LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

La mayor despensa de España ahuyenta la covid

Mercamadrid aumentó sus ventas un 9% en el estado de alarma y se mantuvo sin casi positivos tras implantar unas estrictas medidas de seguridad e higiene

Carteles con las medidas de seguridad en la nave de pescados de Mercamadrid.
Carteles con las medidas de seguridad en la nave de pescados de Mercamadrid.ADOLFO BARROSO

Mientras Madrid estaba confinado, con calles vacías, con el tiempo casi detenido, sin circulación y con la actividad paralizada en comercios y muchas empresas, una enorme superficie de 222 campos de fútbol juntos estaba a pleno rendimiento. La entrada y salida de camiones, de mercancías y de clientes no se detuvo en la mayor despensa de España, sino que al revés se incrementó. Un Mercamadrid blindado, con refuerzo de seguridad y de higiene, se ha enfrentado a una pandemia sin precedentes sin verse obligada a cerrar ninguna empresa y sin casi incidencia entre sus trabajadores y compradores. Todo ello ha permitido que más de 12 millones de personas hayan tenido los productos básicos a diario en sus mesas.

Mercamadrid se encuentra a orillas de la M-40 y cerca de la autovía de Andalucía (A-4), en un nudo estratégico de transportes. Su superficie de 222 hectáreas es superior al del Principado de Mónaco (202). Desde las diez de la noche y hasta la bien avanzada la madrugada, han entrado a diario unos 800 camiones tráileres de enormes dimensiones cargados hasta arriba, pese al confinamiento y al riesgo de contagio. “Toda esta crisis la hemos afrontado con mucho miedo, porque no es una enfermedad que dé la cara y no sabíamos adónde nos podía llevar”, reconoce Julián Montes, de Pescados y Mariscos Montes y miembro de la Asociación de Mayoristas de Empresarios del Pescado.

Mercamadrid recibe de media 300 camiones cargados de pescado y vende medio millón de kilos al día. La nave de pescado ocupa 32.000 metros cuadrados, en los que se asientan 156 puestos con más de 100 empresas. Solo lo supera en volumen el mercado de Tokio, pero ni siquiera en todas las categorías. Madrid le gana en número de especies. El producto llega de todo el mundo. Literal. Países como Chile, Argentina, Namibia, Suráfrica, Grecia, Turquía, Irlanda, entre muchos otros.

“Lo que más nos ha preocupado es que no faltara el producto. Teníamos que abastecer a la población y no podíamos cerrar”, reconoce Montes. Para ello, la enorme despensa se blindó. No podía acceder a él nadie que no estuviera acreditado previamente como transportista, trabajador o cliente. Cada día acuden unas 20.000 personas, de los que 9.000 son empleados. Antes de que se produjera el estado de alarma se dobló el personal destinado seguridad y de higiene. Ahora mismo, 25 personas de una empresa auxiliar se encargan de repartir gel hidroalcohólico a los clientes. E incluso mascarillas, si se les ha roto. Tan solo en la primera semana de confinamiento se hicieron 1.800 acreditaciones para clientes y empleados. “Sabíamos que éramos un sector de primera necesidad, pero entonces se nos consideró un sector crítico y la policía reforzó la vigilancia para evitar cualquier problema”, afirman fuentes de Mercamadrid.

El gran mercado madrileño ha pasado la crisis. Y con nota. Los datos de actividad de marzo y abril así lo demuestran, con 511.631 toneladas de mercancía y un incremento del 9% en la comparativa interanual del acumulado del año. Entre el 09 de marzo y el 30 de abril han accedido 477.615 vehículos y 29.189 camiones abastecedores. Pero también ha habido solidaridad: los empresarios han donado 800.000 kilos de comida al Banco de Alimentos.

Valencia y Sevilla

Los camiones cargados de pescado son los más madrugadores. A las tres de la madrugada llegan los primeros compradores de lugares muy lejanos, como Valencia y Sevilla. Y es que Mercamadrid no solo surte a la región, sino que tiene un área de influencia de unos 500 kilómetros y abastece a unos 12 millones de personas, según los cálculos de este organismo participado por el Ayuntamiento de Madrid (51%) y la empresa pública Mercados Centrales de Abastecimiento (Mercasa, con el 49% restante). Los que más se ha resentido es el llamado circuito Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), que en algunos puestos representa el 50% o más de las ventas. Es el caso de Francisco Hergueta, de Pescados Borsamar, que ha tenido que hacer un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) para los 11 empleados. “Las vibraciones que nos dan nuestros clientes son buenas, que poco a poco vamos a ir recuperando el nivel de ventas de antes de la crisis”. Cerca de él, unos empleados seccionan enormes atunes rojos para una gran cadena de distribución de la región madrileña. Pese a su gran tamaño y su peso, los manejan como si se tratara de plumas de ave.

