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Opinión

El PSPV no tiene quien le escriba

Es el momento de empezar a marcar perfil propio y ganar una cierta distancia con Ferraz

Diana Morant, secretaria general del PSPV PSOE, durante el congreso que el partido celebró en Benicàssim (Castellón).CARME RIPOLLES

Al Partit Socialista del País Valencià le pasa lo mismo que al coronel, protagonista de la novela homónima de Gabriel García Márquez: que no tiene quien le escriba. Durante quince años, el coronel acudía al puerto cada viernes, religiosamente, con el objeto de que aquella anhelada carta hubiera llegado. Esa que le confirmara la pensión que el Estado le debía como veterano participante en la Guerra de los Mil Días. Pero aquella carta, infortunadamente, no llegaba nunca. Por eso, las tardes de viernes eran de silencio, de espera y de una suerte de nostalgia.

Una nostalgia que me recuerda a aquella escena mítica de la película Princesas de Fernando León de Aranoa, donde una de las protagonistas afirma sentir una nostalgia inefable por aquello que aún no ha pasado; que surge de comparar los escenarios posibles con la cruda realidad. Y es que, desde la marcha de Ximo Puig, los valencianos siguen esperando un liderazgo que sepa poner sus problemas en el centro; que sea suficientemente hábil para construir un discurso arraigado al territorio. Y que tenga la capacidad de ofrecer respuestas y certidumbres frente a un presente que deviene cada día más precario, voluble y complicado.

Desde la fatídica tragedia de aquel 29 de octubre de 2024, los valencianos aguardan al PSPV. Esperan una propuesta política que no termina de llegar. Piden que se entierre el hacha de guerra, que lleguen propuestas y, sobre todo, que comience a dibujarse que hay una alternativa al régimen del Partido Popular. Pero, por desgracia, cada viernes nos llegan nuevas encuestas y datos que nos corroboran una tendencia: el PSPV sigue sin tener quien le escriba.

Por eso, desde esta tribuna me resulta incomprensible la estrategia autonómica kamikaze del Partido Socialista, basada en la selección de ministros y cargos del gobierno de España como candidatos autonómicos. Como explicaba muy bien Pablo Simón el otro día en la Cadena SER, la política española es darwinista. Gana quien mejor se adapta al territorio. Así de claro. Por eso, no parece la mejor idea tener a una ministra con una agenda tan demandante como la de Diana Morant como futura candidata. Quizás, si la estrategia hubiera sido dejar sus obligaciones como ministra tras la barrancà y ponerla a patear el territorio, otro gallo cantaría.

Las tendencias comienzan a apuntalarse tras las encuestas que vamos conociendo con cuentagotas —y ante la ausencia de un CIS valenciano—. La izquierda valenciana cuenta con una oportunidad histórica frente al resto de comunidades autónomas, que no es otra que la rémora del negligente desgobierno de Mazón. Frente a un PP que se está reorganizando —con los gestos y las llamadas a la concordia del president Juanfran Pérez Llorca— y que está más sometido que nunca a los designios y fantasías centralistas de Santiago Abascal, el PSPV no puede permanecer incólume, lento e incapaz de reaccionar. Por cierto, muchos buscan la razón del éxito de Vox, y yo les doy una: su apuesta decidida por una comunicación profesionalizada.

Mientras Compromís comienza —tras su travesía a bordo del Titanic de Sumar— a afianzar el liderazgo de Joan Baldoví, estudia el retorno de Mónica Oltra y se ha puesto las pilas para construir una alternativa y comunicar bien sus propuestas, el PSPV sigue sin tener quien le escriba. Diana Morant todavía no ha consolidado su liderazgo ni su grado de conocimiento, que continúa siendo bajo años después. El PSPV no puede continuar instalado en la inercia como el coronel de García Márquez. Es el momento de empezar a marcar perfil propio y ganar una cierta distancia con Ferraz. Es la hora de que alguien escriba, al fin, al PSPV.

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