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Pactos políticos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El mal perder y los tragos amargos

Junts quiso creer que con obtener 11 concejales y quedar el primero bastaría para ser alcalde. Pero ese relato era falso. Necesitaban 21

Enric Company
Investidura de Jaume Collboni, candidato del PSC, como nuevo alcalde de Barcelona.
Investidura de Jaume Collboni, candidato del PSC, como nuevo alcalde de Barcelona.Albert Garcia

La presencia de Oriol Junqueras, Jordi Turull, Laura Borràs y Artur Mas en el Ayuntamiento de Barcelona para asistir a lo que creían que iba a ser la proclamación Xavier Trias como alcalde simbolizaba la toma de posesión por la plana mayor del independentismo del poder en la capital de Cataluña. Los dos palacios de la plaza de Sant Jaume iban a estar en sus manos, controlados, uno por Junts y el otro por ERC. Sorpresivamente, esa toma de posesión no se consumó, por la inesperada aparición de una mayoría de concejales contraria a ellos. Es fácil entender la frustración, el disgusto e incluso la rabia de quienes vieron cómo en el último segundo se les esfumaba un objetivo perseguido durante décadas. Los sucesivos gobiernos municipales de Barcelona han sido la piedra en el zapato de CiU desde 1979, con el breve lapso de cuatro años disfrutado por Trias al que Ada Colau puso fin en 2015. El sábado 17 de junio a las cinco de la tarde iba a cerrarse la nefanda anomalía y la derecha catalana, contando esta vez con el inefable concurso de ERC, iba a asentarse por fin en el segundo foco de poder político de Cataluña.

Para Junts era un objetivo doblemente trascendente, pues se trataba no solo de gobernar la capital catalana sino de disponer también de una importante plataforma desde la que rehacer las maltrechas estructuras de un espacio político, el antaño articulado por el pujolismo, disperso desde la aciaga confesión de Jordi Pujol en 2014 y luego humillado, dividido y derrotado en diferentes lances electorales por ERC y el PSC, e incluso por los Comunes de Colau. Esa reconstrucción era la tarea que Trias iba a emprender desde la alcaldía y tanto él como su partido creían tenerla a su alcance.

La súbita volatilización de este programa podría bastar para entender la lección de mal perder con la que Trias ilustró a los asistentes que llenaban el Saló de Cent barcelonés tras ser inapelablemente derrotado en la votación que hizo alcalde a un aspirante al que siempre consideraron como un perdedor, Jaume Collboni. Pero hay otro gran motivo que contribuyó poderosamente a romper su contención emocional. Y la de su recién ganado socio de ERC, Ernest Maragall. La segunda causa de la desagradable exhibición de mala uva por parte de Trias y de Maragall es que Junts quiso creer desde la noche electoral del 28 de junio que con obtener 11 concejales y quedar el primero bastaría para ser alcalde. Pero ese relato era falso. Necesitaban 21 y no los tenían.

Ada Colau lo había explicado la misma noche electoral: de las urnas ha salido en Barcelona una mayoría progresista, no una mayoría de derechas o una mayoría independentista. Ante la decisión de ERC de apoyar a Trias, sin embargo, la propia Colau tuvo que tragar también un gran sapo y en vez de sumar a los Comunes a la deseada mayoría de progreso con el PSC y ERC tuvo que asumir la indeseada aportación de los cuatro votos de la anticatalanista derecha del PP. Un trago amargo para ella. Pero, como se vio por la desabrida reacción de Trias y Maragall, no tanto como el que bebieron los líderes independentistas que habían soñado en copar todo el poder en la plaza de Sant Jaume.

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