Gaudí, el arquitecto que diseñó más ventanas del mundo
El Palau Güell reúne en una exposición fotos y objetos de 150 ventanales del arquitecto modernista


Igual que de miradas, de ventanas hay muchas. Se clasifican según su función o ubicación como ventanal, ventanuco, tragaluz, claraboya, mirador, rosetón o vidriera, por citar algunas. De todas ellas, Antoni Gaudí imaginó centenares y materializó muchísimas, incontables, pero más de 270 seguro porque son las que ha estudiado la comisaria de la exposición Gaudí: Ventanas al Futuro, Ayano Kikuchi, que se puede ver en el Palau Güell de Barcelona hasta el 25 de octubre. Se trata de una muestra única que, por primera vez, explora a fondo estos elementos que en manos del arquitecto modernista consiguen un equilibro perfecto entre técnica, función y estética.
Gaudí maravilla por sus edificios vistos como un todo, pero si se analizan sus partes fascina todavía más, y hasta deslumbra si el objeto de análisis son las ventanas. Mostrar esta parte menos evidente de Gaudí es lo que se propone el Palau Güell, que ha reunido en la buhardilla del palacete una exposición en colaboración con YKK AP, una empresa japonesa especializada en productos arquitectónicos, que ha trabajado con estudiantes de arquitectura japoneses y españoles del Takeshi Yamamura Lab de la Universidad Politécnica de Tokio.

Con motivo del Año Gaudí 2026, la actividad principal del Palau Güell —uno de los edificios más bien conservados del arquitecto en la parte antigua de Barcelona— fija la mirada en cómo imaginó todas las aberturas que debían conectar el exterior con el interior de sus construcciones para, sobre todo, dejar pasar la luz durante todo el día, consiguiendo iluminar de la mejor manera los espacios en la jornada.
“La luz es la madre de las artes plásticas, la arquitectura es la medida y ordenación de la luz”, escribió el arquitecto. Fue el faro que guió el diseño de las ventanas, desde su disposición hasta su dimensión, el mecanismo y su forma. Como muestra de ello está el mismo Palau Güell, que tiene nada más y nada menos que casi 80 ventanas en la fachada, ubicadas alrededor y por encima de dos grandes portaladas de acceso principal desde la calle Nou de la Rambla, 3-5.
En la presentación de la muestra, el director del Palau Güell, Guillem Mundet, destacó que “no se había hecho hasta ahora” una investigación como esta de las ventanas de Gaudí, algo que la convierte en única en este año tan importante para celebrar el legado del artista, que murió el 6 de junio de 1026. Las ventanas de este palacete, construido entre 1886 y 1890 por encargo del industrial y mecenas Eusebi Güell, muestran el funcionamiento “sorprendente y excepcional”, además de bello, que les dio Gaudí, según ha valorado Mundet.
La exposición, situada en la parte más alta del palacete, incluye las maquetas de siete de los edificios de Gaudí que son Patrimonio de la Humanidad y explora sus ventanas a partir de dibujos, objetos (como pomos y enrejados), reproducciones y vídeos, además de una pared interactiva en la que los visitantes pueden descubrir las ingeniosas aperturas de algunos diseños, como los de la Casa Vicens, la Casa Batlló, La Pedrera, el colegio Les Teresianes, la cripta de la Colonia Güell o El Capricho. También incluye reproducciones de vidrieras de la Catedral de Mallorca o de la Sagrada Família, elaboradas por Vitralls Bonet, maestros vidrieros desde 1923, que todavía restauran vitrales.
La comisaria Ayano Kikuchi empezó a investigar las aperturas de Gaudí en 2016 con la Universidad Politécnica de Tokio. Fruto del trabajo conjunto, que demuestra el confort, uso y belleza que definen las ventanas de Gaudí, nace la exposición y un libro titulado con el mismo nombre, que recoge años de trabajo en equipo. Sus páginas recogen las fascinantes creaciones de Gaudí, incluyendos una quincena de inmuebles; sus influencias, desde el orientalismo hasta su objetivo de superar el Gótico, según Kikuchi; y su avanzado camino hacia la sostenibilidad, por el aprovechamiento del sol y la lluvia.
Este volúmen, con numerorsas fotografías, da cuenta sobre como el maestro Gaudí concebía las ventanas como mobiliario, con la que tenía forma de guillotina; como calderero, con el marco de hierro forjado; para viviendas urbanas, priorizando la ventilación; para conseguir la luz ideal, con las ventanas en las iglesias; y para dar color a los interiores, con las laboriosas vidrieras hechas artesanalmente. Ningún cabo quedaba suelto en su cabeza, que tampoco obviaba que las ventanas sirven para ver el exterior y, a menudo, encuadran el paisaje.



























































