Contagiados de coronavirus 21 mayores de una residencia de Madrid que ya tenían puesta la vacuna

El brote en Orpea San Blas es un recordatorio de que las vacunas reducen la mortalidad, pero no son eficaces al 100% contra los contagios

Un trabajador sanitario pasa ante la fachada del Hospital Ramón y Cajal.
Un trabajador sanitario pasa ante la fachada del Hospital Ramón y Cajal. JAIME VILLANUEVA

Una residencia de Madrid ha sufrido un brote de coronavirus con 21 infectados que ya estaban vacunados. De ellos, siete han sido hospitalizados y uno ya tiene el alta, según ha informado este viernes la Consejería de Sanidad madrileña. La noticia de nuevos estragos del virus en los hogares de mayores devuelve el mal recuerdo de la tragedia del año pasado. En esta ocasión, sin embargo, hay motivos para la calma: la inmunización reduce la mortalidad. Pero también para la precaución: el virus sigue circulando. Lo ha recordado en rueda de prensa el viceconsejero de Salud Pública en funciones, Antonio Zapatero: “La pandemia no ha acabado”.

El brote se ha producido en la residencia Orpea San Blas, un centro de 180 plazas en el distrito de San Blas-Canillejas, en el este de la capital. Fuentes cercanas al ámbito de esa residencia explican que ocurrió en la zona de dependientes —aquellos que necesitan apoyo porque no tienen autonomía para realizar las tareas del día a día—, en la segunda planta de ese centro. Esas mismas fuentes confirman que al menos cuatro han sido diagnosticados con neumonía leve o moderada y han necesitado soporte de oxígeno en el Hospital Ramón y Cajal. Lo positivo en las personas inmunizadas, ha dicho Zapatero, es que, “mayoritariamente”, los casos de infección en ellas no tienen una “importancia clínica llamativa”.

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Pero ¿qué riesgo hay para una persona mayor? En el caso de la residencia madrileña, los contagiados tienen entre 80 y 90 años. Tania Guevara, especialista en geriatría del Hospital de Getafe, explica que la vacuna sirve para que “el sistema inmunológico tenga buenas defensas para luchar contra el virus”, y que el problema en los pacientes mayores es que por muy buena que sea su salud, siempre va a estar “más desgastada” que la de una persona joven. “Esos pacientes pueden tener diabetes, hipertensión, desnutrición severa o una enfermedad pulmonar crónica, múltiples patologías a las que cualquier estresor [estímulos, condiciones o situaciones que generan estrés] afecta más”, dice la experta. Así, como con cualquier otra patología, con cualquier otra infección, “van a tener peor respuesta que en alguien joven, con un corazón joven y unos pulmones jóvenes”. Por eso la primera ola fue mucho peor en las residencias: “Devastadora, justo por la situación de fragilidad de estas personas”.

Origen desconocido

Aún se desconoce cuál es el origen de este brote. Lo que sí ha explicado el viceconsejero en funciones es la cronología. “Comienza el 30 de mayo, cuando dos pacientes acuden a Urgencias del Ramón y Cajal, nada relacionado con la covid. Uno por una fractura de cadera y otro por una neumonía aspirativa. Es al hacer el protocolo pertinente cuando las PCR dan positivo”. Al día siguiente se hizo test de antígenos “a toda la segunda planta de esa residencia”. Con los resultados, se dividió el centro en dos zonas, roja y amarilla. Ningún trabajador ha dado positivo por ahora en la PCR, aunque, ha matizado, “aún queda saber el resultado de alguna prueba”. UGT y Comisiones Obreras informan a este periódico de que el centro ha respetado los protocolos de prevención.

Zapatero cree que “probablemente” la variante “responsable sea la británica”, que no es la que más preocupa a la Consejería de Sanidad de Madrid. “Estamos detectando y nos preocupan otras cepas en las que vemos un aumento progresivo, como la variante colombiana, con una mutación que puede dar algún problema en relación con las vacunas. Puede haber un escape vacunal”, ha subrayado.

