Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El PP valenciano construye su realidad

Eufóricos desde el triunfo de Isabel Díaz Ayuso en la cruzada electoral madrileña, sus homólogos valencianos se ven capaces de repetir la gesta de ganar y gobernar

El nuevo líder del PP de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón  y el presidente nacional Pablo Casado con una bandera de la Comunidad Valenciana en el XV Congreso regional del partido el pasado mes de julio.
El nuevo líder del PP de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón y el presidente nacional Pablo Casado con una bandera de la Comunidad Valenciana en el XV Congreso regional del partido el pasado mes de julio.Jorge Gil (Europa Press)

A principios del pasado mes de julio, con la celebración precipitada de su XV Congreso regional, el PP valenciano (PPCV) puso en marcha una estrategia que respondía a una convicción compartida entre sus responsables y asumida por la dirección nacional del partido: en la Comunidad Valenciana iba a haber adelanto electoral.

Tanto Carlos Mazón como María José Catalá, presidente y secretaria general, respectivamente, del renacido PP, manejaban datos concretos que acreditaban la decisión de acelerar el proceso de renovar las estructuras de la organización y dar a conocer a la opinión pública los emergentes liderazgos. Catalá ya había recorrido camino desde su condición de candidata a la alcaldía de Valencia, jefa de la oposición municipal en el cap i casal y presidenta del PP en la ciudad, además de sumar años de ejercicio como alcaldesa de Torrent (Valencia), consellera de Educación y portavoz del Consell de Alberto Fabra. No sucedía lo mismo con Mazón. Más allá de Alicante, donde ejerce como presidente de la Diputación provincial, la proyección de Mazón como nuevo líder del PP en sustitución de Isabel Bonig resulta muy pobre para quien está llamado a ser candidato a la Presidencia de la Generalitat. Su discreto currículo, aunque trufado de concejalías, direcciones generales, presidencias de patronatos, institutos, fundaciones y consorcios, no le ha hecho acreedor de un destacable grado de conocimiento ciudadano.

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El Congreso fue el primer paso para intentar solventar esa contrariedad de designar a un líder, aspirante a altas magistraturas, cuya existencia ignoran los electores. A partir de su elección como presidente regional del PPCV, el camino quedó trazado: llenar su agenda de citas y actividades que permitan, además, contrarrestar otro hándicap en la cuenta de Mazón: no es diputado autonómico, lo que le impide medirse en las Cortes Valencianas con su principal oponente, el socialista presidente del Consell, Ximo Puig, y utilizar la atalaya del Parlamento autonómico para que los medios de comunicación recojan sus intervenciones y trasladen a la opinión pública sus mensajes políticos.

El verano y el reinicio del curso político no han modificado la tesis de partida. Los dirigentes del PPCV siguen convencidos de que los valencianos seremos llamados a las urnas con antelación y alevosía. Y cuanto más desestima Puig tal posibilidad —el viernes, sin ir más lejos, ante los micrófonos de la Cadena Ser, preguntado al respecto por Àngels Barceló— más reforzados se ven en su planteamiento Mazón y compañía. Si lo hizo en 2019, repiten, por qué no va a hacerlo ahora. Y añaden: “Ximo Puig necesita desvincularse de un Pedro Sánchez a la baja y de unas siglas, el PSOE, que pierden fuelle en todas las encuestas”. En eso tienen razón, pero no hay peligro de coincidencia: Sánchez, como ya hemos escrito con anterioridad, agotará la legislatura porque quiere disfrutar de su gran momento con la presidencia de turno de la UE en el segundo semestre de 2023.

De encuestas van bien servidos en el PPCV. Desde Madrid les actualizan a diario la información. Las del CIS las obvian. Eufóricos desde el triunfo de Isabel Díaz Ayuso en la cruzada electoral madrileña, se ven capaces sus homólogos valencianos de repetir la gesta -ganar y gobernar- en este rincón del Mediterráneo español. El analista Michavila les advierte, en declaraciones al diario Levante-EMV, que en la decisión del electorado pesará sobre todo la gestión del Consell, junto a la capacidad de rearme de la derecha y la influencia de los debates nacionales. Desestiman los logros del Gobierno del Botánico, dan por hecho que el votante de C’s virará su voto hacia el PP y confían en que, una vez más, el votante autóctono emitirá su voto en clave nacional para mostrar su desafección hacia Pedro Sánchez por gobernar con quien le quitaba el sueño y ceder ante los nacionalistas para amarrar la mayoría parlamentaria.

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Tan convencidos están en el PP de conocer la agenda oculta del presidente del Consell, que esta semana han llenado calles y plazas de la Comunidad Valenciana con carteles en los que se observa a Carlos Mazón, juvenil y sonriente, en mangas de camisa, promocionarse como “el presidente de todos”, novedoso hito —modo irónico— en la propaganda política. Un foráneo de visita en Valencia, ajeno a las claves de la política valenciana, me pregunta: “¿Estáis de campaña?”. La pereza me lleva a remitirle a este artículo que estaba por escribir.

El prestigioso sociólogo andaluz Manuel Pérez Yruela desarrolló con éxito la llamada “paradoja de la satisfacción”. El ensayista explica que, a veces, un cierto grado de satisfacción por lo que funciona bien puede bloquear una visión crítica sobre lo que funciona mal. El PPCV está en ese punto, pero al revés: su discurso apocalíptico sobre el Gobierno del Botánico les puede llevar a confiarse y pensar que con o sin adelanto electoral la partida está ganada. Y no. La demoscopia no dice eso.

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