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GABRIEL RUFIÁN
Opinión

Rufián y las formas de la ultraderecha

El portavoz de ERC se ha convertido en un ariete contra el discurso plagado de falsedades de la extrema derecha, pero las formas importan

El portavoz de ERC Gabriel Rufián, en una intervención en el Congreso.Matías Chiofalo (Europa Press)

Cuantos más decibelios sube la bronca política, más hay que gritar para hacerse oír. Cuanto más se exagera en la elección de los adjetivos, más se aleja el debate público de la realidad. Hace tiempo que la política española ha entrado en el bucle de la hipérbole y esa deriva se está imponiendo a derecha e izquierda. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, que se ha autoerigido en referente de la izquierda en las redes sociales gracias a su facilidad para lanzar metáforas punzantes, ha vuelto a recurrir esta semana a la performance teatral. Igual que un día sacó una impresora, el miércoles sacó un billete de 50 euros para decir que aquella era la bandera de los diputados de Junts. 50 pavos. Les recriminaba que hubieran votado en contra del decreto de prórroga de los alquileres, que decayó un mes después de haberse promulgado porque Junts votó en contra junto al bloque de la derecha. Por supuesto, no era la primera vez que las derechas coincidían. Lo hacen muy a menudo.

El debate sobre esta cuestión es de gran calado. Con su voto en contra, Junts frustraba la esperanza de más de dos millones y medio de inquilinos que, si no viven en una zona declarada tensionada, pueden ver fuertemente incrementado su alquiler de forma abrupta. Siendo el problema de la vivienda el que más preocupa a los españoles, el que no se haya aprobado la prórroga tiene graves consecuencias sociales. ¿Qué necesidad tenía Rufián de recurrir a la política espectáculo y ejercer ese grado de violencia conceptual en defensa de una posición que pueden compartir millones de españoles? ¿Qué ganaba, excepto alimentar su notoriedad? El problema de querer triunfar en las redes sociales es que su voracidad es insaciable, y siempre piden más para alcanzar el mismo umbral de atención.

Rufián se ha convertido en un ariete contra la ultraderecha, y está bien combatir el discurso plagado de falsedades insidias con las que Vox y a veces también el PP distorsionan el debate público. Pero las formas importan, y combatir a la extrema derecha con las formas de la extrema derecha, a lo Vito Quiles, solo conduce a emponzoñar la convivencia y provocar desafección política. Puede que algunos le jaleen, pero muchos otros girarán la cara con disgusto. Como la giran cada vez que Alberto Núñez Feijóo recurre en las sesiones de control al Gobierno a un tremendismo que no se corresponde con la realidad o cuando Miriam Nogueras se pone impertinente, que es casi siempre que habla.

Rufián señaló uno a uno a todos los diputados de Junts que votaron en contra de la prórroga de los alquileres. Les apuntaba personalmente. El problema de este tipo de señalamiento es que introduce en la política un grado de violencia simbólica que comienza con las palabras y puede llegar a los hechos. La diputada Marta Madrenas fue increpada en la calle. Muchos políticos son increpados e insultados en el espacio público. Y Vito Quiles se permite perseguir a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, haciéndose pasar por periodista, cuando está haciendo de acosador. Lo dicho, no se combate a la ultraderecha utilizando las formas de la ultraderecha porque la política se vuelve irrespirable y se alimenta aquello de “todos son iguales”.

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