con la tierra y con nosotros, en sus emociones extremas y desbordadas, La consagración de la primavera, exactamente la misma coreografía que Pina Bausch estrenó en 1976, parecía anoche más trágica y espectacular, más emocionante y quizá también, favorablemente, más descontrolada.

La idea de trasladar la obra emblemática de la pionera de la danza teatro alemana a un equipo de 38 bailarines africanos procedentes de 14 países del continente, demostró ser tremendamente eficaz. Las emociones en estado bruto, sin refinar ni teatralizar, de estos nuevos intérpretes emanaban la honestidad y autenticidad que reclamaba Bausch en todas sus creaciones. Esos cuerpos, temblorosos, sudorosos y frenéticos, que por momentos parecían fuera de sí, entendían y transmitían la inabarcable dimensión trágica que encierra esta coreografía terriblemente bella.

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Blanca Li se apuntó un tanto para los Teatros del Canal que dirige. Junto a su equipo y respaldada por el Sadler’s Wells, la casa londinense de la danza que figura como principal coproductor, la Fundación Bausch y la École des Sables, relevante institución de la danza africana, venció los numerosos obstáculos que suponía en estos tiempos de pandemia movilizar hacia Europa a bailarines procedentes de 14 países africanos. Tras la suspensión covid de su estreno en Dakar, en mayo del año pasado, y después de no pocas tentativas en otras ciudades, Madrid consiguió anoche hacerse con la premier mundial de un proyecto de gran envergadura, no solamente por emocionante y deslumbrante, que también, sino por los canales que deja abiertos.

La cara incrédula, entre sorprendida, agradecida y emocionada, de cada uno de los 38 bailarines que no daban crédito ante la Sala Roja del Canal, por fin al 100% de su capacidad, ovacionándoles de pie, conmovía tanto como lo que acababan de bailar. Y es que es tremendo el talento de estos intérpretes sin oportunidades, jóvenes bailarines de un continente que siempre sentimos muy lejano, que ahora pueden dar a conocer al mundo su enorme potencial, gracias a un proyecto ambicioso gestado desde algunos de los más importantes centros de referencia de la danza europea.

Misma pieza, nueva energía

No menos relevante resulta la aportación de un proyecto como éste a la memoria de la danza universal y la necesaria preservación de los repertorios. Demuestra, con su ingenio, que hay vías posibles para la innovación y renovación, sin siquiera violentar ni versionar los originales. Uno de los aspectos más sorprendentes de La consagración… africana es que, siendo fiel al original que estrenaron en Wuppertal los bailarines de Pina Bausch hace ya 45 años, parece otra. Misma pieza, nueva energía.

Remontada con estricta fidelidad por dos bailarines históricos de la compañía alemana, Jorge Puertas y Josephine Ann Endicott, quien formaba parte del elenco original de los setenta, no se ha hecho ninguna concesión. Y aun así, se siente diferente. Germaine Acogny, la madre de la danza contemporánea africana, que fue capaz desde la École des Sables de reclutar a estos 38 soldados de la danza, relataba hace apenas dos días en la presentación oficial del proyecto, que la primera vez que vio la obra maestra de Pina Bausch, bailada por los muy académicos cuerpos del Ballet de la Ópera de París, ya sintió que aquello era África. Y razón no le faltaba.

Especial y distinta es la energía de estos cuerpos, su compromiso telúrico, la fuerza arrolladora de sus movimientos y, desde luego, su resistencia, precisión y sagacidad, que dotan a la pieza que creíamos conocer de una contundencia que ahora sentimos que le faltaba. Sabemos que no es verdad, que siempre ha sido muy emocionante, pero de alguna manera tendremos que encajar la sensación, difícil de verificar, de que lo visto anoche, ha sido diferente.

Una escena de 'La consagración de la primavera' en los Teatros del Canal.
Una escena de 'La consagración de la primavera' en los Teatros del Canal. Marteen Vander Abeele

Dispuesta la obra por su autora como una guerra de sexos, el equipo masculino africano es un derroche de testosterona, un torrente de fuerza bruta concentrado en cazar a la virgen para el sacrificio, simbolizado en ese vestido rojo, único punto de color en una escena terracota, salvaje y primaria. En ellas, el miedo y la fragilidad aparecen aumentados pero también cierta ferocidad cuando le plantan cara a los hombres. Trémula, expuesta, desolada, con ese seno al aire que la hacía aún más vulnerable, brilló la bailarina Lucieny Kaabral, de Cabo Verde, en el papel de La Elegida, saliendo triunfal del angustioso, agotador, exigente y estremecedor solo que cierra la pieza.

Por lo demás, La consagración de la primavera sigue tan vigente como si se hubiese estrenado anoche. Es una obra bisagra en la trayectoria de Pina Bausch. Marca de alguna manera la despedida de sus llamadas óperas-ballet, que tenían un carácter más narrativo y una danza más convencional, y conecta con sus trabajos más personales de los ochenta y noventa, en los que interrogaba incesantemente a sus bailarines para extraer de su interior la veracidad y humanidad que caracterizaron sus propuestas. De hecho, el proceso de La consagración… arrancó con una de estas preguntas lanzadas como desafío a sus intérpretes: “¿Cómo bailarías si supieras que después de la función vas a morir?”

La coreografía cabalga con precisión sobre la música de Stravinsky, una práctica a punto de perderse en Bausch después de este trabajo, y toma su inspiración en el original perdido de Nijinsky para los Ballets Rusos, en 1913, una forma de aproximación que ya no volverá en sus creaciones.

La consagración de la primavera’. Pina Bausch Foundation / École des Sables. Teatros del Canal. Madrid. Del 23 al 26 de septiembre.

En común

Para acompañar el remontaje africano de La consagración de la primavera, Germaine Acogny recibió también en su École des Sables, que dirige cerca de Dakar, y donde se gestó todo el proyecto, a Malou Airaudo, bailarina histórica de Pina Bausch. No se conocían de antes y de las coincidencias que encontraron entre sus vidas tan diferentes, desarrolladas en África y Europa, surgió common ground[s], un dueto que estrenaron también anoche en Canal. Es impresionante ver a estas dos figuras de la danza juntas en escena (¡qué espalda impresionante tiene Acogny!) pero faltó savia y emoción a una pieza en la que quedó la sensación de que no se exploraron las posibilidades y registros que aún deben tener estas dos damas de la danza contemporánea.

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