Hasta ahora, apunta Guevara, la geriatra, “los estudios, que sobre todo se han hecho con Pfizer, dicen que las vacunas protegen” frente a esas modificaciones de la covid. Un estudio dirigido por investigadores del centro de vacunas de La Jolla, en California, EE UU, del pasado marzo, mostró que el sistema inmune de quienes ya habían pasado la enfermedad o ya habían sido vacunados con dosis de Pfizer o Moderna —las de ARN mensajero—, era capaz de neutralizar las variantes que podrían dar más problemas entonces: la brasileña, la sudafricana, la británica y la californiana. La colombiana, por ejemplo, no apareció hasta el pasado mayo en la lista de “variantes de interés” para la Unión Europea.

Los mayores de residencias fueron los primeros en recibir su pinchazo en España y el proceso concluyó antes de finalizar la primavera. En Madrid no se han conocido brotes desde principios de año. El último fue en las residencias Los Nogales Puerta de Hierro, en la capital, y Vigor, en Becerril de la Sierra, que terminaron con más de una veintena de fallecidos que no tenían la pauta completa.

“El hecho de que tengamos la vacuna no quiere decir que somos inmunes totalmente al virus”, matiza Guevara. Este brote, ha dicho el Zapatero, “viene bien para recordar que las vacunas son muy eficaces y muy seguras, pero no al 100%, y que las personas vacunadas pueden desarrollar la infección”. Quienes ya cuentan con la inmunización pueden contagiarse, enfermar y desarrollar síntomas, así como contagiar a otras personas, aunque no sea lo más habitual.

En el Reino Unido, donde el porcentaje de población inoculada es tan alto que ya les ha permitido poner en marcha algunos estudios —tienen a más de la mitad de sus casi 67 millones de habitantes con la primera dosis—. El resultado de uno de ellos el pasado mayo fue que los que habían sido vacunados y se contagiaban tenían la mitad de probabilidad de infectar a aquellos con los que convivían.

La vacuna, la mejor herramienta en este momento frente al virus, ha devuelto una sensación de relativa calma a las residencias de mayores, que en la primera ola sufrieron los mayores estragos. Murieron 11.389 mayores en centros madrileños, muchos en su cama de la residencia al ser denegado su derecho a hospitalización.

Prevención en residencias

La situación ahora es diferente y la Comunidad de Madrid ha autorizado las visitas, se puede mantener contacto físico en actividades llevando la mascarilla o realizar espectáculos con aforo limitado de familiares. Así lo refleja la Guía de Medidas frente a la infección por coronavirus en centros residenciales sociosanitarios de mayores de la región elaborada por la Consejería de Sanidad y Políticas Sociales.

La portavoz de la patronal madrileña Amade, Pilar Ramos, dice que muchos mayores enfermos no tienen ni siquiera síntomas. “Eso es lo maravilloso de la vacuna”, dice Ramos, cuya patronal representa a más de 200 residencias. “Yo solo he tenido un caso en un centro que le contagió su familiar, parece, y supimos que lo era porque la hija llamó porque se había hecho una PCR y era positiva. Hicimos la prueba y resultó positiva, pero ella no tuvo ningún síntoma”. Sin embargo, hay inquietud en el sector porque la inmunidad no alcanza porcentajes como para volver a la normalidad y la vuelta de las familias a las residencias sigue suponiendo un riesgo.

Una trabajadora de Orpea San Blas lanzó este viernes un mensaje a las familias aprovechando que los periodistas fueron al centro buscando más información. “Deben ser responsables. Eres imprudente si sacas a tu madre y le das cuatro abrazos sin tener en cuenta que no estás vacunada y puedes ser positivo”, dijo Ascensión Tártalo, gerocultora.

También en los riesgos piensan los sanitarios que trabajan con esos centros. “Lo que no queremos es que vuelva a repetirse lo que ocurrió, ni parecido, hay que ir con mucha precaución”, comenta Guevara, que es una de las especialistas de enlace entre los hospitales y las residencias madrileñas. Mantienen una vigilancia constante: “Hay que insistir a la población en que la pandemia no ha acabado y que debemos seguir manteniendo las medidas de higiene y protección. Nadie quiere volver atrás”.

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