La reforma de la sedición presiona a Esquerra y PSC para pactar los presupuestos catalanes

Illa lamenta que el Govern no haya empezado a negociar las cuentas y PP y Ciudadanos no dudan de que acabaran pactando

El presidente de la Generalitat Pere Aragonès (a la izquierda), y el líder del PSC, Salvador Illa, en el Parlament.
El presidente de la Generalitat Pere Aragonès (a la izquierda), y el líder del PSC, Salvador Illa, en el Parlament.Alejandro Garcia (EFE)

La reforma del delito de sedición ha provocado una onda expansiva que alcanza a varias carpetas con temas pendientes. Por lo pronto, mete presión al gobierno catalán y al PSC para que colaboren a desbrozar el camino hacia la aprobación de los Presupuestos de la Generalitat para 2023. Enquistado el conflicto entre Esquerra y Junts tras su divorcio en el Govern, la gestualidad de los republicanos se aleja de la rotundidad que mostraba su líder Oriol Junqueras para descartar cualquier contacto con los socialistas. El PSC, por su parte, toma conciencia de que los mandos del PSOE han cogido la iniciativa a la hora de realizar una apuesta de calado que propicie un acercamiento con ERC. Salvador Illa, jefe de los socialistas catalanes, insistió este viernes en presentarse como un socio solvente: “Hay predisposición de nuestro grupo parlamentario para alcanzar un acuerdo en materia presupuestaria”.

“El tripartito con el PSOE y comunes ya funciona a pleno rendimiento en Madrid y Barcelona y pronto lo veremos en Cataluña”, vaticinó el martes la portavoz de Junts en el Parlament, Mònica Sales. Junqueras, que hasta hace poco mostraba su inclinación por prorrogar las cuentas antes que pactarlas con el PSC, ha modulado su discurso. “Aprobar los Presupuestos es mejor que no aprobarlos, y más en un periodo de inflación”, ha declarado. En las horas previas a que Pedro Sánchez anunciara la derogación de la sedición, Junqueras lanzó un mensaje al PSC. “Seguro que hay muchas cosas sobre las que nos podemos poner de acuerdo”, dijo, y lo condicionó a que el PSC “dé pasos para reconciliarse con el 80% de la sociedad catalana”. ERC recurre a la fórmula del 80% para identificar la suma de fuerzas del Parlament que están por el derecho a decidir y en contra de las causas judiciales abiertas contra el independentismo. En el Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por En Comú Podem con un pacto con el PSC, Esquerra ha dado muestras de querer facilitar los presupuestos para el año que viene.

Junts y la CUP mantienen que la abolición del tipo penal relativo a la sedición es un caramelo envenenado porque sesga las aspiraciones de alcanzar una amnistía para los encausados. Además, avisan que la inclusión de un nuevo delito de desórdenes públicos es una arma que pende sobre la cabeza de aquellos que se planteen acciones de desafío al orden constitucional. También las entidades soberanistas, ANC y Òmnium, han reaccionado con críticas y recelos. En este contexto, Esquerra ha escatimado las muestras de entusiasmo con el nuevo marco legal, pero en las filas del partido la eliminación de la sedición se entiende como un triunfo.

Pese a la dimensión de la reforma de la sedición, Esquerra y los socialistas catalanes, rivales directos que pugnarán en Cataluña por vencer en las próximas elecciones municipales, no han dado muestra alguna este viernes de un posible acercamiento especialmente con vistas a los presupuestos. Aragonès e Illa han negado que la modificación del Código Penal suponga un cambio de escenario o un punto de inflexión en el Parlament, donde ERC está acusando su extrema debilidad (33 diputados sobre 135). Pese a esa situación, el también líder de la oposición ha asegurado que no hay ninguna negociación presupuestaria en marcha, pese a que ha habido ya dos reuniones entre las dos partes. Y que el culpable de “la mala noticia” que no vaya a haber cuentas aprobadas el 1 de enero es el president.

Visiblemente molesto, Illa ha afirmado que el Ejectivo catalán es un Govern “fallido” y ha recordado que ya se ofreció a negociar los presupuestos el 27 de agosto, antes, por tanto, de la ruptura de la coalición con Junts. Y ha reiterado su impresión de que ERC “no es de fiar” y que la prueba es que ha ido perdiendo aliados por el camino: a la CUP y Junts (sus socios iniciales) y a los comunes, que les acusan de incumplir las cuentas pactadas en 2022. En el caso de los socialistas, Illa afea a Aragonès que no haya cumplido el acuerdo firmado en enero de 2020 cuando ERC y el Gobierno firmaron impulsar la mesa de diálogo, convocar la comisión bilateral e impulsar en Cataluña el diálogo entre los partidos catalanes, cosa, insiste Illa, que el president no ha hecho.

“Huir del resentimiento”

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Tras sostener que la derogación del delito de sedición es una medida que va por buen camino —”la gente quiere mirar hacia adelante y huir del resentimiento”— Illa ha afirmado que no se prestará a jugar a un cambio de “cambio de cromos” ni a “mezclar carpetas”. “Unos hacen política de techo bajo mientras otro [en alusión a Pedro Sánchez] la hacen de techo bastante alto, de catedral”, ha afirmado. Pese a su contundente discurso —”no haremos nada clandestino y seremos exigentes en la negociación”— la bancada de la derecha no ha mostrado la menor duda de que socialistas y republicanos acabarán cerrando un acuerdo. “Harán el teatrillo de siempre, pero acabarán pactando”, sostiene Alejandro Fernández, presidente del PP catalán. Carlos Carrizosa, líder de Ciudadanos, ha asegurado que no tiene la menor duda de que habrá “un cambio de cromos”. “Es algo previsible y urdido en los despachos de la mesa de diálogo”.

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