El grueso de la actividad se lo llevan las seis naves centrales de Mercamadrid, dedicadas a fruta y verdura. Representan más del 70% del negocio. Este sector también se ha visto golpeado por el estado de alarma, pero ha sabido reconducirse con rapidez, según reconoce Julia Noya, tercera generación de fruteros en el mercado central de abastos. Su abuelo, procedente de una aldea de A Coruña, comenzó el mercado de la Cebada. Su padre pasó al desaparecido mercado de abastos de Lavapiés y ella ha continuado la actividad en Mercamadrid. “De la noche a la mañana, cuando nos dijeron que cerraban los colegios, nos vimos con muchos pedidos anulados de patata cortada y de lechuga troceada. Menos mal que el mercado lo absorbe todo y pudimos sacarlos”, explica Noya. “Yo he tenido algún cliente que se me ha puesto a llorar porque no sabía que iba a pasar con su negocio y con él”, añade, mientras explica que sus empleados terminaron “agotados”. “Como cuando volvía a casa, estaba sus hijos no podían dormir y descansar como lo hacían antes del estado de alarma”.

A la falta del circuito Horeca, se ha unido el cierre de los mercadillos ambulantes durante el confinamiento. Otro sector al que no se ha vendido. Sin embargo, el pequeño comerciante ha estado listo y se ha reconvertido en cuestión de días. O de horas. Así lo explica Raúl Fernández, de Hermanos Montes: “Yo he tenido clientes que han venido a comprarme a las cuatro de la madrugada y han dejado de llevar pedidos a sus compradores a las once de la noche. Recibían pedidos por teléfono, por WhatsApp y online”.

El parón se notó en la segunda semana del confinamiento, donde casi no se vendía mercancía, según Fernández. Pero este reconoce que ocurre entre marzo y abril cuando no ha entrado la fruta de verano —la llamada fruta de hueso— y el consumidor se cansa de la naranja y la mandarina. A partir del 28 de marzo, este empresario ha doblado las ventas.

El motivo que aducen algunos mayoristas es que la gente tuvo tiempo para cocinar y para comer todos juntos. A ello se unió al principio la compra masiva por parte del consumidor ante la falsa creencia de que podía haber desabastecimiento. Además, quien pudo se dio algún capricho y compró productos de mayor calidad. De ahí, la subida de las ventas. Un producto que este año pinchó fue la fresa. La razón es que, al ser de consumo inmediato, muchos clientes no se arriesgaron a llevarlas en sus compras semanales.

Esta gran ciudad, en la que hay bancos, farmacia, gestoría, peluquería y estancos, entre otros negocios, y en la que hasta entra una línea de autobús (la T32), ha visto la pandemia desde lejos. Como en el caso de Frutas Olivar Valgren, que con 60 empleados, solo tuvo cuatro personas con síntomas a la vez. Luego todos dieron negativo. “A principios de febrero se celebraba Fruit Logistica [la mayor feria del sector] en Berlín y, viendo lo que estaba ocurriendo en China, decidimos anular el viaje. Perdimos unos 5.000 euros entre vuelos y alojamiento. Algunos nos llamaron locos, pero el tiempo nos ha dado la razón”, explica Noelia Álvarez, la gerente de esta empresa, que vende unos 200.000 kilos de fruta y verdura al día (más de 60 millones al año), además de integrante de la junta directiva de la Asociación de Empresarios Mayoristas de Frutas de Mercamadrid. Ahora, ha puesto estrictas medidas de seguridad como fichar tan solo poniendo la cara ante una pantalla. Esta prohíbe el paso si el trabajador no lleva la mascarilla puesta.

¿Y cómo va a ser el futuro de Mercamadrid? Algunos empresarios, como Andrés Suárez —también tercera generación en el mercado central— son en parte pesimistas: “Lo malo va a ser a la vuelta de las vacaciones”. Mientras, decenas de personas entran y salen de las naves cargadas con carretillas repletas de sandías, de piñas y de melocotones. De fondo, el sol empieza a salir tímidamente y la ciudad, a unos pocos kilómetros, se desperezada. La región, hoy también, comerá productos de primera necesidad.

10 kilos de caviar para la Familia Real de Arabia

La crisis no ha impedido que las empresas de Mercamadrid superaran importantes retos. Como el caso de Elaboraciones Gourmet 6Sentidos, especializada en productos del mar para alta gastronomía. Recibió el encargo de suministrar a la Familia Real de Arabia Saudí 10 kilos de un caviar muy específico. Las huevas tenían que tener un diámetro superior a 3,5 milímetros. Es decir, el pata negra de este manjar. A través de numerosas negociaciones y tirando de contactos y agentes conocidos, logró que esos diez kilos procedentes de Irán llegaran a tiempo para la fiesta real. Eso tras pasar controles aduaneros, conseguir un transportista que garantizase la recogida y la entrega, cumplir los plazos… “No es el tipo de caviar que solemos comercializar, pero nos dijeron que se trataba de un acto muy especial y querían precisamente ese, que es muy difícil de conseguir”, explica Juanjo Hernández, responsable de 6Sentidos. Aspecto aparte es la factura: 100.000 euros.

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